Con el material publicado en esta octava entrega de la Biblioteca Marvel dedicada a la Patrulla-X llegamos al mes de junio de 1968 (fecha de portada, claro está). Con los años setenta en el punto de mira, ya va quedando menos para que la cabecera mutante estuviera una temporada pseudo cancelada. Y digo pseudo, porque si bien es cierto que la numeración seguía avanzando, el contenido se nutría casi en exclusiva de reediciones.

Hay que reconocer que esta Patrulla-X, aparte de compartir el nombre y a algunos personajes, poco o nada se parece al mítico renacer mutante de la Segunda Génesis capitaneada por Len Wein, Chris Claremont y Dave Cockrum. Pero al menos hay que reconocerle a Roy Thomas que trató de darle vida a la serie mientras estuvo bajo su tutela. De su plumilla salieron un montón de historias. Algunas muy malas, otras algo mejores y por último algunas muy importantes
Me estoy refiriendo al número 42 americano, cuya portada ilustra esta entrega de la Biblioteca Marvel (por lo que no lo considero spoiler), en el que el propio Thomas (junto a un Don Heck algo “descuidado”) lleva a los adolescentes mutantes a un punto de no retorno tras la aparente muerte de su mentor Charles Xavier. Leer esto casi sesenta años más tarde provoca un sentimiento naif en cualquier lector pero en aquella época, con un Universo Marvel todavía incipiente tuvo que ser algo rompedor.

Sí, al pobre Charlie ya le habían hecho otras cuantas putadas. Desde un amigo traicionero como Magneto, a un hermanastro psicópata como el Juggernaut, pasando por algún que otro secuestro. Pero algo tan definitivo (repito, en teoría) como la muerte era sin duda una dura prueba para Scott, Jean y compañía. Una bofetada de la vida que obligaba a sus estudiantes a madurar, a enfrentarse a un mundo que les seguía temiendo y odiando sin tener un regazo protector. Por supuesto, todo esto es en teoría, porque la ejecución de los siguientes números les llevó por otros derroteros.
La siguiente tanda de episodios sigue contando con Roy Thomas a los guiones. Sin embargo, no tardó en recibir ayuda de Gary Friedrich para llegar a las fechas de entrega. A nivel artístico, George Tuska demostró su clase y su buen hacer en un solo episodio. El resto fueron completados por Don Hech, que se limitó a realizar los bocetos, que fueron rematados por Werner Roth. Lo sé, no es el mejor escenario posible.
Además del regreso de Magneto con su Hermandad de Mutantes Diabólicos, también asistiremos al rescate del Cuervo Rojo, un personaje creado en la Golden Age pre Marvel. Se une de esta manera al Capitán América, Namor y demás héroes creados en la etapa ultra primigenia de la editorial.

Ahora bien, hay más cosillas que rascar, como el primer crossover mutante oficial de la historia. Un cruce con la serie de Los Vengadores (el número 53) que estuvo dibujado por el gran John Buscema, siendo estas las páginas que más brillan en este volumen. También habrá un par de historias de complemento con los orígenes de Cíclope y el Hombre de Hielo.
En definitiva, ¿es la Biblioteca Marvel de la Patrulla-X el patito feo de la línea? Puede ser. Pero esto no quita que tenga interés por ser los pilares sobre los que se construyó la franquicia más poderosa de Marvel durante décadas. Por no mencionar, que son aventuras ligeras que sirven como un más que digno entretenimiento.
El volumen incluye los extras habituales de la línea con la reproducción de los correos originales o la sección “La era Marvel” de Lidia Castillo.


