Vuelven a unirse en una obra Hervé Bourhis y Lucas Varela, después de colaborar en entretenida El labo y nos traen American Paranoia. La casa negra. En este tomo editado por La Cúpula encontramos el primer arco argumental formado por los dos primeros libros de una serie que en Francia ya ha visto publicado incluso uno más. Una obra diferente, marcada por su intencionalidad de ser una serie abierta, algo a lo que Lucas Varela no nos tiene acostumbrados y para lo que el artista argentino vuelve a adaptar su estilo a las necesidades de cada serie. Estamos ante una historia de género negro que incide mucho más en la caracterización de personajes que en la historia en sí, lo cual va a producir un extraño efecto, ya que es la típica historia de asesino misterioso y una detective que intenta resolver el caso.

La serie está ambientada en la San Francisco de 1967. La detective Kimberly Tyler llega a un cuerpo de policía en el que es la única mujer, algo que no le facilitará precisamente su labor como detective. Como compañero tendrá al teniente Ford, un perro viejo que se encarga de mantener a raya al resto de compañeros y que investiga con ella las misteriosas muertes con cadáveres repletos de símbolos satánicos que han ido apareciendo por la ciudad. Eso les lleva a investigar al Barón Yeval, líder de la Iglesia de Satán y un tipo del que no se sabe si es un mero charlatán que busca aprovecharse de los ricos aburridos de la ciudad o de verdad cree en lo que predica.
Lo interesante es que, a primera vista, estamos ante una historia que nos va a despertar numerosos déjà vus: poli novata en servicio asentado que no se lo pone fácil, la relación entre Kim y el Barón, con muchos elementos que nos van a recordar a la relación de Hannibal Lecter con Clarice Sterling; la típica historia de una chica entrando a un servicio formado exclusivamente por hombres… Pero pronto nos damos cuenta que los autores se han esmerado más en hacer un retrato de la sociedad americana de esa época y de crear un personaje protagonista con muchísimo trasfondo, y que el resto no es más que un vehículo para presentarnos a Kim.

No digo con esto que la trama de los asesinatos no tenga su interés, pero la dosificación de datos sobre la detective, una chica joven que se traslado a San Francisco y empieza de cero, con un pasado que solo vislumbra el peso de la figura de su padre por su reputación, acaba teniendo más interés que saber quién es el asesino y qué relación tiene con esa iglesia satanista. La relación entre la joven detective, con muchas más tablas de las que aparenta, con el locuaz Yeval también despierta muchísima curiosidad. Es un pulso continuo entre ambos, con giros por ir descubriendo que ella es más fuerte de lo que parece, o él tiene más información de la que aparenta, pero está muy equilibrado en la obra, y funciona genial. Es una constante: ninguno de los múltiples personajes de la obra es blanco o negro, todos tienen matices y sorprenden por su manera de actuar en algún momento.
En cuanto al dibujo, Varela garantiza sobriedad y un trazo limpio muy claro en su exposición, aunque no es tan conservador como en El labo. No llega a los niveles experimentales de otras de sus obras, pero sí añade algunas propuestas muy interesantes, como una página con el plano de la casa negra o algunas escenas de acción que destacan por lo bien expuestas que están. El color también es muy interesante, gracias a su ya habitual paleta muy limitada, que casi da una sensación de estar viendo un cómic en bitono anaranjado cuando es mucho más policromático de lo que aparenta. Pero con esa paleta lo que consigue es darnos la sensación de película antigua, y consigue ambientar muy bien la época.

En definitiva, American Paranoia. La casa negra es una historia de detectives en la que resulta mucho más atractivo ver cómo están construidos los personajes y su tridimensionalidad que la investigación en sí. Una historia que nos evocará a otras muchas similares, pero que está planteada de manera correcta y deja una interesante sensación de que la resolución de la investigación se ve condicionada por la personalidad de su detective. Acabas con la sensación de que, con otro detective, la cosa hubiera sido completamente diferente. Ambientación perfecta y mejor caracterización de personajes. En Francia ya ha salido el tercer libro, en el que Kim viajará a Nueva York: Manhattan Trauma.
Lo mejor: Los personajes. La exquisita pulcritud y corrección de Varela. Ver el peso que puede llegar a tener la exploración del personaje en la trama.
Lo peor: Si llegas a ella atraído por ser una historia de búsqueda de asesino en serie, y te ciñes a la trama, puede quedarse un poco corta.


