La invasión de la Tierra fue solo el inicio de este grupo de héroes. Mientras Clive, Susan, Fawkes y los otros supervivientes de la... Wild’s End 2: El enemigo interior

La invasión de la Tierra fue solo el inicio de este grupo de héroes. Mientras Clive, Susan, Fawkes y los otros supervivientes de la invasión alienígena de Iglesia del Cuervo de Abajo (Lower Crowchurch) tratan de hacer frente a lo que acaba de pasar en su pequeña ciudad, los militares llegan en un intento de encubrir el “incidente”. Los residentes de la ciudad son inmediatamente detenidos, interrogados y tratados como sospechosos. ¿Son espías alienígenas, colaboradores, simpatizantes? Clive, Susan y los demás necesitarán escapar del encarcelamiento si quieren correr la voz y advertir al resto del mundo, antes de que los extraterrestres regresen.

La cosa empieza a ponerse interesante en la aldea de Iglesia del Cuervo de Abajo, con la llegada del ejército, que se comporta… como esperaríamos que se comportara el ejército en estos casos: secretismo, paranoia, obsesión por la seguridad nacional. Un comportamiento que, evidentemente, saca de quicio a los protagonistas, recluidos precisamente en la granja del potentado donde finalizaba el volumen anterior. Y como, según se decía en ese clásico llamado La Gran Evasión, el deber de todo prisionero de guerra es intentar fugarse, nuestros héroes se separarán al intentar escapar del confinamiento militar. Susan y Minks irán a la ciudad más cercana a hacer pública la información en todos los diarios posibles; Fawkes y el pequeño Alphie acomparán a los soldados a investigar el lugar del aterrizaje alienígena y Clive… se quedará en la granja. La división del grupo de protagonistas responde a la necesidad de contar con la presencia de al menos uno de ellos en cada uno de los frentes abiertos, pues es a través de sus ojos que se nos narra la historia.

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Una historia que cuenta ahora con invitados de excepción: dos escritores de ciencia ficción, polos opuestos en la representación del género. Uno de ellos es un afamado veterano, escritor legendario de ficción especulativa que basa sus textos en la ciencia plausible (más que ciencia ficción, es lo que se llama ficción científica); el otro es un popular autor de novelitas de romance y aventura galáctica, literatura lowbrow para las masas, que resulta ser alguien a quien ya se mencionó en el primer volumen: el ex-marido de Susan Peardew. Al presentar a estos dos personajes, el guionista Dan Abnett (TitanesAquaman: Inframundo) introduce una nada velada crítica a los autores de literatura barata, en contraposición a los clásicos del género. Lewis Cornfelt, el ex de Susan, es retratado como un petimetre pretencioso, ansioso por impresionar a todo el mundo con su talento y por que se reconozca su valía como escritor. Herbert Runciman, por otro lado, es el veterano escritor que se ha labrado una reputación a base de una escritura contenida y autoconsciente, más enfocado a lo que cuenta que a cómo lo cuenta. Ambos autores son dos caras de la misma moneda: la forma frente al fondo; el artificio narrativo frente a la solidez argumental. Una dualidad que también vemos en los cómics, y que tal vez Abnett pretende evidenciar aquí (en qué lado de la balanza caería él es algo que dejo a la valoración del lector).

Volviendo a los protagonistas originales del relato, vemos, como era de esperar, algo más de desarrollo del personaje de Clive Slipaway, oficial de la marina retirado, con un pasado trágico en la guerra que hasta ahora no habíamos tenido ocasión de explorar. Las pesadillas que empieza a sufrir Clive están relacionadas con algo que ocurrió durante su servicio en la marina (un ejército con barcos, como él lo define), pero empezamos a atisbar además una conexión con los eventos actuales, algo que enlazará con los descubrimientos de Fawkes en el bosque donde aterrizaron los alienígenas, y con lo que hallarán Susan y Minks a su llegada a la ciudad. Es sólo en el último tercio de este tomo cuando los alienígenas vuelven a hacer acto de presencia, con una ferocidad implacable ante la que el ejército poco puede hacer. Los dos primeros tercios de la obra están dedicados en exclusiva a presentar a los nuevos personajes, a establecer la situación de los protagonistas en la granja, y a procurar la necesaria separación del grupo, para ramificar la historia hacia los descubrimientos que el guionista quiere que hagamos.

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Decíamos en nuestra reseña del volumen anterior que Abnett peca de falta de originalidad, y es una crítica que sigo manteniendo. No obstante, este segundo tomo gana con la construcción y el desarrollo de los personajes, con el relato de su encarcelamiento en la granja por parte del ejército y con el clímax y el cliffhanger que nos deja en la última página. Wild’s End es una obra que avanza muy lentamente, tal vez demasiado. No sé si este ritmo es pretendido, para crear tensión y expectativas, o si realmente Abnett es incapaz de hacer que la trama avance con algo más de ritmo. Es como esas series que en EEUU te cuelan en temporadas de 24 episodios, mientras que la BBC te las sintetiza en menos de 10.

Afortunadamente, viendo los dibujos de Ian «I.N.J.» Culbard, todo esto se nos olvida. Culbard tiene la habilidad de dotar de personalidad, rasgos y expresiones a sus animales antropomórficos. Es difícil hacer que un gato sonría sin que deje de parecer un gato, pero este artista, frente a las limitaciones que supone trabajar con animales, cumple airoso con su cometido. Es digna de elogio también la solidez narrativa que plasma en sus páginas, en las que cada personaje está exactamente donde tiene que estar, el lenguaje corporal refleja con precisión la personalidad de cada uno, y la acción fluye entre viñetas de manera ejemplar. Tal vez sea impresión mía, pero una nota discordante en la sinfonía gráfica de la obra ha sido lo mal resueltas que están algunas transiciones entre escenas, con cortes tan bruscos que he tenido que releer algunos fragmentos para asegurarme de que no se había traspapelado ninguna página. Peccata minuta, en relación con el conjunto de la obra.

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La edición de Dolmen Editorial es, como suele ser habitual, de auténtico lujo, aunque, al igual que en el volumen anterior, habría de prestar un poco más de atención a la rotulación. El número de erratas se ha reducido drásticamente en comparación con lo que vimos en el primer tomo, pero aún se han escapado varias. En obras así no está de más una relectura por parte de una tercera persona para asegurarse de que los duendes de la imprenta no nos juegan malas pasadas. Puesto que la historia continúa, a ver si a la tercera va la vencida.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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