Es probable que el nombre de Genís Rigol no os resulte desconocido del todo, a pesar de que Brunilda en la Plata sea su primera novela gráfica. El autor, que se encuentra actualmente en la residencia de La Maison des Auteurs en Angoulême, se ha movido hasta ahora en el mundo de la animación, con cortometrajes como KnockStrike que participó en más de 30 festivales y Él corrió junto a su camarada, que llegó a aspirar al premio Goya a mejor cortometraje de animación de 2022. Apa Apa Cómics publica ahora una novela gráfica que sigue los códigos de los anteriores trabajos del autor, moviéndose entre un estilo clásico y unas historias oníricas que se cimentan sobre un potente trabajo visual.

La obra comienza entre bambalinas de un teatro. La joven Brunilda programa una cita con Norman, uno de los actores, para asombro de todos sus compañeros que no dan crédito a que alguien como él haya podido conseguir una cita con ella. Pero para llegar a la cita tendría que salir del teatro, y que la obra que se está representando acabe. Eso no será posible a menos que Don Dramas, el dramaturgo autor de la obra que se está representando, escriba el final perfecto. Norman, consciente de la dificultad para llegar a su cita, hará todo lo que está en su mano para que la obra llegue a su fin y pueda salir del teatro.
Cuenta Genís Rigol en la sección de agradecimientos final que la obra está inspirada en un sueño que él mismo tuvo. Es algo que tiene sentido, sobre todo viendo el tono onírico de la obra, con escenas realistas pero con esa sensación de estar en un bucle infinito del que no va a ser fácil salir. El escritor de la obra se retuerce el cerebro para conseguir escribir ese final, pero entre que se duerme y que se deja arrastrar por los recuerdos de su juventud, no va a ser algo sencillo, y va a necesitar de un pequeño empujón para sacarlo de ese bucle.

Para aquellos que hayáis visto sus cortos de animación no os resultará tan ajeno, pero a mí su estilo me parece ideal para este tipo de historias, gracias a lo mucho que me recuerda a un cómic de corte clásico, como los de George McManus o E.C. Segar. Ese estilo contribuye a generar una sensación de estar dentro de un sueño, sin necesidad de alterar el trazo de dibujo ni perder la simetría. Todo lo contrario: el dibujo de Rigol es muy ordenado y proporcionado, incluso en las escenas con una perspectiva global que muestran una arquitectura infinita e imposible o unas máquinas con mecanismos complejos… pero coherentes.
Nunca llegaremos a ver a Brunilda, pero todos los personajes la ven muy por encima de las posibilidades de Norman. Don Dramas repite constantemente lo maja que es la chica y juega con frases recurrentes y escenas que dejan un poso de cotidianidad en todo lo que sucede. Precisamente gracias a ese tipo de recursos nos absorbe a la sensación de pesadilla (más que sueño) de la que no puedes salir para poder acudir a la cita con la chica, pero en ningún momento ves a Norman sufrir o angustiarse, sino que mantiene un tono de calma que genera una sensación interesante y curiosa para el lector.

En definitiva, Brunilda en la Plata es un trabajo interesante, con un tono onírico pero que sirve para el despliegue visual que propone su autor. Gracias a esa sensación continua de ensueño es de ese tipo de obras que invita a la relectura, para captar nuevos detalles y para dejarte arrastrar por un dibujo y una narrativa que mantienen un ritmo pausado incluso en las escenas en las que el lector anhela más apremio, cuando espera que todo se resuelva por fin y el protagonista pueda conseguir llegar a su cita con la Brunilda que da título a la obra. Obra visualmente espectacular para paladares selectos que aspiren a un tipo de cómic fuera de lo convencional.
Lo mejor: El equilibrio del estilo narrativo ante una obra con una historia donde es tan fácil perder el control.
Lo peor: Es un tipo de cómic que tienes que saber qué vas a encontrarte, no es para todo tipo de lectores.


