Uno de los géneros que menos ha cultivado el cómic español es el género autobiográfico. Salvo algunas excepciones, como la obra Paracuellos, de Carlos...

Uno de los géneros que menos ha cultivado el cómic español es el género autobiográfico. Salvo algunas excepciones, como la obra Paracuellos, de Carlos Giménez, el comic autobiográfico en España no ha despuntado hasta hace sólo algunos años.

¿A qué puede ser debido esto?


Para que un tebeo merezca la pena tiene que cumplir dos requisitos: el primero, que tenga algo interesante que contar; el segundo, que esté bien contado. Es posible que la ausencia de autobiografías en viñetas en nuestro país sea debido más al primer motivo que al segundo. Porque sólo existen dos tipos de vidas, las ordinarias y las extraordinarias. ¿Y qué resulta más interesante, una historia ordinaria o una historia extraordinaria?

Un tebeo que me cuente la historia de un dibujante que de niño veraneaba en el pueblo con sus padres, que se masturbó por primera vez a los doce años, que tuvo su primera relación sexual a los dieciocho y que tuvo mil trabajos basura hasta publicar su primer tebeo (posiblemente el mismo que tenemos entre las manos) no me aporta absolutamente nada. Porque, a diferencia de lo de ser dibujante de cómics, es una vida prácticamente igual a la mía (vale, ajustemos un poco lo de las edades).

En cambio, la vida de un dibujante de cómics que creció en un orfanato de la posguerra, o de uno que vivió de lleno el despertar sexual de los años setenta, con orgías, intercambio de parejas, capeando demandas de políticos y editando una de las revistas eróticas más vendidas de su época… me resulta algo completamente diferente, y sí es capaz de llamar mi atención.

Lo que me pregunto es, ¿tiene algún sentido que un dibujante quiera contarme su infancia, cuando ésta es tremendamente parecida a la de la gran mayoría de los jóvenes de su generación? ¿Qué tiene de especial? ¿Qué la hace digna de ser contada? No me malinterpretéis. Cada uno está en su derecho de escribir, dibujar y publicar lo que le venga en gana, y nada más lejos de mi intención que el impedir la publicación de cualquier tipo de tebeo. Pero se agradería algo de esfuerzo por parte del autor a la hora de contarnos una historia. Siendo malpensado, uno aventuraría que un dibujante publica uno de estos tebeos autobiográficos “estándar” porque no es capaz de idear ninguna historia ficticia, y recurre a los recuerdos de su propia vida.

Visitando un poco las américas, vemos cómo dos tebeos de temática semejante (el despertar sexual y romántico en la adolescencia) son expresados de dos formas completamente diferentes. Éstos son Blankets y Nunca me has gustado. Mientras que el primero está dibujado con una gran sensibilidad, y se puede apreciar cómo el autor se ha recreado en el recuerdo de sus sentimientos para dibujar cada página, el segundo parece ser el resultado de una purga sentimental, un exorcismo del corazón, una especie de “sácalo fuera”, que se aprecia en el trazo, entre naïf y conscientemente repulsivo (o revulsivo).

Y ahora os pregunto. ¿Os gusta el tebeo autobiográfico español? ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Preferís el extranjero o es que no os gusta el género, directamente?

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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