Antonio Altarriba y Keko continúan con su particular trilogía que busca mostrar el lado más oscuro y miserable del ser humano. Tras Yo, asesino... Yo, loco de Antonio Altarriba y Keko

Antonio Altarriba y Keko continúan con su particular trilogía que busca mostrar el lado más oscuro y miserable del ser humano. Tras Yo, asesino nos traen Yo, loco, una obra que gira en torno a la enfermedad mental pero que en el fondo es una denuncia de la manipulación de un tema tan importante como la salud por parte de parte de la industria farmacéutica. Publicado originalmente en Francia bajo el sello Éditions Denoël, podemos disfrutar de ellas en España gracias a Norma Editorial.


Ángel Molinos trabaja para la empresa Otrament, acrónimo de Observatorio de TRAstornos MENTales, elaborando perfiles psicológicos que buscan crear nuevas patologías susceptibles de nuevos tratamientos farmacológicos. Molinos tiene un pasado complejo, con una relación muy frágil con su familia, y cuando comienza a verse inmerso en las propias luchas internas de la compañía, y desaparezca un compañero de trabajo, se verá expuesto a una tensión que no todos sabemos gestionar igual…

Si Yo, asesino me pareció interesante y con un tono muy personal, Yo, loco me ha sorprendido, porque iba ya sobre aviso de lo que podía esperar y aún así me he encontrado un tono de historia que no imaginaba en absoluto. Si la primera era mucho más introvertida, con un protagonista (que por cierto hace un par de cameos en esta historia) encerrado en su mundo, aquí el protagonista está en continua relación con el exterior. Con una personalidad similar, este está más obligado al contacto externo, ya sea por una empresa gigante que obliga a realizar un trabajo de equipo, como por el pasado que reaparecerá en su vida cuando sus padres sean desahuciados.

Me parece sumamente hábil cómo construye Altarriba la personalidad de Molinos, cómo aprovecha esa inercia de los que ya hemos leído la anterior obra para ir presentando situaciones que no esperamos. Lo que nos muestra de su pasado nos ayuda a comprender mejor cómo ha llegado a convertirse en esa persona ordenada, suspicaz, asexual (o apotisexual, como él mismo se define) y con una inestabilidad anímica que lo hace estar al límite si se expone a cierta tensión. No llega a rebasar en ningún momento su concepto de la legalidad, como el Enrique de Yo, asesino, e incluso es algo que cierto personaje en un momento determinado le llegará a recriminar.


El tono de la obra es suficientemente ficticio como para no mostrar un ataque directo a la industria farmacéutica, aunque plantea ciertos aspectos que pueden hacernos reflexionar, y mucho. De hecho, no se molestan en ocultar demasiado las referencias reales: Pifzer pasa a llamarse Pfizin (incluso mantiene su logotipo) y Novartis se convierte en Avartis. No obstante, aunque sea una exageración y nos planteen esta malvada combinación entre Otravent y una corporación gigante mundial de manera casi de un modo estereotípico… cierta reflexión y suspicacia van a levantar en el lector y en muchas ocasiones vamos a fruncir el ceño pensando que algunas de esas bizarras reuniones proponiendo nuevas patologías… podrían ser más que reales.

El dibujo de Keko sigue siendo otro de los puntos fuertes de la trilogía. Un dibujo en bitono con unas masas de negro pesadísimas que contribuyen a dar ese tono continuo de opresión que siente el personaje. Un personaje con rasgos anguloso que nos encajan perfectamente con esa personalidad obsesiva y esa inestabilidad que muestra en todo momento. El dibujo ayuda mucho a mostrar ese camino que va labrando la historia de personaje a punto de perder el control, al igual que sucedía en la primera parte de esta trilogía. Muestra a un protagonista del que, si no supiéramos más por la historia, ya nos despertaría muchas sensaciones que luego la lectura nos confirma. Y eso contribuye mucho a sembrar la duda durante toda la obra de si estamos ante un problema real o el personaje se está dejando llevar por su mente al más puro estilo teoría de la conspiración.


Y el tema del bitono está muy bien introducido en esta obra. En Yo, loco, el color pasa de rojo a amarillo. Y el amarillo siempre se nos va a mostrar como un rasgo de locura o de algún factor que pueda predisponer a ella, bien sea la luna, la restricción a ciertas zonas en Otravent o incluso el sexo de una compañera. Es una locura que puede ir de una reflejo en los ojos a abarcar todo el cuerpo de un personaje, y está utilizado con mucha sutilidad y acierto.

En definitiva, Yo, loco.

Un thriller apasionante, con muchas subtramas que contribuyen a dar un volumen inusual a este tipo de obras. No solo tenemos la trama empresarial propiamente dicha, con todas sus luchas internas entre peces gordos y cómo se vulnera sin pudor la ética profesional, sino que también vamos a tener la de la desaparición del compañero y las escenas que nos llevan a ver una persona con trazas de un síndrome de estrés postraumático por malos tratos sufridos y presenciados durante la infancia y la vivencia de falta de aceptación en una población pequeña por ser algo diferente. Una obra con muchos matices y un ritmo que, sin llegar a ser trepidante, ni siquiera ágil en ningún momento, resulta absolutamente magnético y ha sido una lectura que se me ha pasado volando. Me asombra la capacidad de mantener ese tono sosegado que incluso llega a ser denso en algunas partes donde predomina el diálogo, pero que mantiene una lectura sumamente entretenida en todo momento.

Tras Yo, asesino y Yo, loco vendrá Yo, mentiroso. Deseando leer este nuevo capítulo de una trilogía que de momento es extremadamente recomendable.

Lo mejor: Lo bien que mantiene un tono de inestabilidad progresiva en el personaje. El uso del bitono en esta obra concreta.

Lo peor: El miedo que produce el pensar que parte de la trama pueda tener una base real…

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YO, LOCO
Antonio Altarriba and Norma Editorial
Precio: EUR 18,90
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Yo, loco
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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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