Los hermanos Marilla y Matthew Cuthbert planean adoptar a un joven huérfano para que les eche una mano con las tareas de la granja... Clásicos Manga: Ana la de Tejas Verdes

Los hermanos Marilla y Matthew Cuthbert planean adoptar a un joven huérfano para que les eche una mano con las tareas de la granja en Tejas Verdes. Sin embargo, debido a un inesperado error en lugar del joven acordado llega Ana Shirley, una chica pelirroja con una imaginación desbordante que acabará conquistando a los Cuthbert y al resto de ciudadanos de la Isla del Príncipe Eduardo.

Creo que lo he dicho alguna vez aquí, y si no fue en el podcast, que Ana de las Tejas Verdes es una de las obras que más me ha marcado ya en mi edad adulta; una obra que, independiente de la edad con la que se lea, no deja de maravillar al lector. La descubrí de niño, en esa adaptación animada del Studio Ghibli que dieron por televisión. Posteriormente, y con esto quiero decir muchos años después, descubrí las novelas y quedé prendado de esa niña pecosa de pelo rojo e imaginación y verborrea desbordantes. Es imposible no quererla. Y eso ha demostrado esta novela que, más de un siglo después de su publicación, ha fascinado a occidentales y orientales por igual (es una de las lecturas obligatorias en los colegios japoneses, e incluso hubo un exitoso parque temático en Japón dedicado al personaje). Por supuesto, su adaptación al manga no se hizo esperar, comenzando por la que hizo Yumiko Igarashi (de fama mundial gracias a Candy Candy), publicada aquí por Panini Manga, y siendo la más reciente esta versión de la editorial norteamericana Manga Classics, que ya ha adaptado otras obras como Macbeth o Las aventuras de Tom Sawyer. No dejemos de lado la también reciente adaptación al cómic de Mariah Marsden y Brenna Thummler, ya reseñada aquí. Hablemos ahora, pues, de esta Ana la de Tejas Verdes.

Ana la de Tejas Verdes

Habrá notado el agudo lector que unas veces he escrito Ana de las Tejas Verdes, y otras Ana la de Tejas Verdes. No, no es ninguna errata. En realidad, la traducción más correcta sería la segunda, que es la que ha empleado NORMA Editorial para publicar este manga en nuestro país, pese a que durante años se ha usado ampliamente la primera. Este es debido a que el título original es Anne of Green Gables, siendo esta Tejas Verdes la granja donde la protagonista se cría. La historia, si habéis leído la sinopsis o conocéis la novela (o incluso si habéis visto alguna de los largometrajes o series de televisión), es la de una niña huérfana que llega al pueblo (ficticio) de Avonlea, en la Isla del Príncipe Eduardo, al norte de Canadá, y casi inmediatamente se gana el corazón de todos sus habitantes. La efervescente personalidad de Ana, unida a su incurable romanticismo y su persistente optimismo, hacen que siempre vea el lado bueno de sus vecinos, y como buena chiquilla atolondrada e inconsciente que es, se meterá en más de un lío. Dicho así, este argumento nos puede sonar a ya visto. No obstante, recordemos que la novela original se publicó por primera vez en 1908, una época en la que las mujeres estaban relegadas a poco más que a ocuparse de la casa y organizar eventos en la iglesia. No fue hasta 1927, sin ir más lejos, que las mujeres consiguieron ser declaradas legalmente personas en Canadá. De esta manera, el inmortal personaje de Lucy Maud Montgomery fue una adelantada a su tiempo, aunque ni en la novela ni en esta adaptación se hace especial hincapié en temas de empoderamiento o feminismo activo.

La adaptación al manga es una gozada, aunque claro, yo soy de todo menos imparcial. A mí ya se me gana sólo con la portada, pero intentaré ser objetivo. Sería insensato definir este manga como un shojo, puesto que la novela no está dirigida especialmente a las niñas, sino a todo tipo de lectores, y categorizar esta adaptación como shojo sería limitar su alcance. Los autores, artesanos de encargo, cumplen su misión con más oficio que arte. La guionista Crystal S. Chan (podría tratarse perfectamente de un seudónimo) coge la novela original y respeta su estructura por capítulos, pero dando más importancia a unos que otros, en función del ritmo narrativo del manga. Por su parte, el dibujo de Kuma Chan, aunque cumplidor, no destaca por ningún rasgo especial. Bien podría ser el seudónimo de un equipo de dibujantes que lo adoptan para distintas obras, puesto que no hay nada que llame especialmente la atención en su trazo. Aunque competente, carece de personalidad, y abusa de ciertos recursos como dibujar en ocasiones los ojos de los personajes completamente negros, sin saber muy bien qué pretende con ese efecto.

Ana la de Tejas Verdes

No obstante, hemos de decir que para los amantes de la vida y obras de Ana Shirley, esta adaptación al manga de Ana la de Tejas Verdes ha sido un feliz hallazgo. Respetando fielmente la trama y los personajes originales (no como la adaptación de Netflix, que la han hecho con ración extra de woke), es igual de divertida que la novela, y aporta un curioso y refrescante enfoque a una obraque, más de cien años después, mantiene su vigencia y su actualidad. Además, cuenta con el beneplácito de los herederos de Lucy Maud Montgomery y eso, con los celosos que son los norteamericanos con el tema de sus copyrights, es toda una garantía.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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