Tim Burton fue en tiempos uno de mis directores de cabecera. Lo conocí con Bitelchús cuando tenía 15 años, y me fascinó la -para... Cine: El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, de Tim Burton

Tim Burton fue en tiempos uno de mis directores de cabecera. Lo conocí con Bitelchús cuando tenía 15 años, y me fascinó la -para entonces- rareza de la propuesta. Su primer Batman, aunque vista con perspectiva hoy en día me parezca totalmente fallida, me convirtió en el consumidor compulsivo de comics que soy hoy en día. Eduardo Manostijeras es, para mí, la mejor película romanticona que he visto jamás, y una de las pocas veces en las que la Winona Ryder jovencita me resultó mínimamente soportable. Ed Wood es una declaración de amor al cine como pocas he visto. Mars Attacks! quizás no pase de ser una macarrada simpática, pero es un hito en mi vida… en su estreno hace casi veinte años conocí a mi mujer. Sleepy Hollow fue un regalo para el gotiquito intensito que yo era a finales de los 90, y Big Fish es, probablemente, mi película preferida de todos los tiempos. Demonios, si hasta soy uno de los pocos defensores que existen de su incursión en El Planeta de los Simios… y, pese a quien pese, La Novia Cadáver es, a día de hoy, la mejor película de animación que he visto.

Pero pasa el tiempo y la originalidad se seca. Sweeney Todd fue el primer gran pinchazo creativo (para mí, siempre para mí) que tuvo. Por algún motivo, no conseguí conectar con esa película en ningún momento, al margen de tener unas canciones absolutamente plomizas. Alicia en el País de las Maravillas era, visualmente, lo que esperábamos del director… pero la historia era muy ramplona, no estaba bien llevada y se detectaban injerencias del estudio (no olvidemos que es una película de Disney) que la convirtieron en, oficialmente, la primera película mala que había firmado. Siguió la cosa cuesta abajo y sin frenos con una soporífera Sombras Tenebrosas y Frankenweenie, un remake de un corto que había hecho al principio de su carrera. Muchos años seguidos sin tener nada que decir me hicieron pensar que lo que había en tiempos en Tim Burton ya no existía. Y cuando estrenó Big Eyes no consiguió atraerme ni por temática ni por estética, y tuvo el dudoso honor de ser la primera película del director que ni siquiera empezaba a ver en su día. Decidí darle una oportunidad tras Miss Peregrine… y ojalá no hubiera perdido el tiempo.

Pero sale el trailer de la nueva película. Y me recuerda estéticamente a los viejos (buenos) tiempos del director. Y me da la sensación de que puede ser algo así como unos Nuevos Mutantes versión Tim Burton. Y sale la siempre espectacular Eva Green. Ah, what the hell. Vamos a verla.

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Y la verdad es que he salido del cine totalmente descolocado. No sé qué es lo que me esperaba, pero lo que sí sé es que lo que he visto no. No estoy diciendo que sea una mala película, que no lo es, pero al comprar la entrada no era consciente de que iba a ver una película infantil.

Y empieza la película y me toca la fibra sensible. Jake es un chaval normal, de vida corriente y familia vulgar, salvo por su abuelo. El abuelo parece ser el bicho raro que le contaba historias fantasiosas que nadie se creía, y… Espera, ¿me estás volviendo a contar Big Fish? Por un lado, el planteamiento me gusta. Como ya  he dicho, por algún extraño motivo, Big Fish me toca la fibra. Pero por otro, el reciclaje tan descarado de una historia aún muy reciente me rechina.

El caso es que Jake (Asa Butterfield, El Juego de Ender) necesita cruzar el Atlántico en busca de sus raíces, e ir a una pequeña isla de Gales en busca de ese mundo fantástico que vivió de joven su abuelo (Terence Stamp, Superman II, por citar sólo una) junto al rey de lo anodino, su padre (Chris O’Dowd, Los Informáticos). Y allí encontrará a Miss Peregrine (Eva Green, Penny Dreadful), la Charles Xavier de un refugio de niños con extraños poderes que harían inviable su integración en la sociedad muggle, que necesita urgente ayuda del joven héroe para hacer frente a unos terrores infantiles comandados por Barron (Samuel L. Jackson, visto en… todas partes, este hombre sale en prácticamente cualquier película).

A ver, originalidad en El Hogar de Miss Peregrine tenemos la justita. Es un batiburrillo de historias contadas y vistas un millón de veces. Sí, los X-Men y Big Fish son las dos principales, pero también podemos ver por aquí a Peter Pan, a Harry Potter, a Mary Poppins… y hasta una escena Harryhausen hacia el final de la película. Pero ése no es el problema. A fin de cuentas, como ya hemos dicho, es una película dirigida hacia el público infantil, que tampoco tiene una cultura cinematográfica suficientemente amplia como para cazar todos los reciclajes/homenajes/referencias que tiene la cinta. El problema es que el desarrollo de la trama es… no sé. Torpe. Cierto es que la creatividad de Tim Burton lleva una década en barbecho, y aquí, hasta cierto punto, se redime en ese aspecto. Ese mundo de fantasía tan característico suyo está presente, pero no consigue atraparte como hacía en tiempos. Y no es por la ausencia de Danny Elfman, aunque también se nota. Qué parte de culpa es del director y cuál es de posibles injerencias de la Fox, seguirá siendo un misterio. Aún así, es la mejor película que ha hecho en los últimos diez años.

La película tiene un final suficientemente abierto como para permitir una posible secuela, condicionada, supongo, al resultado en taquilla. Y parece que los números van saliendo, con un presupuesto de 110 millones de dólares, en diez días había recaudado 145 a nivel mundial. Así que no descarto una segunda película de Miss Peregrine. Si será con Tim Burton al frente o con un segundón, como ocurrió con Alicia, lo dirá el tiempo.

Lo mejor: Eva Green. Asa Butterfield. La espectacular batalla final. ¿He dicho ya Eva Green?

Lo peor: Lo predecible que es por momentos. La historia avanzando a trompicones. La inexistente y forzada química entre Jake y Emma. Que haya dos personajes que podían haber solucionado todo en el primer minuto del enfrentamiento y guarden el secreto hasta el final.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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