Con la publicación de los números cinco y seis de la Biblioteca Drácula: La Tumba de Drácula llegamos y sobrepasamos el ecuador de esta... Biblioteca Drácula: La Tumba de Drácula 5 y 6 de Wolfman, Colan y Palmer

Con la publicación de los números cinco y seis de la Biblioteca Drácula: La Tumba de Drácula llegamos y sobrepasamos el ecuador de esta deseada reedición. Es curioso cómo han tenido que pasar muchas décadas de edición de tebeos Marvel en España hasta que hemos tenido una edición en condiciones, que merezca la pena, que respete el formato original y que, sobre todo, sea asequible. Espero sinceramente que esté siendo un éxito de ventas para que podamos disfrutar de más iniciativas de este tipo.

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Pero mejor entremos en faena, porque este puñado de La Tumba de Drácula nos ofrece muchos puntos destacables a tener en cuenta. Lo primero que me gustaría mencionar es que poco a poco, de manera sutil, Marv Wolfman y Gene Colan van introduciendo a nuestro querido conde en el Universo Marvel que todos conocemos. Esto es una consecuencia inequívoca de la relajación que estaba teniendo el régimen del Comics Code desde años antes, circunstancia que fue aprovechada por Marvel para multiplicar la presencia de seres sobrenaturales procedentes de la literatura clásica de terror en sus publicaciones.

auroraHasta la fecha ya habíamos visto aparecer al Hombre Lobo por aquí. Pues bien, ahora serán los zombis, pero zombis, no zuvembies, que era como tenían que llamar a estos no muertos en el seno de la Casa de las Ideas. Gracias a esto podremos ver pulular por aquí al Hermano Vudú, otra de esas creaciones de la Marvel de los 70 que obedecía a la necesidad de la editorial por explorar todo tipo de géneros y públicos. Ni que decir que Wolfman aprovechará este cameo para potenciar a una de sus creaciones, Frank Drake. El que a priori parecía el más desdichado del grupo de cazadores de Drácula dará un paso adelante en cuestión de carácter.

Destellos de genialidad en La Tumba de Drácula

Esta colección es por lo general cien por cien disfrutable, ya sea siguiendo el habitual juego del gato y el ratón con roles intercambiables que llevamos presenciando desde el comienzo de la serie y del que no nos cansamos nunca (gracias a la habilidad de Marv Wolfman y el arte de Gene Colan) o, especialmente, con algunas píldoras de genialidad en forma de episodios sueltos que nos agarran del cogote de tal manera que no podemos separar la vista del tebeo.

Los capítulos de los que hablamos hoy empiezan con una deliciosa batalla entre Drácula y Quincy Harker, quien pese a estar confinado en una silla de ruedas es la némesis definitiva del Príncipe de Valaquia. Se trata de un episodio que nos cuenta una brutal batalla campal en casa de Harker, una vivienda adaptada para enfrentarse al Señor de los Vampiros que nos dejará más de una sorpresa y le dará más de un susto a nuestro conde. No menos magistral es “el Rencor de una mujer”, todo un alegato contra el machismo imperante en el mundo de la moda que nos cuenta como Drácula concede sus deseos de venganza a una desdichada mujer de negocios. Cierto que además de denuncia contra los estereotipos cae también en tópicos sobre la capacidad de las mujeres para guardar rencor que también hacen torcer un poco el gesto por convertirse precisamente en eso que pretenden combatir, pero no hay que olvidar tampoco la época en la que fueron publicados estos tebeos.

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Por último me gustaría llamar la atención sobre “Vuelo de terror”, un puñado de angustiosas páginas en las que Drácula secuestra un jet para que el piloto le conduzca lejos del peligro. Wolfman consigue transmitir la angustia y el pánico que siente el joven militar que sabe que, pase lo que pase, se puede estar dirigiendo a su fatídico final.

Y es que esto son solo tres ejemplos de como Marv Wolfman estaba creando con La Tumba de Drácula una colección llamada a pasar a la historia. Con sorpresas casi en cada episodio, cambios de ritmo, relatos estremecedores y cuando menos te lo esperas, unas dosis de comedia.

Chascarrillos entre mordiscos

Sí, amigos. Ya sea por imposición editorial, por capricho del autor o bien por su deseo de poder enseñar algo de su trabajo a sus hijos, llegamos a un momento en que conoceremos a un escritor de tres al cuarto llamado Harold H. Harold (con sospechoso parecido a Woody Allen) y la asistente de edición Aurora Rabinowitz. Lo primero que haréis al verles será torcer un poco el gesto. Sin embargo, estos nuevos y cómicos personajes que andan detrás de conseguir una verdadera “entrevista con el vampiro” empastan a la perfección y sin demora con la dinámica de La Tumba de Drácula, convirtiéndose en un contrapunto que no por no deseado acaba por convertirse en agradecido en la guerra definitiva que tendrá la crew protagonista contra el retornado Dr. Sol.

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En esta línea podríamos meter el Giant Size Spider-Man 1, incluído en estos tomos, y que a la postre queda como el primer encuentro verdadero de Drácula con un héroe al uso del Universo Marvel. El especial es una tontada, ya que parte de una premisa algo rocambolesca para que al final tengamos a Spidey y a Drácula en un crucero donde se celebra un baile de disfraces. Entretenido es, desde luego, pero poco más. Mucho más intensa es su historia con el Doctor Extraño con el que se cierran estos tomos.

Como siempre, leer un tomo de La Tumba de Drácula te deja con ganas inmediatas de hincarle el diente a los siguientes (no me maten por el chiste). Me llama mucho la atención el desarrollo que está teniendo el protagonista, mostrándose nostálgico de sus tiempos como soldado y gobernante antes de obtener la maldición que le convirtió en inmortal. Habrá que ver por donde nos llevan los majestuoso Wolfman, Colan y Palmer.

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La única pega que le encuentro a estos dos volúmenes es la ausencia casi total de extras al final de los mismos, más allá de un par de páginas originales o portadas. Pero bueno, es un detalle menor.

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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