Suceder a Grant Morrison al frente de cualquier serie es, hablando en plata, una soberana putada. En ocasiones es por la calidad de la... Animal Man: Born to be wild, de Peter Milligan

Suceder a Grant Morrison al frente de cualquier serie es, hablando en plata, una soberana putada. En ocasiones es por la calidad de la etapa del escritor escocés, como en el caso de X-Men (doce años después, sus números aún no han sido superados) o de Batman (serie en la que, a mi modo de ver, ha firmado una de las mejores etapas en la dilatada historia del personaje. Pero en otras, es por la situación en la que deja al personaje a su marcha. De este tipo, tenemos a la Doom Patrol, en la que Rachel Pollack tuvo que empezar con el Jefe revelado como un villano en la sombra y decapitado, Tempest muerto, Rebis y Crazy Jane fuera del grupo, viajando con Danny El Mundo, y con el cerebro de Robotman destrozado. Y luego está Animal Man.

La etapa del escritor escocés tuvo dos características principales. La primera era el sorprendente final. Lo que nos habían camuflado como una historia de superhéroes y viajes en el tiempo, se revela en su tramo final como una historia metalingüística en la que personaje y guionista se enfrentan cara a cara. La segunda, el toque camp que tenía el personaje, convertido en vegetariano y defensor de los derechos de los animales como voz del propio guionista. Y, ante un final así, ¿qué opciones hay para seguir adelante?

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No era posible, por supuesto, explorar más la existencia ficticia de Buddy Baker. Y seguir con el espíritu animalista habría provocado inevitables comparaciones con la etapa anterior, más de las que ya hubo en su día. Así que el nuevo guionista, el nunca suficientemente valorado Peter Milligan, decide romper de raíz con los números anteriores y empezar de nuevo.

La historia

Empieza la historia con Buddy despertando de un coma. Durante los tres meses anteriores, algo le ha ocurrido que su mente se ha cerrado, y acaba de despertar. Pero el mundo en el que ha despertado… parece diferente. Ellen no lleva su característica melena de tono anaranjado, tiene el pelo corto y de color rojo vivo. Además, fuma y su madre está muerta. Bueno, son cambios que se podían haber producido durante el coma de Buddy… salvo por el hecho de que él recuerda hablar con su suegra posteriormente a la fecha en la que ha muerto. Eso podría parecer simple desorientación, pero cuando se empieza a hablar de la gira de regreso de Marvin Gaye, del juicio de Hitler y su posterior ejecución en la horca… algo ha cambiado. Y no sólo en el mundo que le rodea, algo ha cambiado en el propio Buddy.

En la anterior etapa, Animal Man era un héroe correcto. Moralmente superior. Tomaba los poderes del campo morfogenético animal y nada más. Ahora, además de las habilidades de los animales también adquiere alguna de sus costumbres. Y dado que la naturaleza es cruel, esta nueva encarnación de Buddy también lo es. Si adopta la fuerza y la agilidad de un tigre, no es de extrañar que le arranque el cuello a un caballo en público. Y tras tomar prestado el olfato de un perro, no es de extrañar que marque la entrada de su casa meando a la puerta. Podríamos decir que esta idea que esboza Milligan es en la que se basa la posterior etapa de Jamie Delano, desarrollándola mucho más en profundidad.

Los autores

El guión de Peter Milligan es correcto. No estamos, ni de lejos, ante una de sus mejores obras, pero es aceptable. Y aún distanciándose argumentalmente de la etapa previa, sí que homenajea a Grant Morrison. Pero no al Grant Morrison de Animal Man, sino al de Doom Patrol. Uno de los personajes que pululan por este arco argumental es Nowhere Man, un hombre molecularmente desplazado de diálogos incomprensibles al estilo de William Burroughs, con un toque surrealista que recuerda al mencionado grupo. De hecho, Nowhere Man nos puede recordar a los Men Of N.O.W.H.E.R.E. o al Mister Nobody de la Hermandad del Dadá.

A los lápices, en cinco de los seis números que abarca esta historia (#27-32) tenemos a Chas Truog, el mismo que estuvo al frente de la era Morrison. No es ni de lejos un buen dibujante, pero hay que reconocerle la claridad. Como curiosidad, el número 29 está dibujado por Steve Dillon en lo que fue su primer trabajo como dibujante en el mercado americano. Al acabar esta historia, Dillon se convertiría en el dibujante regular de la serie, con guiones de Tom Veitch, hasta el número 50.

La edición

Aún no hay ninguna edición en castellano de esta historia. Las únicas etapas publicadas en España de la serie clásica del personaje son la de Grant Morrison y la de Jamie Delano, habiendo un hueco de 24 números entre una y otra. La edición que tengo yo es la que ha sacado DC, recopilando las etapas Milligan/Truog y Veitch/Dillon en dos tomos, Born To Be Wild (#27-37) y The Meaning Of The Flesh (#38-50).

En resumen…

Hablemos claro: no es una saga especialmente memorable. Tiene ideas interesantes, como ya hemos mencionado, pero la verdad es que el principal atractivo que tiene es la satisfacción del completista. No se acerca ni de lejos a las etapas de Morrison y Delano, ni a la más reciente de Jeff Lemire. Pero si tienes un escozor en la parte de atrás de tu mente por ese hueco en tu colección, tienes la posibilidad de cerrar la serie con estos dos tomos, porque dudo muy seriamente que ECC se vaya a animar a editar unos tebeos con interés y comercialidad limitados. Como curiosidad, podemos señalar que la propia DC editó el tercer TPB de la era Morrison en 2003 y este tomo no vio la luz hasta 2013, con lo que ni siquiera la propia editorial lo terminaba de ver claro.

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Enrique

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