¿Qué es lo que ocurre cuando tienes dos bombazos como el arrollador debut de la saga de Nick Furia como director de S.H.I.E.L.D, en el tomo anterior, y un pelotazo de proporciones épicas como el Nick Furia de Steranko con solo unos meses de diferencia? Lo que sucede es que difícilmente Biblioteca Marvel Nick Furia, agente de S.H.I.E.L.D. 2, que es lo que va justo en medio, puede estar a la altura.
Y es cierto que tal vez se pueda notar un cierto agotamiento o al menos pérdida de ímpetu por parte de los autores que nos brindan este tomo, pero hicieran lo que hiciesen el listón estaba insuperable.

El propio Steranko, en el extenso artículo que corona Biblioteca Marvel Nick Furia, agente de S.H.I.E.L.D. 2, explica cómo difícilmente se podía mantener el estallido inicial de este serial de Strange Tales. Una explosión lo es porque es intensa y repentina e intentar prolongarla en el tiempo es completamente absurdo.
De este modo, Biblioteca Marvel Nick Furia, agente de S.H.I.E.L.D. 2 viene a repetir truco con respecto al tomo anterior, pero básicamente sustituyendo a Hydra por I.M.A. y, si bien tiene sus propios matices, resultan insuficientes para zafarse de las comparaciones.
Si no fuera por los tres capítulos finales donde entra Jim Steranko a terminar los bocetos de Kirby, este tomo vendría a ser un poco como abrir una gaseosa. El comienzo es aún vibrante y Stan Lee desata su verborrea como en pocas de sus series, poniendo en todos los personajes en modo charlatán al once. El resultado que al final termina haciendo de esta desatada cháchara chispeante y repleta de réplicas y contrarréplicas la seña de identidad de esta serie. Sin embargo, The Man irá perdiendo tal vez energía o tal vez interés e irá desapareciendo de la serie. Por más que le cubran el propio Jack Kirby o dos por aquel entonces jóvenes promesas llamadas Denny O’Neil y Roy Thomas, ninguno se queda lo bastante para poder marcar un tono y tampoco parece que un serial de 12 páginas mensuales con un personaje que no era ningún superventas que digamos fuese excesivamente motivador para nadie.

Gráficamente y exceptuando los últimos números con la entrada de Steranko, estamos un poco en el mismo caso. Un sobresaturado Jack Kirby cada vez entrega unos bocetos más escuetos, que Don Heck tampoco termina de saber levantar. Y por más que haya colaboraciones de John Buscema o el olvidado Ogden Whitney, la serie pierde su identidad cuando no está Kirby y no termina de encontrar otra a la altura.
Y no es que la lectura Biblioteca Marvel Nick Furia, agente de S.H.I.E.L.D. 2 esté exenta de alicientes. La salida al campo de Jasper Sitwell — que había sido presentado al final del tomo anterior — o el cruce con el Capitán América que se incluye en este tomo pueden ser pequeños acicates. Tenemos también el correspondiente desfile de organizaciones malvadas, que añade a Hydra e I.M.A. unos tales «Ellos» y hasta un guiño al Imperio secreto, que estábamos viendo en otras series. No faltará el pertinente despliegue de máquinas loquísimas y todo lo que vimos en el tomo anterior, pero ya ha pérdido el empuje y comienza a sonar a repetición de fórmula.

Y entonces llega un veinteañero llamado Jim Steranko, que además es escapista, músico y quien sabe cuántas cosas más, probablemente la primera rockstar de la era Marvel. El Steranko que vemos en los tres últimos capítulos de este tomo está aún por terminar de explotar. Se encarga únicamente de terminar los bocetos de Kirby, pero ya se puede ver cómo todo se convierte en otra cosa. La serie vuelve a ser un delirio pop. La maquinaria delirante de Kirby lo será más aún, sus viñetas más abigarradas y enérgicas y todo vuelve a ser intenso y trepidante.
Ni sospechamos aquí aún el punto al que llegará cuando se haga con el dibujo completo y los guiones en el tomo siguiente, convirtiéndose junto — tal vez compartiendo mérito con Neal Adams — en el autor visionario que abriría la puerta de los años setenta al cómic de superhéroes, pero eso será ya materia para la reseña de la próxima entrega de esta Biblioteca Marvel.


