Hay momentos de Conan the Barbarian que, sin ser consideradas “grandes hitos” en la cronología del cimmerio, resultan imprescindibles para entender cómo el personaje va mutando de simple guerrero errante a mito cultural. Biblioteca Conan el Bárbaro 15 recopila un tramo particularmente revelador: los números 83 a 88 de la serie regular de Marvel y el tercer Annual. Estamos en 1978, con Roy Thomas aún al timón narrativo y un plantel de dibujantes donde John Buscema sigue marcando la pauta, aunque cuente con apoyos puntuales como Howard Chaykin o Tony De Zúñiga. El resultado es un mosaico de relatos donde la espada y la brujería se entremezclan con un tono más sombrío, cargado de atmósfera, que recuerda al Conan de los relatos de Howard pero filtrado por la narrativa serializada del cómic americano.

Abrimos el tomo con La danza de la calavera, una historia donde el horror se palpa desde las primeras páginas. Conan se adentra en las zonas pantanosas de Estigia, un terreno hostil incluso para alguien tan curtido como él. Aquí Thomas y Chaykin ponen en escena lo mejor de la tradición de Weird Tales: calaveras que parecen cobrar vida, magia negra, tribus entregadas a rituales, traiciones que laten bajo cada gesto. Conan no es aquí el conquistador invencible, sino el forastero que se enfrenta a lo desconocido con la única certeza de su acero. La atmósfera gótica convierte el episodio en una rara avis dentro de la serie, un paréntesis en el que la oscuridad pesa más que el músculo.
El Annual nº 3 recupera material procedente de Espada Salvaje de Conan y nos lleva a territorios aún más agrestes, como la montaña del dios lunar. Si en la serie regular el acento se pone en lo sobrenatural inmediato, en el Annual el acento recae en la épica de lo vasto: paisajes inmensos, sectas que veneran a deidades olvidadas, monstruosidades ocultas entre las cumbres. Es Conan frente a un mundo que lo sobrepasa, donde su resistencia física se combina con una capacidad de supervivencia casi animal.

En el resto de este Biblioteca Conan el Bárbaro 15, la colección se estabiliza en un registro intermedio entre aventura de capa y espada y relato de horror fantástico. En estos episodios, Conan vaga por escenarios que alternan ciudades corruptas y regiones salvajes, siempre encontrando esa mezcla de enemigos humanos y fuerzas que pertenecen al terreno de la magia o el mito. Roy Thomas sabe que el interés de Conan no radica únicamente en ver cómo despacha a golpes a sus adversarios, sino en colocarlo frente a dilemas que ponen a prueba su moralidad ambigua: a veces aliado reacio, a veces mercenario, siempre un hombre que desconfía tanto de reyes como de sacerdotes. En este tramo se afianza esa imagen de Conan como “viajero cargado de cicatrices”, alguien que ya no es el joven bárbaro que descubrimos en los primeros números, sino un hombre moldeado por la traición y la pérdida, que observa el mundo con un cansancio que nunca lo detiene.
El apartado gráfico, una vez más, merece ser destacado. John Buscema continúa siendo el gran arquitecto visual de Conan: sus páginas derrochan dinamismo, fuerza anatómica y una claridad narrativa que todavía hoy resulta ejemplar, y medio siglo después sigue siendo el referente del personaje. Pero la presencia de Howard Chaykin en el número 83 aporta un registro diferente, más tosco y atmosférico, que se ajusta bien al tono siniestro del guion. Ese contraste entre el trazo académico de Buscema y el trazo más sucio de Chaykin contribuye a que el tomo tenga una riqueza visual que va más allá de la uniformidad.

Biblioteca Conan el Bárbaro 15 es, en definitiva, un tomo quizás menos celebrado que otros, pero lleno de matices. Aquí no encontraremos a Conan coronándose rey ni liderando grandes ejércitos, sino al Conan errante, superviviente, enfrentado a lo desconocido y lo arcano. Es un recordatorio de que la fuerza del personaje reside en esa capacidad de atravesar cualquier escenario, de adaptarse a la traición y a lo imposible, siempre con la espada en la mano y la desconfianza en el corazón.


