Como buen amigo de los tópicos y las muletillas que soy, estoy encantado de repetir un mes lo mucho que estoy disfrutando la Biblioteca Vértigo dedicada a recuperar de manera íntegra (o al menos eso espero) la veterana serie Hellblazer. En total son trescientos números más especiales, anuales, historias cortas o crossovers. Queda muchísimo camino por delante, pero tampoco tengo prisa.
El presente volumen recopila los números dieciséis a veintiuno de la mencionada cabecera del sello adulto de DC Comics, además de un número de The Sandman, de Neil Gaiman (que por cierto es reproducido con su color original por primera vez en décadas). En su interior se desarrolla la mayor parte de la macrohistoria “La máquina del miedo”. En el anterior tomo pudimos ver los dos primeros episodios, mientras que el capítulo final verá la luz en la próxima entrega.

En estas páginas también se da la curiosa situación de que llegamos al ecuador de la fundacional etapa de Jamie Delano. Por lo tanto, ya queda bastante claro cómo es John Constantine. Un antihéroe (aunque esta etiqueta le viene grande muchas veces) que por lo general acaba metido en líos sin querer. Deslenguado, amoral o egoísta, entre otras muchas cosas. Nuestro querido protagonista ha ido exhibiendo un continúo desgaste a medida que ha avanzado la serie, llegando a un punto en el que está de vuelta de todo a la par que coquetea de manera nada disimulada con una profunda depresión.
Teniendo en cuenta la fecha en la que se publicaron originalmente estos tebeos, cabe preguntarse cuánto hay del propio guionista en el propio John, que en estas páginas mostrará un look muy a lo Billy Idol (o a lo Spike, si le preguntan al mítico vampiro sobre la autoría del estilo). El contexto sociopolítico que atravesaba el Reino Unido a finales de los ochenta era realmente desolador, con Margaret Thatcher más ebria de poder y control que nunca. La extrema derecha danzaba con total impunidad con una clase alta cada vez más rica y una clase obrera que se hundía cada vez más en la miseria.

Es cierto que la sátira social que exhibía la serie en su comienzos ha ido perdiendo sutileza a medida que avanzaban los meses. Hasta el punto de que Delano ya no se corta y promulga sus ideas a golpe de cañonazo. Espero que, por lo menos, escribir la serie fuera algo terapéutico para él, un canal por el que reconducir su más que comprensible rabia y tristeza por la realidad que le había tocado vivir. Lo positivo es que dicho inconformismo fue el catalizador para esta maravillosa etapa.
Tristemente, lo que cuenta “La máquina del miedo” es algo que se puede extrapolar al mundo moderno, donde las tendencias políticas radicales marchan a sus anchas en muchas naciones del globo. Para este arco, Delano convierte la serie de Hellblazer en un thriller conspiranoico de alto octanaje. Lo que comenzó como una aventura con algunos miembros de una comuna Hippie ha terminando siendo una historia muchísimo mayor, de tremendo calado social, que combina ciencia ficción y terror sobrenatural de manera muy acertada.
El ingenio al que hace referencia el título se aprovecha de los miedos de la gente. De esos terrores intrínsecos que muchas veces desconocemos que tenemos hasta que afloran. Pues bien, la máquina convierte esos sentimientos en ira, miedo, rabia y frustración. Un crisol de emociones que acaban llevando al portador hasta la más absoluta de las sumisiones. Precisamente, lo que un gobierno desea, que todos los habitantes de su nación manifiesten una borreguil obediencia.
La compleja trama de “La máquina del miedo” se muestra exigente, debido a los múltiples frentes y actores de la función. A destacar el elenco de outsiders de los que se rodeará Constantine. Desde un policía fracasado (que protagoniza un par de escenas realmente duras), pasando por un espía rojo, una ex novia resentida (con razón) o un periodista de armas tomar. Unos compañeros sin desperdicio, vaya.
Lo mejor de todo es que Delano hace que este ataque al conservadurismo de la Thatcher sea tan exigente como interesante y adictivo. Consigue que una vez comienzas a leer no puedas separar la vista del tebeo. Ahora bien, menudo cliffhanger deja la última página, madre mía.
La parte artística es llevada con solvencia por autores como Richard Pier Ryanair (que finaliza aquí su aventura en el título), Mark Buckingham o Alfredo Alcalá. Dibujantes de estilos dispares pero que logran cierta coherencia gráfica.

Mención aparte se merece el número de The Sandman de Neil Gaiman y Sam Kieth. Una aventura corta, excelentemente bien dialogada, que sirve para destensar un poco el ritmo de “La máquina del miedo”.
Lo dicho, la Biblioteca Vértigo de Hellblazer sigue siendo la lectura más estimulante que hago cada mes. Deseando estoy ponerme con el siguiente.


