Creo que rara va a ser la reseña de la Biblioteca Hellblazer que no empiece diciendo lo mucho que estoy disfrutando de esta serie por primera vez. Karen Berger editando y Jamie Delano escribiendo consiguieron darle un tono único a la colección más longeva de toda la línea Vértigo. Aunque es cierto que los episodios incluidos aquí son anteriores al debut del sello para adultos de DC Comics. De hecho, hay referencias veladas a que las peripecias de John transcurren en el mismo universo que habitan Superman o Batman.
Detalles anecdóticos aparte, con este tercer volumen llegamos al número trece americano y al primer annual de Hellblazer. Pues bien, con esta entrega seremos testigos del viraje definitivo del guionista al género de terror sobrenatural, dejando un poco de lado la crítica y sátira social de la sociedad inglesa gobernada por la Dama de Hierro. Eso sí, todavía habrá lugar para algunas de las inquietudes que imperaban en el mundo de finales de los ochenta, como el pánico a una guerra nuclear resultante de la Guerra Fría, que alcanzaba ya sus últimas etapas.

En un capítulo un tanto turbio (como todos), Delano y el nuevo dibujante, Richard Piers Rayner (artista entre otras cosas de Camino a la perdición), ofrecen un relato incómodo plagado de imágenes dantescas que tiene lugar en una playa llena de gaviotas muertas. Un escenario propio de un personaje como John, al que parece perseguir la desgracia, la putrefacción y la mala suerte para todos aquellos que tienen la desgracia de cruzarse en su camino.
Relacionarse con John sale caro
La portada del tomo, firmada por el siempre impresionante Dave McKean, contiene una palabra que todos asociamos de manera inherente al protagonista de Hellblazer: Newcastle. “¿Qué pasó en Newcastle, John?” es una pregunta que ha salido varias veces en números anteriores. Un misterio que se nos revela como una tragedia con nombre y apellidos, que le costó la vida a muchos colegas de JC.

Ocupando el grueso del tomo, Delano y Rayner consiguen que se nos encoja el corazón con un arco argumental doloroso hasta la médula, macabro y que sirve para radiografiar el dolor humano, el peso de la culpa y los remordimientos. Lo que aconteció en esa localidad inglesa fue el fuego que terminó de forjar el carácter de John. Una losa tan pesada atada a su alma que le lastró para siempre. Fue también el clavo que terminó de cerrar el ataúd de su moralidad y el catalizador de su cinismo. En definitiva, es esa herida que cada cierto tiempo vuelve a supurar solo para recordarnos nuestros errores de forma tortuosa.
Con esta historia se asientan las bases de lo que será, o eso creo, el resto de la etapa de Jamie Delano. Una constante lucha entre el “bien” y el mal más absoluto. Nótense las comillas, puesto que no me atrevería nunca a calificar a John como un ser de luz. De hecho, pocos personajes se me ocurren en este momento que se muevan tanto en una escala de grises como él. Sinceramente, tampoco me gustaría que fuera de otra manera.
En la línea del arco de Newcastle tenemos también la resolución de la trama de Zed, el fumeta que acabó anclado en un mundo virtual por, de nuevo, echar un cable a su colega rubio y desaliñado. Un número que nos deparará alguna que otra sorpresa y que es magníficamente ilustrado por el mencionado Richard Pier Rayner. El dibujante hace un trabajo soberbio, en especial con su composiciones de página originales y rompedoras, pese a que alguna le queda un poco confusa.

El tercer tomo de la Biblioteca Hellblazer se completa con la inclusión del primer annual. Si os soy sincero, me ha costado meterme en su lectura. Y es que se trata de una historia rara de narices, exigente y por momentos desconcertante. Menos mal que por lo menos tiene el lujo de contar con Bryan Talbot para plasmar las idas de olla del guionista. De lo contrario, el resultado habría sido muy distinto.
En definitiva, esta colección, junto con la Biblioteca Superman, es la lectura que espero con más ansías cada mes.
La edición de Panini me sigue pareciendo magnífica. Papel poroso, rústica con solapas y algún que otro extra, en esta entrega con apenas un par de bocetos de portadas. Lástima que a partir de enero vaya a costar dos euros más cada número.


