Menudo segundo volumen de Hay algo matando niños. Puede que no haya sido tan explosivo o tan cañero como su predecesor, pero, sin lugar... Hay algo matando niños volumen 2, de James Tynion IV y Werther Dell’Edera

Menudo segundo volumen de Hay algo matando niños. Puede que no haya sido tan explosivo o tan cañero como su predecesor, pero, sin lugar a dudas, creo que estamos ante una de las grandes series del momento. Y yendo un poco más allá (el tiempo lo dirá) creo que la obra de James Tynion IV marcará un antes y un después en el panorama del cómic de terror yanki.

Además, ya que hablamos de este género, del que soy un fan entusiasta, creo que en la última década ha perdido mucha fuerza. Queda muy lejos ese impulso provocado por Steve Niles a principios de siglo con 30 días de oscuridad, o por Robert Kirkman y sus Muertos Vivientes. No obstante, ahora estamos en pleno revival gracias también al sello Hill House Comics de DC Black Label o los múltiples trabajos de Cullen Bunn. Sin embargo, creo firmemente que Hay algo matando niños es una de esas escasas obras que acabarán trascendiendo su tiempo.

portada hay algo

El cómic de terror no es algo ajeno a James Tynion IV. Ya habíamos podido ver cómo se las ingeniaba en este tipo de historias en su obra, también para Boom!, The Woods. Actualmente también podemos ver su firma en The Department of Truth y en The Nice House on the Lake, por lo que podríamos decir que Tynion IV está viviendo un gran momento de efervescencia creativa. No obstante, dejemos de divagar y volvamos a ese pequeño y maldito pueblecito llamado Archer ‘s Peak.

Hay algo matando niños 2: Ampliando su propia mitología

La conclusión del tomo inicial de la serie nos dejó como resultado una falsa sensación de victoria debido a la muerte de una de las criaturas. Lo que poco podíamos imaginarnos es que era la madre, y todavía quedaban sueltas un buen puñado de crías. Esta circunstancia es aprovechada por James Tynion IV para coger aire y echar el freno para, de esta manera, detenerse en algunos detalles que pudieran haber quedado un poco cojos en los primeros números de la cabecera.

La continuación de Hay algo matando niños viene marcada por una mayor profundidad en el misterioso personaje de Erica Slaughter. Tynion ofrece nueva información con cuentagotas sobre sus habilidades y motivaciones, aprovechando además la ocasión para presentarnos a nuevos miembros de la orden a la que pertenece. Personajes todos ellos que sirven de conducto para transmitirnos la certeza de que estamos ante una serie en la que puede pasar cualquier cosa y que no debemos coger cariño a nadie en absoluto.

hay algo matando niños

Y es que para la premisa de Hay algo matando niños, el guionista optó por romper uno de los tabúes que rara vez se perturban en las historias de miedo, que no es otra que mostrar la muerte de los más pequeños de la casa. Tynion no solo coge ese principio y los destruye, sino que además quema sus cenizas y las entierra. Un punto de partida que demuestra que nada, absolutamente nada, es sagrado o intocable. Me quito el sombrero ante la forma que tiene el escritor de cogernos de la mano y meternos dentro de la historia, haciéndonos partícipes de una creciente sensación de tensión y de un nivel de amenaza cada vez mayor.

Uno de los capítulos finales de este segundo volumen contiene también una de las imágenes más brutas, perturbadoras y terroríficas de cuantas he visto o leído en los últimos años. Y es que una vez que sacas al genio de la lámpara ya no puedes volver a meterlo. Sospecho que este tomo es un balón de oxígeno para coger impulso para la traca que nos espera a partir de ahora. Por ese motivo, Tynion se ha detenido para mostrarnos el dolor que deja la ausencia de los fallecidos o lo que pasó la noche en la que James se convirtió en el único superviviente de las criaturas. Será mejor estar preparados, porque esta sí que es una serie en la que puede pasar cualquier cosa, sin trampa ni cartón.

hay algo matando niños

El dibujante Werther Dell’Edera contribuye a esta escalofriante fábula con un magistral trabajo de ambientación, especialmente en los pasajes de la historia que transcurren en el bosque, que a la postre se convierte casi en un personaje más de Hay algo matando niños. Gracias a su dominio de las sombras y a un trazo intencionadamente brusco consigue reflejar la sensación de misterio y amenaza que requiere el guion. Por contra, no terminan de encajarme las viñetas a doble página repletas de bocadillos, ya que, en mi opinión, restan dinamismo y fluidez a la lectura.

hay algo matando niños

En definitiva, una lectura obligatoria, de esas que una vez empiezas no paras hasta devorar el tomo completo. Deseando estoy de que salta el tercer tomo. De momento, Hay algo matando niños ha alcanzado su número veinte en Estados Unidos e incluso se está publicando un spin off en la plataforma online de Substack. Parece que queda mucha mecha por quemar. Todos ganamos.

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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