Para el lector de cómics, una de las mejores consecuencias de la proliferación de películas de superhéroes es la reedición de material clásico del... Wonder Woman: La Verdadera Amazona, de Jill Thompson

Para el lector de cómics, una de las mejores consecuencias de la proliferación de películas de superhéroes es la reedición de material clásico del protagonista del estreno de turno y la creación de nuevas obras para aprovechar el tirón comercial del nuevo filón del mundo del cine. Hay gente a la que la apertura de los superhéroes al público generalista les ha provocado un cabreo hipster al tener que compartir «sus» personajes con gente que hace veinte años no los conocía de nada. ¿Para mí? Oye, si el estreno de una película de Wonder Woman (que igual hasta está bien, ya veremos) supone que se reediten la Wonder Woman de George Pérez en tapa dura o que se haga una novela gráfica dibujada por Jill Thompson, yo doy palmas con las orejas.

Wonder Woman La Verdadera Amazona de Jill Thompson

Contiene:Wonder Woman: The True Amazon USA
Guión:Jill Thompson
Dibujo:Jill Thompson
Formato: Cartoné, 136 páginas.
Precio: 15.95 €

La historia

En pocas palabras, podríamos decir que La Verdadera Amazona es a Wonder Woman lo que las películas a Zack Snyder fueron a Superman. No, no una porquería, no voy por ahí, aunque yo sea firme defensor de Batman v Superman. A lo que me refiero es a que retuerce el origen del personaje hasta hacerlo prácticamente irreconocible para, con una vuelta de tuerca, llegar al mismo icono que ya conocemos por un camino diferente.

En las mencionadas películas de Zack Snyder, Jonathan Kent no es un granjero bonachón que educa con sólidos valores desde su infancia a Clark Kent. En su lugar, tenemos a un cretino egoísta que piensa que la vida de unos niños no merece ser salvada con tal de que nadie descubra cierto secreto. Así, no es de extrañar que el Superman que vemos hacia el final de El Hombre de Acero sea un tipo que no se para a pensar los miles de personas que están muriendo mientras él se zurra con Zod por las calles de Metrópolis. Años después, El Amanecer de la Justicia vino a corregir esa aberración y a meter el heroismo y el sentido común en la cabeza de Superman a golpes. Y al final aprende. Por las malas, pero aprende.

La Verdadera Amazona es, en cierto modo, esa misma historia. Diana, la hija de la reina de Themyscira, es una niña adorable. Tan adorable que nadie le lleva la contraria en ningún momento desde su inmaculada concepción. El hecho de que sea la única niña entre las Amazonas y que sea la hija de la reina no ayuda a que nadie le diga que no puede hacer tal cosa o que se ha portado mal. Y con semejante educación, la niña sale como sale y crece como crece (nota: miedo me da cuando lleguen a adultos todos esos niños cuyos padres les están criando acostumbrados a que nunca se les dicen que no a nada), y cuando se convierte en adulta, es… exactamente, un ser insoportable, egoísta y malcriado.

Espera, ¿y cómo llegamos a una heroína como Wonder Woman partiendo de semejante material despreciable? En cierto modo, de la misma manera que Superman en las películas. Sus actos egoístas tienen unas consecuencias catastróficas en Isla Paraíso y se da cuenta de ello, y le toca asumir la responsabilidad de lo que ha hecho.

Evidentemente, estamos ante un tebeo fuera de continuidad. No habría estado mal que DC lo hubiera indicado poniendo el logo de Elseworlds en alguna parte, para que el lector no se sienta despistado al encararse con este planteamiento, aunque los veteranos del lugar se darán cuenta de ello rápidamente en cuanto vean la niñata insoportable que es la Diana que vemos aquí. Aún así, aunque esté totalmente alejado del icono que conocemos, es un interesante enfoque diferente.

En el aspecto puramente gráfico, hay que decir que Jill Thompson hace uno de los mejores trabajos de su carrera. En su faceta de ilustradora, podemos diferenciar tres estilos diferentes. El más clásico es el de línea estándar, con lápiz y tinta, al estilo de lo que hizo en el Sandman de Neil Gaiman o en Los Invisibles de Grant Morrison. El segundo sería el estilo manga, en el que ha publicado historias protagonizadas por Muerte, los Detectives Muertos, e incluso podríamos englobar aquí sus dos tomos de los Pequeños Eternos. Y el tercero, en el que está englobado este tomo, es el estilo pictórico, en el que sus acuarelas son el absoluto protagonista de la obra. En este último estilo hay que señalar también Los Animales de Burden Hill o La Bruja Madrina.

Jill Thompson

Jill es una artista nacida en 1966 en Forest Park, un pueblecito de 14000 habitantes en el estado de Illinois, junto al lago Michigan. Comenzó su carrera en el mundo del cómic en Comico (Elementals, de Bill Willingham) y First (Corum, Classics Illustrated), dando el salto a DC en 1990 en el número 45 de, precisamente, Wonder Woman, en un número editado por Karen Berger, coescrito por George Pérez y Mindy Newell y dibujado por Colleen Doran y Cyntha Martin además de ella misma. Como mencionábamos la semana pasada, una serie en la que la mujer tenía una presencia muy importante en el plano creativo.

Su nombre está fuertemente asociado al sello Vertigo, en el que ha puesto sus lápices en Sandman (serie de la que dibujó diez números, siendo una de las artistas que en más números de la serie trabajó), en Los Invisibles, Fábulas, The Dreaming, Finals… También hay que destacar sus obras de creación propia, las mencionadas Los Animales de Burden Hill y La Bruja Madrina.

En el plano personal, podemos señalar curiosidades como que es una apasionada de la jardinería, que está casada con el guionista Brian Azzarello (el cual me dijo hace años en Barcelona que jamás trabajarían juntos, que tienen estilos demasiado distintos) o que es la modelo detrás de su propia Bruja Madrina, de Duela Dent en Kingdom Come de Alex Ross o de Brunnhilda en El Anillo de los Nibelungos de P. Craig Russell.

En resumen…

Es muy de agradecer que los chicos de ECC, aprovechando la cercanía de la película, estén recuperando material de la mayor superheroína de todos los tiempos. Por algún motivo, es un personaje que no ha terminado de cuajar por nuestras tierras y tiene historias francamente buenas que han pasado demasiado desapercibidas. Quizás esta obra que hoy nos ocupa no sea una de esas legendarias, que cambian la percepción o la esencia del personaje, pero es un más que interesante experimento que no va a faltar ni en las estanterías de los seguidores de la Amazona ni en las de los completistas de Jill Thompson, que, dicho sea de paso, debería haber más.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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