Poco sospechaba el bueno de Bob Dos Pistolas a dónde llegaría su creación y, a lo largo de los casi 100 años de vida que ya cuenta Conan el bárbaro, se viene dando una curiosa paradoja: Cuanto más crece su leyenda, más pequeña se hace. Desde Björn Nyberg y después L. Sprague de Camp, Lin Carter o el propio Roy Thomas, los diversos continuadores de la obra de Howard han tendido a ordenar y rellenar los huecos de aquellas aventuras dispersas del creador texano.
Así, cada relato de puño y letra de Robert E. Howard saltaba de momento en momento de la azarosa vida de nuestro cimmerio sin orden ni concierto, sugiriendo un sinfín de aventuras intermedias, tan vasto como la imaginación del lector. Pero Howard murió muy pronto y, con el trabajo de sus continuadores, a aquel sinfín se le han ido poniendo cercos. Sin embargo y tratando de verlo por otro lado, es como si de algún modo la propia estructura de aquellas historias pretendiera activamente implicar la imaginación del lector, hacer de Conan uno de los primeros objetos del fanfiction masivo y generar así una nueva idiosincrasia para el personaje. Que cada uno cuente la historia de Conan que quiera, más allá de los cimientos del creador texano, forma casi parte más troncal del personaje que los preceptos originales. Al fin y al cabo, Howard escribió al personaje durante alrededor de 4 años y sus continuadores lo han hecho durante nueve décadas.
Y quería llegar aquí para hablar precisamente de Roy Thomas, sin duda el escritor que más y durante más tiempo ha escrito sobre Conan en toda la historia. Habrá quien se eche las manos a la cabeza por lo que estoy a punto de decir, pero si hay un canon de Conan más allá del de Howard es el de Thomas, por encima de De Camp o Carter. Road of Kings, la serie que ocupa la mayor parte de Biblioteca Conan: Las Crónicas de Conan 5, es el regreso del guionista de Jackson, Misuri, a su personaje predilecto, para conmemorar los cuarenta años de su debut en los cómics. Así, uno de los más grandes padres adoptivos de nuestro cimmerio se incorpora a esta crónica ordenada, que comenzó en Dark Horse con Kurt Busiek y Cary Nord, siguiendo la filosofía de la misma y por eso Road of Kings cubrirá cronológicamente el hueco entre Sombras de hierro en la luna y La reina de la Costa Negra.
Este camino de los reyes embarcará a Conan en un periplo desde Shadizar hasta Messantia, pasando por Thessalo, Belverus, Ophir o Talantia. En cada parada, una aventura, y en cada trayecto, otra, porque aunque esto fuera una serie limitada de 12 números en su edición original, la estructura es a todas luces la de un pedazo de una serie regular. Aventuras de uno, dos o más capítulos, pero siguiendo el esquema de «viaje+encuentro», además del ya tradicional «moza+tesoro+monstruo». Road of Kings tiene un principio y un final solo porque tenía esas dos historias de partida como límite. Sin embargo, tenemos un camino pero no un destino.
Durante el viaje, nuevos amigos, nuevos enemigos y viejos conocidos y es que la verdad es que Road of Kings es de toda esta etapa de Dark Horse lo que más recuerda a las aventuras del bárbaro en Marvel. Incluso encontramos, con décadas de por medio, aquellos diálogos y narraciones en off engoladas y afectadas que se habían venido suavizando y actualizando con Busiek o Truman. Pero curiosamente no suenan anacrónicas, como si ya formaran parte del propio código de Conan.
El encargado principal de llevar este viaje a imágenes es el puertoriqueño Mike Hawthorne, conocido hoy tal vez más por su trabajo en Masacre o como sustituto habitual de Marco Chechetto en Daredevil, con Chip Zdarsky. Sin embargo por esta época aún era un artista con una carrera bastante dispersa y la verdad es que además ofrece un registro algo distinto del que veníamos viendo con el Conan de Dark Horse. Resultaría complicado desglosar sus influencias con seguridad. Tal vez hay algo de clásicos, como John Buscema o Frank Robbins, pero también quizá ciertos detalles que tampoco sería arriesgado presuponerle referentes en Europa o Japón. Es una mezcla que, dejando por lo general un regusto clásico, tiene una mezcla de estilos que es quizá más habitual en nuestros tiempos que en 2010. Completa la serie un Dan Panosian en un estado de transición entre aquel que bebía de Rob Liefeld y el dibujante de claroscuros y corte más realista que podemos ver hoy día.
Y con esto llegamos a los 6 últimos números de Biblioteca Conan: Las Crónicas de Conan 5 y damos un volantazo por completo. Comienza aquí un nuevo volumen americano de Conan The Barbarian, con Brian Wood a la cabeza, pero todo el siguiente tomo correrá a cargo del guionista de Vermont y abarcará el resto de este volumen, con lo que habrá tiempo para detenerse con más profundidad en el vistazo general.
En lo que se refiere a Biblioteca Conan: Las Crónicas de Conan 5, nos encontramos la adaptación de la primera parte La reina de la Costa Negra, el mítico encuentro entre Conan y Belit. No tendremos el final del relato hasta las últimas páginas del próximo tomo, lo que significa que entre estos tres primeros números y la conclusión, nos dejarán otro montón de historias de cosecha propia, enmarcadas en apenas una frase de la obra original de Howard. Tal vez la culpa sea de nuevo de Roy Thomas, que junto con John Buscema, y también enmarcada en aquella frase con la que Howard marcaba una elipsis, nos dieron tal vez la historia más grande del Conan de Marvel. En esta ocasión parece que a Brian Wood no le asusta lo alto que está el listón y esta historia se alargará un total de 25 capítulos.
En cualquier caso hay dos pequeños arcos en esta última parte de Biblioteca Conan: Las Crónicas de Conan 5. La primera contiene los números 1 al 3 de este volumen de Conan The Barbarian con Wood y Becky Cloonan, más pegados a la historia original. Sin embargo, los autores y diría que sobre todo Cloonan, se encargan de hacer su propia aportación. Destaca la enigmática y casi sobrenatural figura de Belit que nos da la dibujante y ese Conan más ágil y bello. Belit es una fuerza de la naturaleza y Conan el héroe de una novela romántica. La tripulación del Tigresa resulta imponente y el propio mar es casi otro actor que responde al drama.
Las tornas se cambian, no obstante, cuando llegamos al siguiente miniarco que cierra el tomo y entra James Harren a dibujar. Todo es más violento y primario y no solo porque la historia lo sea, sino porque la energía arrolladora de este artista suma enteros a la intensidad. Este Conan y AIDP serían sus primeros encargos de cierto calado y ya hacía gala de esa fuerza que consigue aunar a Kirby, Mignola, Paul Pope, Kevin O’Neill, Simon Bisley, Katsuhiro Otomo o Kentaro Miura en un solo y avasallador estilo. Wood y Harren nos cuentan como Conan será capturado por las autoridades de Messantia, que tal vez no terminan de saber a qué se enfrentan.
Nos queda así por delante otro tomo de correrías con Conan y Belit codo con codo hasta el inevitable final, que todos sabemos, con Brian Wood al frente gracias al arte de nombres como Vasilis Lolos, Declan Shalvey, Mirko Colak, Davide Gianfelice, Paul Azaceta o Riccardo Burchielli, así que habrá tiempo de sobra para valorar en conjunto su particular visión de esta etapa de la vida del cimmerio.
De momento, Biblioteca Conan: Las Crónicas de Conan 5 resulta especialmente curiosa porque reúne dos maneras casi opuestas de construir este relato cronológico que ha emprendido Dark Horse y de rellenar los huecos que dejó Howard. Thomas lo hace desde la tradición y Wood, en cambio, trata de llevarlo a una sensibilidad más contemporánea.
Al final, tal vez deba llevarme la contraria a mí mismo. Si bien por cada hueco que se cubre se elimina una infinidad de historias posibles, también se añade una voz, un narrador a un relato colectivo, una visión que a su vez también deja huecos. Porque la historia de cada narrador no sustituye a la anterior, sino que se suma a ella. Como sucede con todos los grandes héroes populares, Conan hace tiempo que dejó de tener una única historia para tener muchas que se contradicen, se solapan y conviven en paralelo. Howard puso los cimientos, pero cada generación ha levantado sobre ellos su propio cimmerio y quizá sea precisamente esa capacidad para ser siempre el mismo y, a la vez, siempre distinto lo que ha permitido que su leyenda siga creciendo durante casi un siglo. Al final, puede que la leyenda de Conan no se esté haciendo cada vez más pequeña, tal vez solo crezca de otro modo.





