Apuntad este nombre si aún no lo tenéis en vuestro radar: Deniz Camp. Este guionista de origen turco-filipino va a ser la próxima estrella del cómic americano, si es que sus Ultimates y su Absolute Martian Manhunter no lo han puesto ya en este lugar. Y la verdad es que su ascenso ha sido fulgurante, porque para cuando salió en USA este 20th Century Men en 2022, apenas tenía un puñado de historias cortas en su currículum.
Asoma la cabeza gracias al concurso de talentos que Mark Millar organiza en 2015 y del que resulta la historia de Starlight del Millarworld Annual 2016. Un par de especiales del día del cómic gratis, para Vault y Valiant, y una historia para la antología Ice Cream Man Presents Quarantine Comix Special — aún inédita en España— y, ni corto ni perezoso, se lanza con su compañero Stipan Morian a su primera serie larga para Image.
Morian es un artista de origen balcánico —no queda claro si bosnio o croata, ya que nació en una ciudad fronteriza cuando ambas eran Yugoslavia— y ya sabemos lo que eso significa. Algún día la ciencia me dará la razón y descubrirán la sustancia que hay en el agua de los Balcanes y que hace que todos sus dibujantes sean auténticas bestias pardas. Tal vez el motivo por el que no ha despuntado tanto como su compañero Camp es que, aparte de 20th Century Men, apenas tiene alguna portada, unas páginas sueltas en Los nuevos dioses de Ram V y, recientemente, acaba de anunciar Our Soot Stained Heart, una miniserie con Joni Hägg para Mad Cave, que saldrá en diciembre.
En definitiva, tenemos aquí dos desconocidos —aunque tengo muy claro que con un brillante futuro— con su propia serie creator-owned para Image, sin el trampolín de una gran franquicia o un éxito previo. Teniendo en cuenta que además 20th Century Men no es para nada un cómic amable, requiere de una actitud abierta y un cierto esfuerzo por parte del lector, se explica solo que haya tardado tres años en llegarnos.
20th Century Men es una especie de ucronía, un tebeo de ciencia ficción y política ficción. Nos vamos a 1987, durante la fase final de la Guerra de Afganistán, tal vez el último gran conflicto abierto de la Guerra Fría. En este mundo, sin embargo, cada bloque tiene sus propios superhéroes, lo cual lo cambia todo, a la par que proporciona la excusa de la trama y el motor de la historia. Pero no os dejéis engañar, porque Camp y Morian, sabedores del potencial metafórico de esta suerte de iconos pop superpoderosos, están mucho más interesados en este aspecto que en una historia de género al uso.
Seguiremos fundamentalmente a Estrella de hierro, el acorazado héroe soviético, en su periplo en suelo afgano en busca de su corazón robado —más o menos literalmente—, pero una de las principales características es que se trata de una obra coral y multinarrador. Además de Estrella de hierro, nuestra historia pasará por los prismas del mismísimo presidente de los Estados Unidos, cowboy y héroe de guerra, un periodista soviético con su propia visión, un científico americano y una mujer afgana, que parte como secundaria y se irá quedando con la historia.
No hay un viaje del héroe ni un vericueto de trama crucial en 20th Century Men. Esta obra es la historia de todas estas personas — y de unas cuantas más— sumidas en este conflicto. Cuesta, de hecho, ubicarnos al principio y saber qué demonios nos quieren contar Deniz Camp y Stipan Morian. Saltan atrás y adelante en el tiempo, cambian de estilo gráfico y narrativo, trasladan constantemente la voz del narrador… no se preocupa lo más mínimo en poner facilidades.
20th Century Men es también una esponja de influencias y, aún así, es también un tebeo con una sensibilidad personal y eminentemente actual. Se ha hablado de la influencia de Watchmen en este tebeo, pero podría apreciársele más incluso de otros cómics de Alan Moore, como Miracleman o Brought to Light. También se le advierten retazos de Dark Knight Returns o incluso alguna cierta similitud con los Proyectos Manhattan, ya tirando de referencias más actuales. Camp juega además a esa cierta densidad caótica de aquellos Peter Milligan o Jamie Delano de principios de los 90.
Y si hablamos de las influencias gráficas, aquí ya sí que están todas. Morian a veces es Frank Miller, a veces Bill Sienkiewicz, y otras Sam Kieth, Kyle Baker, Hermann, Moebius, Richard Corben, Enki Bilal… pero no una amalgama de todos ellos —que a veces también— sino que prácticamente en cada viñeta puede variar su registro gráfico y narrativo.
Es además 20th Century Men un tebeo planteado para plantear muchas preguntas y no sentirse obligado a responderlas todas. Todo esto crea una especie de lectura un tanto esquizofrénica, que sin duda alimenta el clima de conspiración que impera durante todo el tebeo. Tal vez, por momentos, nos hace asomar la duda sobre si no estarán pecando de esas obras primerizas que quieren ser demasiadas cosas a la vez y tampoco es que esté completamente libre de esto. Sin embargo, poco a poco, iremos viendo que a sus autores para nada se les pasa este hecho por alto, pero no tienen la más mínima intención de contenerse.
Constantemente cambia de género, de estilo, de punto de vista y personaje, genera montones de ruido y todo eso lo hace un tebeo un tanto complicado de leer, pese a que la estructura básica es una investigación clásica en la que una pista lleva a otra. Pero llegará un momento en que veremos que este arriesgado experimento no tiene nada de arbitrario y que probablemente no existe otro modo de llegar al punto al que nos quieren llevar ni de trasladar su discurso concreto.
Pero antes de intentar daros una idea del tipo de tebeo que me he terminado topando con 20th Century Men sin reventarlo en exceso, me gustaría retomar el concepto de ucronía y pararme en un aspecto concreto de este tebeo. Tomar un periodo o hecho histórico real y hacer con ello ciencia ficción es algo que lleva presente prácticamente desde que existe la ciencia ficción. Hay incluso géneros enteros, como el steampunk, basados en este tipo de cosas. No obstante, no son tantos los relatos que parten de la Historia de la segunda mitad del s.XX, obviamente por proximidad. Sin embargo, hablamos de que ya han pasado casi cuarenta años desde el momento en que nos ubica 20th Century Men y tenemos distancia para verla con perspectiva e incluso aplicarle una visión hasta cierto punto posmoderna a través de un discurso actual.
No hace tanto que hablábamos de todos modos de otro tebeo que habla de la Guerra Fría como origen de la actual era de las narrativas, si bien 20th Century Men es anterior y lo explora de otro modo. A día de hoy, hemos llegado a un punto en el que podemos ir más allá el discurso maniqueo de la maquinaria cultural americana con la que nos hemos educado y pararnos a pensar en algo tan simple como que si un bando es el malo, el otro no tiene por qué ser el bueno, y más en un conflicto como el de la Guerra Fría donde dos grandes naciones libraban una batalla que en ningún caso se dio en su propio territorio.
Bajo los nobles ideales de la utopía proletaria o del sueño americano, se desplegaba un violento juego de ajedrez donde pueblos enteros no fueron más que un tablero, una zona de guerra acallada, invisibilizada y perdida entre la cacofonía del cruce de narrativas. De cómo cada cual vende su historia, la solapa sobre cualquier cosa que haya antes y no está ni remotamente interesado en comprar ninguna otra es de lo que nos habla 20th Century Men. Deniz Camp y Stipan Morian nos sumergen en un caótico campo de batalla narrativo y visual, que nos permite revisitar y revisionar la Historia ya no tan cercana bajo el prisma de la ciencia ficción y tal vez dar voz a aquellos que no la tuvieron.





