Conocemos fundamentalmente la editorial Nuevo Nueve por su trabajo con el cómic europeo, pero lo cierto es que de vez en cuando nos sorprenden con pequeñas rarezas escogidas del otro lado del charco. Tal fue el caso de Little Bird y su spin off, Precious Metal, y es el turno ahora de Arca, de Van Jensen y Jesse Lonergan.
Parece así que la misión de Ricardo Esteban y su equipo con respecto al cómic americano es rebuscar entre aquellos creadores que pasan bajo los radares de otros editores españoles. Creadores sobre los que la crítica USA ya ha puesto el ojo, pero desconocidos o prácticamente en nuestro país. Sucedió con Darcy Van Poelgeest, flamante guionista de Doom Patrol, e Ian Bertram y sucede ahora con Van Jensen y Jesse Lonergan.
Van Jensen se dio a conocer con Pinocchio Vampire Slayer, obra con la que se ganó un devoto culto, que le valdría su salto a títulos más sonoros como Flash o Green Lantern. Jesse Lonergan, por su parte, es otro de esos autores malditos en España, que pese a haber sido nominado a un Eisner tiene un volumen de publicación en castellano bastante ridículo. Apenas una serie del universo de Hellboy, Miss Truesdale y la caída de Hiperbórea, y alguna historia corta. Inéditas quedan joyas como Hedra, Drome o Man’s Best y esperemos que su trabajo en Arca sirva para que alguien más se fije en él.
Arca es una historia de ciencia ficción muy clásica, que recuerda a montones de referentes célebres del género de la distopía. Se acercan los días en que el planeta Tierra se volverá inhabitable y un grupo de millonarios filántropos pondrá en marcha un proyecto para la supervivencia de la humanidad: una gigantesca nave-arca que buscará otro lugar habitable. Así, la nave se convierte durante generaciones en su propio ecosistema y su propia sociedad con castas y roles predesignados. Los ciudadanos son aquellos que pusieron en marcha el proyecto y que han logrado prolongar su longevidad, los ayudantes serán los cuerpos de seguridad y los colonos los adolescentes encargados de proveer todo lo que necesitan los tripulantes del Arca, que rotan de generación en generación con la promesa de convertirse en ciudadanos.
Si os digo que Arca bebe de clásicos como 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, La fuga de Logan o¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! , por más que luego haya una especie de tono a lo Solaris con estos referentes, el lector avispado ya se habrá percatado de que la supuesta filantropía de los poderosos tal vez no es lo que parece.
la chispa se encenderá cuando se despierte la sospecha en Effie, una de las colonas que en secreto ha aprendido a leer y toda la trama de Arca girará en torno desvelar los secretos que albergala nave.
La mayoría de los colonos han sido educados bajo el mensaje de arrimar el hombro que es lanzado desde las clases dirigentes, una especie de sociedad basada en esa especie de sentimiento de pertenencia, en los valores que podemos escuchar en los clásicos y cacareados mensajes de navidad del jefe en casi cualquier sitio que trabajéis. Pero funciona en la empresa y funciona en esta sociedad que nos pintan Van Jensen y Lonnergan, hasta que alguien la cuestiona.
De acuerdo que el mensaje de Arca no es nuevo y puede que haya a quien incluso le suene manido, pero tal vez, visto lo visto, convenga recordarlo de vez en cuando. A muchos podrá sonarnos el tratamiento de las clases dirigentes, o del funcionamiento de los órganos de inteligencia y represión y de obras además consagradas y podríamos decir que dentro del imaginario popular. Sin embargo, cada generación debería tener su propia historia en torno a este tipo de ideas y Arca es una historia absorbente, que pese a que suena conocida, funciona y mantiene el interés. No parece casual que la juventud ocupe un lugar troncal y su despertar a la realidad social sea en gran parte el centro de la historia.
Y cierto que para los más viejos y descreídos puede pecar de algún giro un tanto naif, pero más, se dirija al público que se dirija, este tipo de cosas es casi una especie de convención inherente a este tipo de subgénero. En cualquier caso, por competente que sea el enfoque y trabajo de Van Jensen, lo que hace especial a Arca está en el apartado gráfico y más concretamente en el apartado narrativo. Y es que a nivel de acabado, tal vez podríamos asemejar a Lonergan con un Daniel Warren Johnson primerizo, pero su atención y su fuerte nunca han estado ahí, sino en el plano narrativo y sobre todo en su particular juego con las rejillas. Si bien vemos una versión de Lonergan más comedida que en Drome o Hedra, siguen estando ahí esos retazos de Chris Ware o Seth, con sus grillas abigarradas pero sorprendentemente intuitivas y sugestivas. Si acaso, en Arca está un poco menos juguetón, ya que la historia no es suya y sabe deberse a la misma, pero también darle esa personalidad que sabe marcar la diferencia entre Arca y el resto de los millares de historias de ciencia ficción distópica..
Porque estas historias nunca pasan de moda, pero sobre todo por su arrolladora personalidad gráfica, Arca es uno de esos tebeos que a priori son de culto, pero que pueden funcionar muy bien entre el público más casual. Las historias como Arca nos recuerdan que aunque los tiempos cambien, demasiadas cosas permanecen inmóviles y casi inamovibles. Lo clásico conocido y lo innovador conviven en Arca y terminan por convertirla de algún modo en una obra congelada en el tiempo, lo lea quien lo lea y cuando lo lea.





