El final de la década de los 60 fue un período de cambios continuos en Marvel. El ensayo y error eran una constante en la editorial, y las ventas y las cartas al editor dictaban el curso de cada colección. A eso se sumaban cambios continuos en los equipos creativos, a medida que el número de series crecía y el éxito de algunas de ellas obligaba a modificar su periodicidad. Es justo lo que le sucedió a la serie de la que hoy hablamos. En esta Biblioteca Marvel Estela Plateada 3 de Panini somos testigos del cambio de periodicidad de la serie de bimestral a mensual. No afectó demasiado a la carga para sus autores, puesto que la serie pasaba de tener una extensión de 40 páginas a las habituales 21 páginas de las series mensuales.

El salto de periodicidad obligó a Stan Lee a partir en dos las siguientes historias, que ya tenían planificadas para los números 8 y 9, por lo que tampoco vamos a notar cambios excesivos en esta edición en tomos, puesto que en realidad contiene 3 historias. Sí es cierto que la última de ellas sí comienza a adaptarse a esa nueva fórmula de historias desarrolladas en arcos argumentales de varios números y utiliza el desenlace de esta historia para hilar la siguiente nueva trama. Las historias son cada vez más diferentes, sin que desaparezca ese trasfondo de pesar que decíamos convertía a nuestro protagonista en la versión adulta de Calimero, pero en este número vemos historias que alternan los superheróico con el terror y la ciencia ficción, pareciendo que estuviésemos leyendo colecciones distintas, de no ser por mantener el mismo protagonista.
Así, comenzamos con la última historia realizada en un número doble, donde Estela hará frente a un descendiente del doctor Frankenstein, en la siguiente (desarrollada en los números 8 y 9) volverá a enfrentar a Norrin Radd con Mefisto, mientras que la última historia (números 10 y 11) llevará a Estela a un exótico país sudamericano sin precisar, mientras Shalla Bal vuelve a la Tierra buscando reencontrarse con su amor. A pesar de los cambios de género, todas siguen una constante: estar dirigidas por la fuerte moral del protagonista y su empeño en proteger el planeta.

Sin embargo, estos números sí se sienten un poco como un coche sin frenos, que se lanza hacia delante sin saber bien qué vamos a encontrar. Stan Lee comenzaba por entonces a verse sobrepasado por sus responsabilidades y además contemplaba cómo la serie pasaba a una cadencia mensual que, aunque para él supusiese a priori el mismo trabajo, en realidad no era así. De todos es conocida la fórmula Marvel, en la que tan solo planteaba la trama y posteriormente recolocaba los diálogos. Lo que antes consistía en plantear una trama cada dos meses y escribir los diálogos del equivalente a dos números, le obligaba ahora a hacer ese mismo trabajo todos los meses, y además adaptar las historias a esta nueva fórmula de continuidad. Es algo que resulta evidente en tramas como la de la versión moderna de Frankenstein o la enésima incursión en un país sudamericano que parece sacado de un western y para el que ni siquiera se molesta en especificar un nombre.
Esa bajada de nivel en cuanto a la calidad de las historias queda compensada con creces por el potente trabajo de un John Buscema que, no solo no pierde ni un ápice de su fuerza visual, sino que con cada número se muestra más cómodo y realiza escenas de acción cada vez más impactantes. En ese sentido, los números 9 y 11 son un claro ejemplo de por qué el trabajo del que sería dibujante de Conan o Los Vengadores se han acabado quedando en el subconsciente de aquellos que leímos con una edad más temprana sus historias. El primer número del tomo está además entintado por su hermano Sal, mientras que a partir de la cadencia mensual, esa labor recaerá en Dan Adkins.

En definitiva, la Biblioteca Marvel Estela Plateada 3 sigue siendo una lectura muy disfrutable, sobre todo a nivel gráfico, a pesar de que las historias puedan parecer algo más ingenuas o improvisadas. Poder ser testigo en primera fila de la consolidación de uno de los mejores dibujantes que ha tenido la Casa de las Ideas es una oportunidad que no podemos desaprovechar. Historias variadas, entretenidas y con un protagonista al que, por mucho que disfrutemos de él, seguiremos queriendo agarrar por los hombros y zarandearlo para que deje de lamentarse de una vez por todas…
Lo mejor: Sin duda, Buscema.
Lo peor: Las historias parecen algo más improvisadas y con un cambio de géneros que hace sospechar de su premeditación.


