Hoy en día lo de los reboots y reseteos, en todas sus consistencias y durezas, es lo más normal del mundo, pero en la Marvel de 1969, resultaba bastante insólito. Hablamos de un universo que no tenía aún cumplida su primera década, pero en el tomo anterior, Jim Steranko ya había dejado al Capi en situación de nuevo punto cero. Pese a todo, no estaría seguro de poder llamar a Biblioteca Marvel Capitán América 7 un nuevo principio, sino más bien una especie de transición, de detenerse un momento para coger carrerilla.
No sabría decir si se trata de uno de esos accidentes/improvisaciones que a Stan Lee tan bien le salía aprovechar — diría que la mayoría de las veces de forma involuntaria— o un movimiento premeditado, pero el caso es que el resultado es algo bastante inaudito en estos tiempos.
Pero vayamos por partes, Jim Steranko abandona la serie por desacuerdos con Lee y la serie se encuentra sin Kirby y sin su sustituto, con lo que hay que arrancar como sea una nueva etapa. El propio Stan Lee, que estaba comenzando a delegar guiones en Roy Thomas, Gary Friedrich y otros, retoma las riendas y elige para el apartado gráfico una dupla bastante peregrina: Gene Colan, que había perdido la cabecera de Dr. Extraño, y Joe Sinnot.
Y antes de seguir con el resto, quisiera detenerme en este tándem gráfico, que aún no sé si me cautiva o me horroriza. Es el agua y el aceite hechos dibujo. Probablemente el más expresionista y difuso de los dibujantes de la plantilla Marvel con el entintador más rotundo y definido. La mezcla resultante es completamente fascinante, pero aún no he decidido en qué sentido. Reconozco, no obstante, que, para los coqueteos con el surrealismo que nos trae en este tomo el cubo cósmico, es toda una genialidad.
Completan el apartado gráfico, por cerrar esta sección, John Romita y John Buscema, ambos entintados por un Sal Buscema que comenzaba a abrirse hueco.
Vamos pues con la saga que nos ocupa en este Biblioteca Marvel Capitán América 7, ya que todo el tomo forma parte del mismo relato: el regreso de Cráneo Rojo y el cubo. En esta ocasión el artefacto en cuestión será utilizado para una de esas historias de cambio de cuerpo, una premisa que casi podría considerarse un género.
Sin embargo, aquí empiezan las preguntas. Si la intención era aprovechar la muerte de Steve Rogers — con todas las comillas del mundo— para romper con todo lo anterior, ¿por qué volver a Cráneo Rojo? De hecho todo el primer capítulo es romper con Sharon Carter — de un modo que da un poquito de vergüenza con ojos de hoy—, romper con el nuevo Bucky, con S.H.I.E.L.D., con los Vengadores…
Matar a Rogers es algo más que devolver al Capi su identidad secreta y empezar en un nuevo punto, es un acto simbólico y esta historia parece acatarlo y aprovechar para hacer una pausa de cara a explorar quién es el Capi. Las historias de esta especie de género conocido como body swap exponen a los personajes con su contexto desde un ángulo ajeno — o en este caso opuesto— para dejar en evidencia no solo que el hábito no hace al monje, sino qué le hace al monje ser el monje. Con Cráneo Rojo en el cuerpo del Capi, exploraremos su relación con todo ese contexto que pretendía dejar atrás y, con Steve en el cuerpo de Cráneo, nos enseñan la materia de la que están hechos los héroes.
Al fin y al cabo, esto es una parada para ubicarnos en qué es exactamente el Capitán América de cara a la propuesta de futuro que está a punto de llegar. Y es que esa propuesta tiene nombre y apellido en Biblioteca Marvel Capitán América 7: Sam Wilson, alias el Halcón.
Aún tardaremos en terminar de asentarlo en la serie —en el próximo tomo ni lo veremos—, pero recordamos que no tardará incluso en cambiarse la cabecera para incluir al nuevo compañero del Capi.
Estamos a las puertas de los años 70 y la concienciación racial de la sociedad americana ha llegado a un punto en el que es necesario aumentar su representación. Existía Pantera Negra y de manera más anécdotica Goliat Negro, pero iba siendo hora de crear un heroe afroamericano que no fuese «black algo» y al que se le diera una cercanía con la realidad del momento. Y de acuerdo que en esta presentación dichos orígenes son un tanto salchicheros y lo de entrenarse peleando contra las bandas de Harlem parece más algo salido de un shonen o una vieja peli de Hong Kong, pero se aprecia el intento. Es curioso que se decida presentar al personaje fuera de su elemento en la isla de los exiliados y tal vez no había intención de dotarlo de una continuidad futura, pero, de uno u otro modo, estaban sembrando la semilla de los años setenta en Marvel.
Biblioteca Marvel Capitán América 7 sigue siendo hasta cierto punto parte de esa tradicional secuencia de disparos al aire que eran los primeros tebeos Marvel y algunos aceptarían, como el Halcón o este especie de estudio del Capi como personaje y otros se perderían para siempre. ¿O es que alguien se acuerda de lo qué demonios es un bloque de catolita?





