Historias sobre relaciones homosexuales hay muchas, pero ambientadas en unos Estados Unidos en su adolescencia como nación, en pleno siglo XIX… de esas, ya hay menos. Y si hacemos una última pirueta y seleccionamos las que han sucedido en la realidad, me atrevería a decir que no superan los dedos de una mano. Charity y Sylvia cuenta la historia de una relación entre dos mujeres en una pequeña población estadounidense en la que, no solo luchaban contra las convenciones sociales, sino contra una férrea educación cristiana y un sentimiento omnipresente de estar haciendo algo malo. Para contar una historia como esta, tenemos la suerte de contar con una autora como Tillie Walden. Su sensibilidad y la capacidad de seleccionar las escenas, los momentos, y la manera de contar su historia engrandecen una historia que realmente no tiene nada de especial, no es más que la historia de dos mujeres que convivieron juntas y sacaron sus vidas adelante. Lo que se podía haber contado como una lucha continua contra la sociedad, un calvario de penurias y enfrentamientos por lo anómalo de aquella convivencia… se deja a un lado para mostrar la honestidad de aquella relación, sus sentimientos. La edición de La Cúpula, como en los anteriores trabajos de la autora, cuenta con una encuadernación rústica con solapas, y un papel offset de gran calidad.

Aunque ya he apuntado un poco la sinopsis, la obra gira en torno a la relación de Charity Bryant y Sylvia Drake, dos mujeres que provienen de familias muy extensas que acaban colaborando como costureras y entablando una relación sentimental discreta, que levanta suspicacias pero sobrevive gracias a la naturalidad y a su papel en esa pequeña sociedad. Sylvia es muy católica y discreta, mientras que Charity tiene más carácter y se muestra segura ante su orientación. Ambas son buenas cristianas, mejores personas y no actúan como si estuviesen haciendo nada malo, lo cual impide que la extrañeza del resto de vecinos ascienda hasta un conflicto real, lo mismo que con sus propias familias, que prefieren actuar como si no se diesen cuenta, fingiendo que solo son dos compañeras de trabajo solteronas. Convivieron más de 40 años juntas, toda una vida, y solo la muerte consiguió separarlas.
Walden se topó casi de casualidad con la historia de Charity y Sylvia, y comenzó a investigar sobre ellas. La obra está muy bien documentada, gracias a la conservación de muchos de los diarios y pertenencias reales de las dos mujeres que se han conservado y ahora forman parte del museo Henry Sheldon en Middelbury (Vermont). La propia Walden cuenta someramente su labor de documentación en el epílogo del libro, y ha abierto una página web donde enlaza todas las referencias y de dónde ha sacado cada parte del libro, dejando ver que esta obra deja muy poco espacio para la ficción, recurriendo a ella simplemente para rellenar huecos u ofrecer suposiciones de dónde salían determinadas cartas o extractos de los diarios.

La autora divide la obra en cinco capítulos, que están compuestos por pequeñas escenas de una a tres páginas, cada una con su propio título. De ese modo, evita una narración lineal como tal, mostrando al lector pequeñas escenas que van completando una historia. Es un cierto homenaje a su propia investigación, formada por los fragmentos de la historia que se iban revelando en cada carta, noticias de periódicos o el propio diario de las protagonistas. Pero esos pequeños fragmentos, en realidad, al estar ordenados, sí están contando una historia de modo lineal, con la ventaja además de permitir mostrar pensamientos y sensaciones de las dos mujeres. En mi opinión, ese es el mayor acierto que tiene esta obra porque, en lugar de optar por mostrar las adversidades de una relación como esa en una sociedad en la que la gente podía morir por su orientación sexual, muestra la naturalidad, la sinceridad de su relación, y momentos de verdadera intimidad, que no pueden sino enternecer el corazón del lector. La sensibilidad con la que se muestra el primer beso, o los últimos momentos de vida juntas son deliciosos y están narrados con un pulso único que, incluso a los que ya hemos leído mucho a la autora, nos sigue sorprendiendo y enterneciendo.
Me ha resultado muy interesante el planteamiento narrativo de esta obra. Tiene una rejilla dominante de 4×3 viñetas, lo cual me extrañó en un principio, porque pensaba que podía producir un efecto de sobrecarga o aumento de la densidad narrativa que entorpeciera la lectura. Por el contrario, sirve para evocar esa férrea sociedad, encorsetada y dura, y es utilizada con inteligencia, sin abusar del diálogo y usando muchas viñetas para dejar entrever miradas o reacciones. No es una lectura para nada densa en ese sentido, contra lo que puede sugerir un primer vistazo. Walden utiliza un recurso de pequeño mapa del pueblo con un esquema de las familias y las principales localizaciones, con ilustraciones sencillas, que posteriormente repetirá y utilizará en otras escenas, como el capítulo donde cuenta las infancias de ambas mujeres. El uso del diseño de tipografías tiene mucha base de lettering, y exige un reconocimiento a Iris Bernárdez por trasladar todos esos diseños a la versión en castellano.

En definitiva, Charity y Sylvia es una historia de amor vivida en condiciones muy adversas pero que se impuso gracias a la naturalidad y a la premisa de «vive y deja vivir». Obra narrada con maestría, muestra con claridad la sociedad de esa pequeña población en una época en la que no se concebía una relación como aquella, y describe una relación preciosa entre dos mujeres que se amaron durante más de 40 años. Con una base documental mastodóntica, la obra pretende ser lo más fiel posible a la realidad y demuestra una vez más que Tillie Walden es una de las mejores autoras de cómic de su generación. Tengo la sensación de que, leyendo esta obra, resulta imposible no sentir verdadera ternura por esta relación, sea cual sea tu mentalidad.
Lo mejor: La sensibilidad con la que se muestra la relación. La maestría narrativa de Walden.
Lo peor: Puede parecer más densa de lo que es.


