Miguel Gallardo lleva varios años ilustrándonos con este formato tan personal de diario en forma de cómic que tan bien le funciona. Bien sea... Algo extraño me pasó camino de casa

Miguel Gallardo lleva varios años ilustrándonos con este formato tan personal de diario en forma de cómic que tan bien le funciona. Bien sea alguno de sus viajes, solo o acompañado, bien sea para contarnos el día a día con su hija María, Gallardo abandona la ficción con la que comenzara en sus tiempo de Makoki  y El Víbora  y se decanta por contarnos su día a día, eso sí, sin abandonar su particular sentido del humor, y utilizando una serie de recursos gráficos que lo elevan por encima de la media de autores.


En esta ocasión, el diario se centra en su particular vivencia de cómo vivió la aparición de los síntomas, diagnóstico y tratamiento de un tumor cerebral, concretamente un glioma… ¡y en pleno comienzo de la pandemia! Este tipo de tumores es de los más frecuentes dentro de esta localización, y aunque los hay de muchos tipos y pronóstico, suelen tener una muy alta tasa de supervivencia tras el tratamiento. El problema con todos los tumores cerebrales es el efecto masa que producen dentro de una estructura que no tiene posibilidades de expansión, dada la limitación del cráneo. Eso provoca la aparición de muchos y variados síntomas: hablando para que todos lo puedan entender, es como tocar los cables de un motor.

Gallardo cuenta su experiencia en primera persona, con ese sentido del humor tan peculiar que en algunos momentos llega a dar hasta reparo de cómo se toma algunas cosas. Se trata de una obra muy sincera, solo pretende contar su experiencia, ni más ni menos. Ni tiene ningún espíritu de superación, ni tremendista, se limita a contar lo que le sucedió y cómo lo vivió, con la particularidad de que, si ya de por sí estamos ante una enfermedad que asusta y tiene el riesgo que tiene, le añadimos que el diagnóstico se realizó un mes antes del estallido de la pandemia en España y el alta hospitalaria la recibió en pleno confinamiento. El principal impulsor de esta obra fue Julián Sanz, al que está dedicada la obra. Él estaba atravesando una situación similar, y fue el que animó a Gallardo a llevarla a cabo aunque, por desgracia, no llegó a sobrevivir a la enfermedad y no llegó a ver la obra publicada.


El autor ya tiene una larga experiencia en esto de la Medicina gráfica, tanto por su famosa María y yo  o María cumple 20 años , en las que cuenta su vida con su hija autista; como también por ilustrar el epílogo de la obra de Olivia Rueda No sabes lo que me cuesta hablar de esto , donde la autora contaba su experiencia tras los síntomas producidos por una enfermedad neurológica que le produjo afasia (dificultad para comunicarse a través del lenguaje oral o escrito). Con tal bagaje, Gallardo acierta al contar lo justo, sin perderse en tecnicismos y teniendo muy claro que cuenta su propia vivencia, sin necesidad de profundizar en la explicación de lo que le sucede.

Donde esta obra brilla especialmente es en los recursos gráficos. Para empezar, Gallardo alterna trozos dibujados durante su propia experiencia y que se completan a posteriori, algo parecido a lo que hizo Pozla en su maravilloso De tripas y corazón , por lo que durante la lectura vamos a ver insertadas viñetas o ilustraciones con un acabado muy inferior al habitual, que realizó en plena convalecencia de la enfermedad. Igualmente la narrativa de la historia se vuelve confusa o divaga en algunos pasajes… como muestra de la confusión que atravesaba el propio autor como paciente.

Algunas imágenes o recursos son muy potentes a la hora de transmitir el concepto, como esa ilustración con el botón de encendido en la cabeza o una viñeta que me ha apasionado, en la que el autor define su espera en el box de urgencias de su primer ingreso conviriténdose en un reloj y con un «después de eso me quedo encerrado dentro de un reloj en un minuto eterno que no pasa» que resume y condensa la impotencia de esa eterna espera hasta saber los resultados de las pruebas…


En definitiva, una obra directa, efectiva y divertida en la que, una vez más, Miguel Gallardo muestra su experiencia en el mundo del cómic para conseguir transmitir su historia con brillantez. Una historia que, por otro lado, cuenta con el interés de conocer cómo vivió unos síntomas que a cualquiera asustarían y, lo que resulta aún más interesante, saber cómo vivió ese proceso durante el principio de la pandemia, con todo lo que ello conlleva. Una lectura muy enriquecedora, narrada con sentido del humor y una capacidad narrativa fabulosa.

Lo mejor: Lo bien contado que está. Algunos recursos gráficos me parecen brillantes y muy poderosos.

Lo peor: Si no te gusta el estilo autobiográfico de esta etapa del autor, va en esa misma línea.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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