No hace mucho comentaba por aquí que mi bagaje con John Constantine era realmente escaso. Gracias a esta primera serie de la Biblioteca Vértigo de Panini (a ver el año que viene si la línea se amplía) he podido quitarme una espinita y descubrir que se trata de un personaje francamente fascinante gracias a su carácter cínico, repleto de contrastes. Y es que el bueno de John va de solitario, pero está rodeado de amigos de todo tipo. Una circunstancia que suele salirle cara a la gente, aunque de eso ya hablaremos.

La segunda entrega de esta Biblioteca Hellblazer ya empieza a construirse con unos cimientos mucho más sólidos tras la presentación del mago, creado a imagen y semejanza de Sting, en los primeros números americanos de la cabecera. Una vez que sabemos quién es Constantine, lo bocazas que es y la facilidad que tiene para meterse en líos, pasamos a verle en acción protegiendo a una chica que está siendo perseguida por una criatura (creada por un demonio) formada por pedazos de un puñado de skinheads. Y de aquí en adelante, todo serán problemas.
Me ha flipado la capacidad de síntesis del escritor para aglutinar en un solo antagonista muchas de las problemáticas y preocupaciones de la Inglaterra de finales de los años ochenta, que no fue precisamente conocida por su tolerancia y apertura de miras.
De manera valiente y sin tapujos, Delano, usando a Constantine como su interlocutor, arremete contra la intolerancia el sistema, contra esos colectivos que convertían en parias sociales a los portadores del VIH, que eran incapaces de comprender que un hombre o una mujer podían amar a otra persona de su mismo sexo. E incluso también carga contra el fanatismo deportivo y los hooligans, que no dudan en abrirle la cabeza a una persona que anime a otro equipo que no sea el suyo.

El guion de este puñado de números de Hellblazer es sórdido, duro, cruel. No apto para paladares especialmente sensibles con los temas mencionados más arriba. Delano no se corta lo más mínimo, ni con la trama, ni con los diálogos. Suya es la intención de crear un manifiesto, un reflejo de sus inquietudes. Aunque para ello tenga que usar palabras incómodas.
También me ha gustado mucho la manera en la que el lore de la serie va creciendo con la aparición de nuevos secundarios, algunos de forma bastante esporádica, que evidencian que por chulo y listo que se crea John, a veces, y solo a veces, necesita ayuda. Sin embargo, como se decía al principio de esta reseña, el protagonista es un imán para los problemas. Y es que su naturaleza narcisista (por muy buena intención que tenga casi siempre) acaba pasando factura a todo aquel que se cruza en su camino.
Además, ya empieza a asomar por el horizonte aquello de “¿Qué pasó en Newcastle?”. Un acontecimiento que relaciona a Constantine y al demonio con el que aquí se enfrenta. Una cuestión cuya respuesta todavía tardará en ser revelada.
John Ridgway continúa firmando el arte de todos los números de la cabecera del mago británico. Su estilo es ideal para el tono de las historias de Delano, creando una ambientación lúgubre, casi tóxica, que se acaba convirtiendo en un personaje más de la serie. La forma en la que muestra la suciedad de las calles más desfavorecidas de Inglaterra parece sacada de los planos de cualquier videoclip de Sex Pistols o The Clash. Sencillamente, brillante.

En este volumen también se incluyen dos números de la Cosa del Pantano de Rick Veitch. Os voy a ser sincero. Hasta este momento, había visto más películas y series de TV del guardián del verde que leídos tebeos suyos, así que me falta contexto a tope. Ahora bien, los he disfrutado mucho pese a lo raros que son y me han picado el gusanillo para ponerme con la etapa del personaje escrita por Alan Moore, que la tengo enterita y sin leer. Lo sé, para matarme.
En breve, volveremos a vernos por aquí hablando de la tercera entrega, permanezcan en sintonía.


