La década de los 70 sería increíblemente dulce para Hulk. Además de su propia serie, que veremos comenzar en el próximo tomo, ya que se puso en marcha antes de terminar los 60, tendría su serie de grupo con Los Defensores, un poco más adelante su segundo título individual en formato magazine con Rampaging Hulk e incluso su propia serie de televisión, llevando al personaje al mayor momento de popularidad de su historia.
Sin embargo, todas las semillas que terminarían germinando y dando estos frutos se estaban sembrando en los cómics que podemos leer en Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 5. Nos situamos con ellos ya en 1968, con los últimos números de Tales to Astonish y tened en cuenta que, para este momento, Hulk, el que había sido el primer fracaso editorial Marvel, era ahora una estrella. Su serial en Tales to Astonish había sido para los fans todo lo que el primer volumen de su serie propia no fue y, para este punto, se hacía imperativo darle su propio título. Y de acuerdo que la adquisición de Marvel por parte de Cadence Industries y la salida de la limitación de títulos que imponía Independent News tuvieron mucho que ver, pero la popularidad del personaje era un hecho. Los dos años del segundo volumen, que veremos dar inicio en la siguiente entrega de Panini, han sido el periodo de mayores ventas de la historia del coloso esmeralda, solo superados por los años que rodean la serie que protagonizaran Bill Bixby y Lou Ferrigno.
Para explicar este éxito es imposible encontrar un motivo solo, pero tengo pocas dudas de que hubo un hecho crucial. Pese a que el personaje seguía siendo una bola de pinball, rebotando de aventura loca en aventura loca, ya había encontrado su identidad. Ya se había abandonado la improvisación delirante de los inicios y teníamos asentada esa imagen de Hulk enfadado, pero de gran corazón, perseguido y marginado, que sólo quiere que le dejen en paz y encontrar alguien a quien llamar amigo.
Hay que decir que algo vio en el personaje Stan Lee cuando siguió confiando en él tras el batacazo del primer volumen. Además, en un momento en que The Man estaba delegando ya los guiones de la mayoría de sus series en las manos de Roy Thomas, Gary Friedrich y otros, a estas alturas, todos los episodios de Hulk seguían escritos por él.
Parece que Stan Lee ya había conseguido hacer de Hulk ese lugar feliz conocido al que querían volver los fans, pero había algo que le faltaba y es que el caos gráfico que habían sufrido sus historias desde que nació, sin duda le habían negado toda la potencia icónica que evidentemente tenía. Y entonces llegó Marie Severin. No es que antes el goliat verde no hubiese contado con dibujantes de calidad. Por sus páginas ya hemos visto desfilar a Jack Kirby, Steve Ditko, Gil Kane, John Buscema, John Romita… pero el problema no era de falta de nombres sino de sobreabundancia. Faltaba una imagen de Hulk definitiva a la que poder volver, de la que hacer un icono y Marie Severin fue quien consiguió estabilizarla.
Severin no era ni mucho menos una recién llegada al mundo de los cómics. Para este 1968, hacía ya casi veinte años que había dado sus primeros pasos en la industria coloreando a su hermano. En aquella época no es que una mujer lo tuviera muy fácil para entrar en los cómics si no era de la mano de alguien. De hecho, le costó nada menos que una decada que le dejasen demostrar su labor como artista, relegándola antes a tareas de color — mucho más mecánico en aquella época — y retoques diversos. Llegaría entonces de rebote un encargo para la revista Esquire que ningún otro artista en Marvel podía cubrir por fechas y, por fin, Stan Lee se daría cuenta del talento que había estado desaprovechando. Llegaría entonces Strange Tales y poco después Tales to Astonish y, con ella, la consolidación gráfica que Hulk llevaba tiempo necesitando. Hasta que Sal Buscema hiciera suyo en personaje, varios años después, la imagen del coloso esmeralda, sus movimientos y expresiones los marcó esta artista neoyorquina. De acuerdo que tal vez haya trascendido más la versión de Herb Trimpe — a quien por cierto ya tenemos por aquí ya haciendo algunas tintas — pero la imagen de Trimpe se fundamenta, al fin y al cabo y en gran medida, en fusionar las versiones de Kirby y Severin. Marie Severin nos dio por primera vez desde Kirby un Hulk reconocible e icónico, probablemente más que el del propio Rey y eso sin duda fue uno de los motivos que llevaría el éxito al goliat verde .
Y me vais a disculpar porque ya casi me he comido la reseña y ni siquiera he hablado de lo que sucede en Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 5 y es que en realidad tampoco hay historias de especial relevancia, siendo mucho más importante la identidad que Lee y Severin acababan de terminar de moldear.
Aun con todo, tenemos por aquí al Alto Evolucionador y su planeta Wundagore II, al Señor del rayo, a Estela Plateada, a Namor y hasta un asalto a Asgard. Sin embargo, la gran mayoría del tomo se lo reparten entre los dos primeros y, si bien la saga de los nuevos hombres aún tiene su aquel, la del Rayo Viviente es profundamente olvidable. Es un hecho que Hulk funciona mucho mejor en escenarios exóticos y extravagantes o en batallas con grandes titanes y son justo estas las historias de Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 5 que mejor sabor de boca dejan.
Tenemos aún Marie Severin para un par de tomos más y, aunque perderemos a Stan Lee provisionalmente en el próximo tomo, podemos ver una muestra de cómo se las apañarán Gary Friedrich y Roy Thomas con las dos últimas historias que complementan este Biblioteca Marvel El Increíble Hulk 5. No dejan de ser dos pequeños extractos de revistas humorísticas — tal vez con menos gracia de la que creían tener o es que su humor tal vez sí haya envejecido peor — pero siguen siendo un documento no exento de simpatía que aportan cotexto a una época.
Este es el principio de el Hulk que pasará a la posteridad, en su continuo, errático y accidentado vagabundeo, enfadado con un mundo aún más enfadado con él, el Hulk que conquistó los corazones de millares de fans.





