1985 es el año en el que llega la muerte de la inocencia en el cómic superheroico norteamericano. En ese año da sus últimos... 100% Marvel HC. Longshot

1985 es el año en el que llega la muerte de la inocencia en el cómic superheroico norteamericano. En ese año da sus últimos coletazos la Bronze Age, y murieron en sus últimos meses Barry Allen, Supergirl y Jean DeWolff. A lo largo del año siguiente llegarían Watchmen, Batman: El regreso del Caballero Oscuro, Daredevil: Born Again o la Masacre Mutante, obras con una oscuridad que, mal entendida, acabaría dando lugar al grim and gritty noventero.

Pero también en 1985 llegó una de las obras más luminosas y optimistas de la década: Longshot, la serie en la que se presenta a uno de los personajes más queridos por el fandom de la franquicia mutante, dibujado por el fan favourite Arthur Adams. Una serie que ahora reedita Panini en tapa dura, treinta y cinco años después de su estreno, como complemento perfecto a los Omnigold en los que se está reeditando la etapa de Chris Claremont al frente de la Patrulla X. Vamos a ver qué tal le ha sentado el paso del tiempo…

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Los más veteranos recordamos esta historia con cariño desde su edición en el contenedor genérico Marvel Héroes de Fórum y su posterior recopilación en la serie Obras Maestras. Longshot es un personaje optimista, dinámico, carismático incluso en su amnesia, y con un diseño molón como pocos. Además, aquí es donde muchos descubrimos a Arthur Adams en su primer trabajo largo profesional. Y el entintador, Whilce Portacio, acabaría convertido también en una estrella como dibujante. En esta serie limitada -un formato que no era precisamente habitual en 1985-, la guionista Ann Nocenti nos presenta a un rubiales embutido en cuero negro , con cartucheras, bolsillos y cuchillos por todas partes, en una estética que sería muy popular años después, siendo esta serie en cierto modo precursora también del noventerismo. Longshot, como le llama la gente con la que se cruza porque él no recuerda nada, es un tipo con cuatro dedos en cada mano, un ojo brillante (de dónde sacaría Liefeld su idea para Cable…) y un poder que consiste en que la suerte está de su lado (…y su idea para Dominó). El tema del personaje amnésico está muy trillado para no necesitar explicar el pasado de un personaje misterioso o de nueva creación (ahí tenemos a Lobezno, por ejemplo), pero hay que reconocerle un gran mérito a Ann Nocenti en este caso: la amnesia es un recurso coherente con la historia que nos cuenta. De hecho, hacia el final de la serie hace acto de presencia Mojo, gobernante supremo del mundo de procedencia de nuestro protagonista. La amnesia no es un truco vacío, sino una forma de dosificarnos la información que iremos recibiendo. Información que, según podemos ver en la sección de extras del tomo, está bastante definida en la propuesta inicial que Nocenti hizo a Marvel.

Pero si hay que alabar a la autora en la creación de personaje y conceptos, el guion en sí mismo hace bastantes aguas. Aparte de recurrir a sus tópicos más típicos sobre las maldades del capitalismo, la historia pega algunos bandazos bastante poco logrados poniendo el foco de atención en puntos totalmente secundarios, y los diálogos tienen momentos un tanto sonrojantes. Nada que no nos esperemos habiendo leído material de los 80 de Nocenti, por otro lado.

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Pero si bien en el guion no termina de brillar, Longshot nos deslumbra en la parte artística. Arthur Adams firma aquí su primer trabajo largo -previamente, sólo había hecho una historia de cinco páginas para un cómic 3D de Pacific Comics-, y aunque empieza un tanto anquilosado se le aprecia una mejoría notable a lo largo de los seis números de la miniserie. Quizás no tenga un acabado tan preciosista como en trabajos posteriores suyos, gracias en buena parte a las tintas de Whilce Portacio, que le dan un toque un tanto más sucio de lo habitual, pero a cambio le dan una fuerza y dinamismo que no se le aprecian en otros trabajos. Es, en definitiva, una obra imprescindible en las estanterías de cualquier seguidor de Adams.

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Aunque en los últimos años Longshot no tenga la popularidad que tuvo en los 80 y 90, esta serie, con sus fallos, sus aciertos, sus luces y sus sombras, sigue siendo una lectura tremendamente agradable. Que el personaje sea tan positivo, tan alegre y tenga tan buen fondo hace que sumergirte en las primeras andanzas de Longshot, Perrito y Rita Carambola te deje una sonrisa de oreja a oreja. Y que el personaje mole tanto hizo que, sin haber ni la más mínima referencia a los mutantes en su presentación en sociedad, Chris Claremont se lo llevara a sus X-Men en 1986 y se quedara allí una larga temporada.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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