– Lamastelle, ¿has terminado y subido a la web la reseña de Bartleby, el escribiente? – Preferiría no hacerlo. – No, no, de eso... Bartleby, el escribiente

– Lamastelle, ¿has terminado y subido a la web la reseña de Bartleby, el escribiente?

– Preferiría no hacerlo.

– No, no, de eso nada. No me digas que vas a pasarte toda la reseña haciendo chistes absurdos con la frasecita de marras…

– Preferiría no hacerlo.

– ¡Seguridaaad!

Saludos, mis queridos lectores. He tardado un poco porque tuve que ayudar a darle los calmantes al Editor Jefe Supremo. El pobre está cada día más de los nervios. Pobre. Me han dicho que antes no era así…

Tenemos hoy la reseña de la adaptación que Munuera ha hecho de uno de los cuentos del autor de Moby Dick.

¿Y de qué va este cuento sobre un escribiente en la Nueva York del siglo XIX. Pues realmente nadie lo sabe. Estamos ante una de esas historias algo absurdas (es decir, que pertenecen a géneros como el teatro del absurdo) que se han escrito más para hacernos pensar sobre ellas que para contarnos algo.

Un abogado perfectamente integrado en un sistema de trabajo más bien distópico (y tristemente muy realista e histórico) se encuentra con un hombre que preferiría no trabajar. La historia cuenta lo que pasa y poco más. No se nos explica porquese  prefiere no hacerlo.

La obra original es de mediados del siglo XIX, pero podríamos adaptarla sin demasiados problemas a ciertos trabajos de hoy en día. ¿Estamos ante una crítica social? Muy posiblemente. ¿Estamos ante una sátira, exagerando personajes y actitudes? También podría ser.

Además de los habitantes (empleo esta palabra con plena conciencia de su significado) de la oficina donde Bartleby trabaja (cuando quiere), veremos a amigos, conocidos y empleados de su jefe. Actuan tanto como contrapeso de los personajes principales como siendo testigos y a la vez instrumentos de la trama.

La historia es sencilla y lineal. Más de hacer pensar que otra cosa. Pero encontraremos guiñitos y comentarios curiosos. Curiosos para los lectores de hoy. Como un personaje de 1850 sorprendiendose… por poder encontrar fresas en esa época del año. Son detalles minúsculos, pero ayudan a integrarnos en la historia.

Nos metemos en la historia… en una historia que realmente no existe. Pero Munuera consigue con unas simples pinceladas que nos lo parezca. Vamos por una calle sin importancia que podría ser Wall Street o la Novena Avenida. Pero vemos personas que desvían nuestra mirada de los dos personajes que solamente van charlando. Hay un escenario que los rodea.

Esto es algo que no solamente sucede a nivel de guión, sino que se repite con el dibujo. Los personajes están claramente diseñados y destacan en un fondo casi minimalista. De esa forma se refuerza la historia, la relación entre jefe y empleado. Sin remarcar ni lugar ni época. Hay un aura de irrealidad, de intemporalidad que rodea toda la historia de Bartleby.

Una irrealidad que me ha recordado por momentos a cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, y se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

El uso de los difuminados por parte del autor es grandioso. Sin ocultar los detalles contribuye a ese aire de fábula extraña que desprende toda la historia. Y aquí y allá personajes más definidos, más visibles. Recordándonos que esa fábula tiene lugar en un mundo mayor aunque sin demasiada importancia.

El color es algo que le debemos a Sedyas. Afortunadamente, prefirió si hacerlo.

Y quisiera aconsejaros que tras la lectura de este tomo, volváis a revisar la interesante y enigmática portada.

La edición de Astiberri incluye dos artículos sobre la obra y su significado. Tendremos además una sección de bocetos y estudios de personajes.

Destaco también el papel. Poroso y sin satinado, con un olor a libro antiguo muy agradable.

¿Por qué leer Bartleby, el escribiente?

Una manera de conocer la historia original. El dibujo de Munuera. El uso del color.

¿Por qué no leer Bartleby, el escribiente?

Es una historia que puede que no te enganche.

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Lamastelle

Lamastelle

Aprendió a leer para viajar con el Capitán Trueno. Ha navegado por los mares del tebeo europeo, americano y japonés. Ha visitado la Luna y guiado un velero por los canales de Marte. Pilotó a Mazinguer Z. Defendió la Tierra de mil invasiones. Ha comandado naves entre mundos. Ahora, en su villa situada en una isla sin nombre, disfruta de su biblioteca y reseña para ELHDLT.

  • Pablo

    3 septiembre 2021 #1 Author

    Muy buena reseña!

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