Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Artificial, de María Llovet

Artificial, de María Llovet
Guion
María Llovet
Dibujo
María Llovet
Formato
Cartoné. 112 páginas. Color
Precio
25€
Editorial
Norma Editorial . Mayo 2026
Edición original
Artificial #1-4 (Image)

Así, casi un poco sin darnos cuenta, son ya 15 años desde que María Llovet comenzó a publicar como autora completa con aquel Eros/psique, que pudimos ver de nuevo hace poco. Tal vez por eso sea ya redundante mencionar a esta autora como claro exponente de estos últimos tiempos donde las escuelas europea, japonesa y americana se fusionan. Sin embargo, de seguir hibridando podríamos decir que va la cosa en Artificial, el último de sus trabajos que nos llega a España, aunque tal vez se trata de una mezcla un poco más inusitada en esta ocasión.

Aunque a los viejos —y recalco la O de «viejos»— nos cueste un poco, no nos queda más remedio que aceptar que vivimos unos días de Imperio del romantasy, una suerte de puesta al día/mestizaje entre la novela romántica clásica y la fantasía, que vive tiempos de auge gracias a las sagas literarias juveniles y su explosión en Asia. Con Artificial, María Llovet decide ir un paso más allá y añade la ciencia ficción a la ecuación, lo que al final resulta en una especie de mezcla entre ACOTAR y Black Mirror, por simplificarlo en un claim rápido.

Artificial, de María Llovet

Clara es una estilista de moda, que vive un bache amoroso. Es aquí donde entra en juego Date-X, una app de servicio de citas que proporciona una experiencia de ensueño con el amante que siempre habías deseado… aunque sea un androide. Spoiler: sale mal.

No son estos, en cualquier caso, todos los ingredientes de esta mezcla, a la que también podríamos añadir un poco de shojo de los 70 y 80 o clásicos como Westworld. No obstante, sobresale sobre el resto de componentes un interés manifiesto de Llovet por trabajar sobre el romantasy como género. Artificial no es solo su propio romantasy, sino también su visión del género desde fuera, desde la autoconciencia y la utilización de sus códigos a sabiendas de que lo son.

Artificial, de María Llovet

En un minuto, estaremos rodeados de rosas, chicos guapos y chicas guapas con rubor en las mejillas y, al siguiente, en una fábula acerca de las relaciones tóxicas. En un momento, estaremos permitiéndonos soñar y escapar de la monotonía de las relaciones reales mundanas y, al siguiente, se nos advertirá de los peligros de enamorarse de fantasías en lugar de personas. Una página nos situará en la inocencia de las sagas juveniles y, a la siguiente el tono, se pondrá calentito. A ratos, Llovet será Yumiko Igarashi, para ser después Milo Manara o Guido Crepax.

A María Llovet no le preocupa asomar sus referentes. Es más, aprovecha y juega con lo que conocemos de ellos. Se vale de la información en el imaginario colectivo, que los lectores ya conocemos de antemano, para potenciar mensajes, sensaciones o simplemente ahorrarse explicaciones. Así puede centrarse en que sus dibujos se dediquen al ritmo narrativo, a los matices emocionales y que la historia respire sin recurrir a exposiciones, solo a base de acción pura —no confundir con peleas— y drama desatado a través de emociones crudas de los personajes.

Y de acuerdo que claro que el drama en Artificial es —y perdonadme el chiste malo— artificioso e hiperbólico, pero es que se trata de contarnos por qué la fantasía es fantasía y la realidad es realidad. Por más que parezca perogrullo, a todos nos sobrarian ejemplos de que tal vez la línea no siempre termina de quedar clara y no parecemos aceptar que la fantasía lo es porque es imposible y no me hagáiis citar a toreros. La habilidad de Llovet es conseguir que la hipérbole conviva con el costumbrismo sin hacer evidente la línea divisoria y dejar que el lector juegue con ello.

Artificial, de María Llovet

Tal vez por su extensión y por la temática de superficie, Artificial resulta en una lectura algo más ligera que otras obras de Llovet, pero ya sabemos que, con esta autora catalana siempre hay más chicha de la que parece. Más allá del dibujo, la propuesta aparentemente amable, y el cierto cariño con el que Artificial mira las convenciones de la literatura romántica, esta obra no está exenta de una dosis de mala leche contra muchos de los tópicos y estereotipos, tanto del género como de las propias relaciones románticas en sí.

Tal vez el nuevo auge del escapismo romántico, al final, no sea sino el fruto de un presente donde la tecnología convierte la realidad en un concepto más fluido cada día. Afortunadamente, historias como Artificial invitan a darle una vuelta.