Entre los descubrimientos comiqueros que más buenos ratos me han dado en los últimos años, sin duda alguna estaría el sello francés Label 619. Obras como Doggy Bags, Low Reader, Frontier, Loba Loca o Blood Moon, el tebeo que nos ocupa, son ejemplos del buen hacer de este grupo de autores (principalmente galos) cuya máxima a nivel editorial es hacer cómics con los que entretener al personal.

Una de las principales señas de identidad de Label 619 es la clara influencia que la industria norteamericana tiene en sus historias. Pero no me refiero a la influencia del noveno arte, no. En este caso todas las miradas se centran en el cine. En concreto, al fenómeno Grindhouse que tan famoso fue en los años 70 y 80. Monstruos, terror, acción, gore o sexo por doquier. Sin mayor limitación que el escaso presupuesto que a menudo solían tener este tipo de pelis. Ese espíritu gamberro, desenfadado y cafre traspasó fronteras y debió de gustar mucho a Run, Guillaume Singelin o Bones (Frédéric Bonnealis), que han reflejado algunos de esos excesos en sus obras.
No obstante, mejor nos centramos en Blood Moon. La premisa es sencilla: en la colonia lunar M-Mining 03 las condiciones de vida para sus trabajadores son terribles. El aire es pobre, la comida es peor, pero la paga es buena. La existencia de estos obreros transcurre entre sus interminables jornadas de trabajo y gastarse parte de los salarios en putas y whisky. Un buen día, comienzan a aparecer cadáveres horriblemente mutilados con las iniciales BM grabadas. Momento en el que entra en escena Benjamin Petit, responsable de seguridad, que acaba metido en una trama mucho más truculenta de lo que parece.

Si estáis pensando en la película Atmósfera Cero de Peter Hyams no vais desencaminados. De hecho, Blood Moon esconde un claro homenaje/tributo a la cinta protagonizada por Sean Connery nada disimulada. Lo cierto es que Bones consigue que nos metamos en la trama desde el principio. La historia de este álbum está conducida con pulso maestro, resultando interesante en todo momento gracias a un uso del suspense que va in crescendo.
Ahora bien, tengo la sensación de que el guion no está del todo bien pulido, porque mientras que el tono, a medio camino entre el noir policiaco y el hard boiled, está logrado, creo que la historia va haciendo aguas a medida que el autor se vuelve más ambicioso. Me explico. Blood Moon se desarrolla a lo largo de poco más de cien páginas. Si Bones se hubiera limitado a la trama criminal creo que el resultado habría sido bastante más sólido. Sin embargo, llegados a un punto, no daremos crédito debido a una surreal cadena de acontecimientos que, como poco, nos dejará con el morro torcido debido a lo esperpéntico y poco coherente. Tampoco ayuda que se distraiga metiendo drama innecesario. Tendría que haber ido al turrón.

De todas formas, Blood Moon también tiene algunas cosas positivas a nivel literario, como esa crítica (muy en la línea de los cómics de 2000 AD) al capitalismo más salvaje que impera en la sociedad actual y que puede acabar degenerando en el futuro distópico que plantea este cómic con una clase alta todavía más privilegiada y enriquecida y una clase trabajadora empobrecida al máximo, cuyos miembros acabarán siendo una suerte de esclavos asalariados del sistema. Sinceramente, no sé por qué califico esto de distopía cuando es lo que está pasando ya. Pero bueno, este no es lugar para esas reflexiones.
Siguiendo con las cosas buenas, a nivel artístico Blood Moon roza la excelencia. Quitando alguna escena confusa (si no hay una buena base de guion difícilmente el resultado gráfico puede ser óptimo), cada página de Bones rezuma una influencia de Mike Mignola nada disimulada que da gusto verla. Tanto el estilo, como el color, recuerdan poderosamente a Hellboy. Esto resulta ser un elemento clave, puesto que el diseño de personajes, tecnología y demás son fundamentales para crear la atmósfera opresiva y turbia en la que se desarrolla la historia.

En definitiva, con tantas luces como sombras, Blood Moon es un tebeo la mar de entretenido que flojea en su conclusión. Ya depende de cada cual juzgar si el viaje ha merecido o no la pena.
La edición de Nuevo Nueve viene presentada en un formato en formato rústica con solapas y papel offset. El PVP es de 25 €, lo que sin duda es un handicap para alcanzar un público potencial mayor.


