¡Se nota, se siente, John Byrne está presente! Ay, amigos, qué poco queda para que el genial autor (realizador de la mejor etapa de los 4F jamás publicada) abandone la franquicia de Superman que él mismo se encargó de relanzar tras los sucesos de Crisis en las Tierras Infinitas. No obstante, como buen profesional que es (o al menos era en los ochenta) dedicó todos sus esfuerzos a cerrar todas sus tramas y argumentos principales.

Esta decimotercera entrega de la Biblioteca DC dedicada al Hombre de Acero arranca con “Mundo de Metrópolis”. Tras las miniseries dedicadas a Krypton y Smallville, llega el turno de saber más sobre algunos de los personajes en los que se sostiene la ciudad en la que nuestro héroe corre la mayoría de sus aventuras. Comentar, que esta es la segunda vez que se publica en España esta historia. Anteriormente, solo ECC se atrevió a editarla. Desconozco los motivos, porque calidad tiene de sobra. De hecho, a título absolutamente personal, esta es la miniserie “origen” que más ha gustado de esta particular trilogía.
La primera sorpresa que nos encontramos en “Mundo de Metrópolis” es la presencia del artista Win Mortimer. El legendario dibujante (fallecido en 1998 por culpa de un cáncer) de la Edad de Oro que estuvo ligado a Superman desde los años 40 y que ilustró muchos cientos de tebeos de DC, aunque también realizó trabajos esporádicos en Marvel (como nota friki, se encargó de la adaptación de la película Annie). En esta ocasión, se encarga de entintar Dick Giordano, por lo que el resultado final adquiere una deliciosa mezcla del clasicismo propio de décadas anteriores con una pizca de la sensibilidad artística más propia de los ochenta.

Cuatro números dedicados a Perry, Lois, Jimmy y Clark que son una absoluta delicia. Según sea el caso, descubriremos cómo el Sr. White se hizo con el Daily Planet, cómo la intrépida hija de Sam Lane llegó a ser una reportera menor de edad, también veremos al alegre pelirrojo demostrar su valía o a Clark despedirse de la mujer que convirtió a un chico de granja en todo un hombre de ciudad. Vamos, que lo desvirgó.
Sin apenas contar con la presencia de Superman (o de Clark con su traje, vaya), Byrne da en las teclas correctas para ofrecer al lector un puñado de historias realmente humanas que sirven para dar profundidad y contexto a los mencionados personajes. Una oportunidad para conocerlos mejor y saber cómo llegaron a ser como son, así como el origen de sus motivaciones y determinación. Es cierto que todas están cortadas por el mismo patrón, pero esto no quita para que sean absolutamente disfrutables.
El resto del volumen lo componen tres números de las series regulares en los que el propio Byrne, junto a Jerry Ordway, dan carpetazo a la historia de la misteriosa Supergirl que llevaba apareciendo de manera esporádica durante los últimos meses. Honestamente, no sé qué pensar de estos números. Por un lado, me alegro de que no haya sido el enésimo regreso de Kara Zor El. Por otro, creo que al autor se le ha ido bastante la pinza creando un argumento realizado con la aparición de la Legión de Superhéroes post-Crisis que él mismo se encargó de hacer en las colecciones de Superman.
Aquí podríamos echar la tarde debatiendo sobre las diversas actualizaciones de conceptos y personajes que hemos visto desde el relanzamiento de la franquicia. La mayoría han sido bastante buenos, pero otros como el de Lana-Manhunter, el regreso de Brainiac o la ausencia de Superboy en la biografía “oficial” de el último hijo de Krypton son bastante más discutibles. Pues bien, todo lo relacionado con Supergirl está en este segundo grupo. Sí, la historia tiene pegada. Sí, también tiene épica. Pero hay algo que no acaba de cuajar y tampoco ayuda todas las vueltas que da la historia para terminar como termina.

En definitiva, un tomo algo irregular (opinión totalmente personal e intransferible) que no impide que siga disfrutando de la lectura de esta Biblioteca. Una de mis series de cabecera junto a su homóloga centrada en John Constantine. Seguiremos informado.
En lo relativo a los extras, en esta ocasión tan solo se incluyen un puñado de páginas a lápiz. Muy bonitas, eso sí.


