En 1968 la serie regular de El Asombroso Spiderman ya llevaba más de un lustro en el mercado, demostrando ser la colección más sólida del creciente Universo Marvel junto con la dedicada a narrar las aventuras de la primera familia. Culpa de ello tuvo su estabilidad artística. Tras la robusta y fundacional etapa de Steve Ditko, fue John Romita el encargado de insuflar nueva vida a nuestro héroe urbano favorito, encadenando una serie de historias a cada cual más interesante.

Se suele decir que un héroe es tan grande como lo son sus enemigos. Pues bien, unos cuantos meses atrás, asistimos a la puesta en escena de Wilson Fisk, el temible Kingpin del mundo criminal de Nueva York. Con su llegada, los autores demostraron que no eran necesarios villanos con trajes chillones, habilidades estrambóticas o poderes llamativos para poner en jaque al trepamuros. Solo hacía falta un hombre con una férrea determinación para hacerse con el control de todo.
El presente volumen de la Biblioteca Marvel del lanzarredes abre con un arco de tres números (con John Romita las historias tenían tendencia a continuar durante varios episodios) en el que Kingpin pondrá de nuevo patas arriba la vida del protagonista. Aquí deberíamos pararnos a analizar de dónde nace la fascinación de los lectores (y de los autores) de hacer sufrir al pobre Peter. Ahora bien, si somos sinceros, no lo querríamos de otra manera. Que Spidey tenga que luchar contra todo y todos para salir adelante como héroe y como ser humano nos despierta una necesidad de verle superarse cuando lo pierde todo y todo le sale mal que, sinceramente, roza la patología.

Sobre este fundamento, Lee y Romita vertebran una historia destinada a romper para siempre (ja) el equilibrio de la relación entre el joven sobrino de la Tía May y Gwen Stacy, la que está destinada a convertirse en la novia por excelencia del noveno arte. Leer estos tebeos por primera vez sin saber lo que sucedería años más tarde tiene que ser una experiencia francamente maravillosa. Ser testigos de ese romance imposible al que el destino pone trabas sin parar y su posterior trágico final tiene que ser algo fantástico, porque los autores ya iban caminando en esa dirección, puede que sin saberlo, con esas viñetas salteadas en las que Norman Osborn trata de resolver un rompecabezas al que le faltan piezas y que hacen presagiar que la cosa va a estallar.
El otro número de la serie regular que aquí se publica (el 62) cuenta con Medusa, la Reina de los Inhumanos, como coprotagonista de una pequeña aventura tan naif como divertida. Abraza sin pudor todos los tópicos habidos y por haber del género. Los personajes pasarán por todas las etapas del consabido primer encuentro entre dos superhéroes. Un capítulo de relleno que no mata, pero tampoco molesta.
La joya de este tomo es el quinto annual de la serie, con la presencia de los padres de Peter Parker. A modo de flashback se nos contará la verdad sobre su muerte. Una “verdad” muy aceptada que hasta tuvo algo parecido a una adaptación en los filmes de Spiderman protagonizados por Andrew Garfield.

Para enmarcar también son los extras de este número especial: un pin-up del staff del Daily Bugle, una historia corta centrada en los autores del bullpen, un mini What If sobre Peter convertido en estrella del deporte o, mi preferido, una galería de ilustraciones con reinvenciones del cabeza de red al estilo Archie Comics, Peanuts, DC o a lo Dick Tracy. Muy chanante, la verdad.
Por supuesto, como buen volumen de la Biblioteca Marvel que se precie, se incluyen los extras habituales de la línea como portadas, publicidades de la época, reproducción de los correos de los lectores o la sección “La era Marvel” de Lidia Castillo.


