Años 80. Oficinas de Kodansha en Japón. Editor: Pero, Sr. Otomo no puede dar un giro a la serie y hacer que Akira sea... Akira Edición Original 4, de Katsuhiro Otomo

Años 80. Oficinas de Kodansha en Japón.

Editor: Pero, Sr. Otomo no puede dar un giro a la serie y hacer que Akira sea una serie post-apocalíptica, porque esa ya era la premisa de base.

Otomo: ¿Cómo que no? Sujétame el cubata.

Algo así me imagino que fue la reunión creativa sobre Akira (si es que las había) cuando el maestro Katsuhiro Otomo arremetió la tarea de abordar la segunda mitad de su obra. Y es que si estáis leyendo esta reseña supongo que llevaréis al día la lectura de la estupenda reedición que está haciendo Norma de este mítico Shonen. De lo contrario ya estáis tardando, aunque vamos a intentar no soltar ningún spoiler, como es ley en Casa Tortas.

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A la vista del final del tomo anterior, toda la idiosincrasia de la serie ha sufrido un giro de 180º grados. Una evolución lógica si tenemos en cuenta la escalada en la barra de intensidad que Otomo estaba imprimiendo a la historia. Como resultado de esto, el tercer volumen nos regaló una de las secuencias de destrucción más impresionantes que haya podido ver el noveno arte.

Arranca la segunda mitad de Akira

Las reglas del juego han cambiado. Otomo ha decidido llevar su propuesta inicial al extremo, convirtiendo Neo Tokyo en una zona salvaje, mezcla de Mad Max y las explotation italianas de Lucio Fulci. La supervivencia y la ley del más fuerte imperan en las calles. La urbe está dividida en dos grandes facciones. Por un lado, tenemos a Akira y Tetsuo gobernando lo que viene a ser una secta en toda regla que les rinde culto; y por otro, hay un grupo de personas que todavía intentan salvar a algunos de los niños “especiales” que hemos visto en volúmenes anteriores.

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El mangaka echa un poco el freno en este volumen para tomarse su tiempo explicando el nuevo landscape de la serie. De paso también nos brinda unos cuantos flashbacks sobre el origen de los experimentos que dieron sus poderes a Akira o Tetsuo. Es este último el que protagoniza algunas de las escenas más escabrosas de todo lo que llevamos de obra. Aquí podremos observar una nueva dimensión de este villano involuntario que a buen seguro le hará torcer el gesto a más de uno.

Algo curioso que me ha sucedido leyendo este cuarto tomo de Akira es que, pese a la ausencia de Kaneda, los personajes de Kei y la Señora han cubierto su hueco de manera excelente. La presencia de personajes femeninos fuertes es notable a partir de esta entrega, algo que es bastante habitual en el Manga pero que por desgracia no suele aplicarse al resto de mercados.

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Si os soy sincero, no tengo ni la más remota idea de por donde van a ir los tiros. Este volumen marca un punto de inflexión con lo visto en el filme de 1988 (dirigido por el propio Otomo) ya que se detiene a explorar los personajes, elaborar más las tramas y sobre todo deleitarse en Neo Tokyo, cuya desolación y devastación la convierten por derecho propio en un protagonista más de la obra.

Por lo demás Otomo nos sigue dejando a todos con la boca abierta con su lección de narrativa y dominio de la perspectiva y la arquitectura. Su nivel de detalle es tal que incluso las páginas que a simple vista están menos elaboradas encierran un dominio del dibujo que quita el aliento. Otomo es de esos autores que se molestan en enseñar tanto lo que vemos, como lo que hay. Solo por el dibujo, Akira merece estar en todas las estanterías de cualquier lector que se precie.

 

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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