Abraham Martínez vuelve para hacernos reflexionar sobre nosotros y nuestra sociedad, esta vez, con un punto de partida filosófico sobre el determinismo. La clonación... A la tercera resucitó

Abraham Martínez vuelve en A la tercera resuitó a hacernos reflexionar sobre nosotros y nuestra sociedad, esta vez, con un punto de partida filosófico sobre el determinismo. La clonación de seres humanos es una realidad. Pero lo que nadie esperaba era que la ciencia resucitase a un monstruo. Un laboratorio especializado en el genoma humano anuncia el nacimiento del clon de uno de los mayores tiranos de la historia: Adolf Hitler. Esto genera una polémica sin precedentes y desencadena reacciones en todo el mundo. Pero, tal vez, lo que todos nos preguntamos es: ¿seremos determinados por nuestros genes o acaso por las expectativas del otro? ¿Será condenado Hitler a ser Hitler?

Lo que no se le puede negar a este tebeo es su capacidad para provocar. Provocar desde su impactante portada, con un Adolf Hitler a punto de besar a Josef Stalin, hasta su premisa, la de la clonación del dictador austrico. Bajo la excusa de la investigación científica, un laboratorio farmacéutico decide clonar el primer ser humano, que resultar ser el mismísimo Hitler. Según el portavoz del laboratorio, para investigar sobre el origen de la maldad, cuánto de ella es genético y cuánto influencia del entorno, etc. Podríamos argumentar que esta premisa busca la provocación sin más, porque Hitler es, en la cultura popular, el villano por excelencia. Considerado por muchos como el mayor genocida de la Historia, es en realidad el tercero: le superan, en número de muertes en su balance, los dos conocidos comunistas Mao Zedong y el mismo Stalin, y al propio Hitler le sigue muy de cerca el rey Leopolodo II de Bálgica, que la lio parda en su colonización del Congo (años después fue allí Tintin a hacerse selfies, pero de eso hablaremos otro día). El caso es que la elección de Hitler como protagonista de esta historia no responde a un ranking de maldad, sino al efecto mediático que produciría su clonación. Y precisamente, como la mayoría de actos efectistas mediáticos, enseguida se queda en nada.

a la tercera resucito

El punto de partida no podía ser más prometedor. El niño clonado, al que llamaron también Adolf Hitler, y que sería conocido por el pueblo como Hitler Junior, es criado por el laboratorio en el mayor de los secretismos, ocultando su identidad real al mundo exterior para evitar situaciones conflictivas. Después de todo, ¿qué padres querrían llevar a su hijo al mismo colegio en el que estudia un clon exacto de Adolf Hitler? Con un estilo de documental televisivo, registrando numerosas intervenciones y declaraciones de científicos, filósofos e intelectuales, Abraham Martínez elucubra sobre cómo sería un mundo en el que esto fuera posible. Opiniones a favor y en contra, y muchas más preguntas que respuestas, se van sucediendo a medida que avanzan los años y el joven Adolf Hitler se va haciendo mayor. Pero cuando parece que la historia está encauzada y nos acercamos a la parte interesante, con un Hitler Junior adulto que funda un partido político y se presenta a las elecciones, Martínez da un volantazo a la historia y escapa del monstruo que él mismo ha creado, como si le diera miedo continuar por ese camino. En su lugar, deja de hablar de las implicaciones morales y sociales de la clonación y se mete en el fango de las fake news y las postverdades. Un tema que podría haber dado suficiente material para otra historia se interpone en el avance de la premisa inicial y deja al lector en un coitus interruptus argumental. Tal vez la intención del autor fuera precisamente esa, la de analizar cómo las fake news se meten en nuestras casas camufladas entre las noticias reales hasta el punto de que casi hacemos más caso de historias excandalosamente inverosímiles que de las auténticas. Pero es una lástima dejar al lector con las ganas de ver el desenlace de la trama del joven Hitler.

Gráficamente, siento hacia este dibujante dos opiniones enfrentadas: por un lado, la simplicidad de su trazo me parece de lo más adecuada para el estilo de bustos parlantes de este tebeo; pero por otro lado, la ausencia de fondos y lo artificial del color dan la sensación de amateurismo, que no hace sino acentuar la rigidez de las ilustraciones. Los personajes de Martínez combinan la ilusión de fotorrealismo con la exageración de rasgos faciales propia de la caricatura, pero la impresión resultante es como un pegote puesto sobre un fondo plano. Las figuras no interactúan con el fondo, y los personajes que comparten plano ni siquiera parecen estar ahí a la vez, sino que parece un fotomontaje obra de un aficionado. Pero el remate a todo esto proviene de la rotulación. No entiendo el recurso del uso de minúsculas en la tipografía, que no dificulta la lectura, pero al ser una fuente demasiado mecánica da la impresión de haber sido hecho por un adolescente con su ordenador de casa. Además, los bocadillos de texto son demasiado pequeños para el texto que los rellena. Las palabras están demasiado pegadas a los márgenes, con lo que el texto no respira, y esto sí dificulta la lectura.

a la tercera resucito

En resumidas cuentas, este A la tercera resucitó es un cómic con una premisa muy potente, pero una realización tanto artística como editorial muy defectuosa. El autor que tan gratamente nos sorprendió con Plutocracia pega aquí un patinazo que nos ha dejado con muy mal sabor de boca. Esperamos que se pueda corregir en sucesivas obras de este autor.

Compartir:

Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

No hay ningún comentario todavía.

Anímate a ser el primero en comentar.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com