Es la hora de las tortas!!!

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Aprendiendo a caer

Aprendiendo a caer
Guion
Mikael Ross.
Dibujo
Mikael Ross.
Traducción
Esther Cruz Santaella.
Formato
Rústica con solapas, 128 págs, color. 23x27,5 cm.
Precio
23,90€.
Editorial
Reservoir Books. 2024.
Edición original
Der Umfall (Avant-garde).

El sello de Penguin Random House Reservoir Books se está especializando en traer obras con cuentagotas, pero asegurando que cada una de ellas tenga un alto interés por su calidad y por venir avalada por un éxito de crítica en su país de origen. Es el caso de Aprendiendo a caer, y doblemente, puesto que no solo ha gozado de un gran impacto en su Alemania natal, sino que ya ha sido traducida a más de 8 idiomas y acumulado varias nominaciones y premios. La obra nos presenta la interesante localidad de Neuerkerode, a poco más de 200 km de Berlín y que se ha convertido en un ejemplo mundial de integración social para discapacitados intelectuales.


La historia se centra en Noel, un joven discapacitado que vive con su madre. Cuando esta sufre un accidente, Noel será trasladado a Neuerkerode, donde tendrá que convivir con otras personas como él, y se le brindarán oportunidades para vivir en convivencia, con supervisión, pero dotándole de oportunidades para valerse por sí mismo. Allí conocerá lo que es la amistad, la confianza en otros… e incluso el amor. Aprendiendo a caer es una obra sin filtros, que muestra la realidad como es, y que propone una visión holística de la vida, el trabajo y el ocio para este tipo de personas.

Mikael Ross comenzó su carrera como diseñador de vestuario para la Ópera de Baviera, y poco después se formó en la Escuela Superior de Arte de Bruselas. Tras finalizar su formación publicó un par de obras junto a un compañero de la escuela, y poco después la Evangilsche Stiftung Neuerkerode le invitó a conocer de primera mano el proyecto. Ross estuvo conviviendo en esta comunidad durante dos años, y finalizó esta obra que hoy tenemos ya en nuestras librerías. Lejos de construir una historia edulcorada que abuse de la compasión por el «pobre discapacitado», Ross nos muestra su día a día, con sus dificultades, sus frustraciones y cómo pueden acabar integrándose en una comunidad, entablando relaciones sociales y consiguiendo una labor útil en la sociedad a través de trabajos adaptados para ellos.


La obra está estructurada en capítulos con su propio título y encabezado, aunque lo veo como algo más propio del estilo alemán que por propia necesidad, porque sin esos títulos, la obra no cambia ni un ápice. Es cierto que esos capítulos cuentan una escena concreta, pero no son atemporales, están integrados dentro de la misma historia que se nos está contando, y además se presenta como algo que tiene relación con lo que sucederá después, no son capítulos independientes precisamente. El hecho de carecer de ese tono edulcorado que decía, no la priva de sensibilidad, como podemos comprobar en la escena en que Noel encuentra a su madre tirada en el suelo sobre un charco de sangre, que es mostrada de un modo muy sutil y centrándose en el momento de impacto para el joven. Con la misma sensibilidad se tratan otros temas más adelante de la obra, utilizando la elipsis y los diálogos para mostrar el viaje de Noel como persona independiente.

El dibujo de Ross me ha recordado un poco al de algunas obras infantiles como Ariol, o incluso al de Bill Plympton, por ese estilo tan esquemático en cuanto al contorno y detalles de los personajes, pero mucha atención volcada en el sombreado y color a través de la técnica de plumeado. El color es muy parco en cromía, se apoya más en el uso de paletas muy limitadas, pero sabe encontrar la atención del lector a través de colores satinados o contrastes fuertes, cuando interesa.


En definitiva, Aprendiendo a caer es una obra que podríamos encuadrar dentro de la Medicina Gráfica, a medio camino entre Arrugas y Campeones. Nos presenta una comunidad de discapacitados intelectuales que consiguen vivir en comunidad, relacionarse entre ellos y tener un papel activo en su localidad. Muestra sus vidas con exquisita sensibilidad, sin caer en la condescendencia, y construye un arco de personaje para su protagonista nada explícito, lo cual lo carga de realismo y veracidad. Invita a investigar más sobre este bonito proyecto y a empatizar con este tipo de personas. Se antoja como una de esas obras que, probablemente, no haga demasiado ruido mediático, pero que enamorará a todos los que nos dejamos atrapar por su lectura.

Lo mejor: Las escenas de la tormenta (por su calidad artística) y de la historia de Irma (por su sensibilidad). Sorprende el tono tan realista en una historia con que es muy fácil caer en la sensiblería.

Lo peor: El hecho de no tener una línea central clara y evidente, y tener ese tono de crónica de la comunidad puede echar para atrás a algún lector.

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