Cuando se define el concepto de «utopía» están incluidos los palabros «desear» e «imaginar», pero por ningún lado se indica que la meta sea... Reseña: Utopías, de Shun Umezawa

Cuando se define el concepto de «utopía» están incluidos los palabros «desear» e «imaginar», pero por ningún lado se indica que la meta sea inalcanzable. Simples definiciones. Sería más interesante hablar sobre los medios, los daños colaterales, o el indescifrable factor humano, y nada mejor que el tebeo, el medio que mejor «encaja los golpes» de largo, para remarcar las diferencias entre desear e imaginar en la definición de «utopía». Bueno, el tebeo, y un autor atrevido como Shun Umezawa, capaz de darnos una buena dosis de reflexiones que muchos no se atreverían a dejar pasar por el filtro del decoro y lo políticamente correcto.

Utopías 1

Con la publicación en dos entregas de Bajo un cielo como unos pantis, ECC Ediciones iniciaba en 2016 un recorrido por la obra del mangaka Shun Umezawa, que continúa con la publicación de Utopías, un compendio de historias cortas publicadas originalmente en 2006 por la editorial Shogakukan.

Todos los relatos que componen Utopías giran en torno a la perversión de alguna de las grandes metas de la sociedad moderna. Futuros en los que el ímpetu del ser humano por mejorar en cuanto a convivencia, derechos sociales y calidad de vida en general, ha provocado que nos pasemos de rosca ostensiblemente, provocando situaciones de sobreprotección, histeria colectiva, o simplemente, escenarios completamente ridículos desde una óptica actual. Y por todo esto no he podido evitar acordarme de Un mundo feliz de Aldous Huxley, novela en la que el progreso tecnológico traía la paz, pero también suponía el fin del arte…

… y por ende, de los tebeos. ¡NOOOOO!

El tomo arranca con una historia, Los días en los que estuve al servicio de la reina Naomi, que me llevó totalmente a confusión en mis primeras impresiones sobre el corte de la obra. En estas páginas iniciales, Umezawa construye un escenario en el que los niños sirven de herramienta de instrucción para una especie de dominatrix con la actitud de un cyborg —o de un humano tras una lobotomía— que servirán de apoyo a personas con «dificultades sexuales». Para más inri, que el niño de turno (esclavo) se preste a este cometido es todo un honor para su familia. Podría aventurarme a observar cierta crítica a la presión social porque los chavales y sus actividades se ajusten a los cánones establecidos, o simplemente contemplar el retrato de una sociedad que en su intento por cubrir las necesidades o trastornos de todos sus individuos —sexuales o de cualquier tipo—, ha llegado hasta este extremo; pero debo admitir que pensé que estaba ante un Shintaro Kago un poco más comedido. Estaba equivocado.

Una vez avanzas y descubres el resto de relatos, te das cuenta de que esa comparación no es demasiado acertada, salvo por la crítica social aplastada por un montón de locura, y el atrevimiento de ambos. Umezawa estira la piel de la realidad, mientras que Kago le provoca erupciones y sarpullidos. Tubo o Virus del odio son dos ejemplos muy representativos de lo que ofrece Utopías. En el primero, Tubo, estamos ante una sociedad que, una vez superada la guerra y sin ejército, se excede en la protección de sus ciudadanos (ofreciendo incluso la posibilidad de convocar manifestaciones a modo de placebo) y comienza a penalizar, tanto a nivel social como legal, la dejadez y falta de precaución con la integridad física de uno mismo. En Virus del odio, las altas esferas han logrado hacer creer al ciudadano de a pie, que el odio no deja de ser un virus contagioso con cura, para así poder llevar un mayor control de la violencia en la sociedad. Y estas dos son sólo un par de muestras de lo que encierra Utopías, donde también tienen cabida los relatos de amor, y ciertas pinceladas de humor.

Utopías 2

No entro a hablar en profundidad de Cuidado con el tren de tocones, porque aunque yo me he reído por lo exagerado de la situación, sé que puede provocar suspicacias y levantar alguna que otra ampolla. Como poco es atrevido.

Por cierto, Virus del odio fue adaptado para la televisión japonesa, aunque supongo que será complicado encontrar ese material entre los tentáculos de internet.

En resumen, manga repleto de ideas muy originales, con un desarrollo que, pese a ser un poco frío, es menos aséptico que el que acostumbra a tener este tipo de antología japonesa de relatos cortos —y me vuelvo a acordar de Kago—, y cuya principal virtud reside en la falta de filtros y mesura, para ofrecer conceptos que en la mayoría de creadores se quedan encerrados de por vida en ese rinconcito oscuro del que provienen.

Ni mis desvaríos ni Tomás Moro podrían resumir mejor Utopías que la siguiente línea de diálogo al final de Virus del odio:

«Un mundo humanizado lleno de violencia y sangre, o un mundo siniestro lleno de paz y felicidad. Dime, ¿cuál eliges tú?»

Utopías 3

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Utopías
Shun Umezawa and Ecc Ediciones
Precio: EUR 9,45

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

  • Magosto

    10 noviembre 2017 #1 Author

    Hola Jaime :
    Buena reseña , no conocía a este autor , la verdad es que de manga últimamente lo he dejado de lado, por no tener más horizontes abiertos en mis compras, pero leyendo la reseña me ha llamado la atención y creo q es un autor que me puede gustar mucho porque entra dentro de la línea q me gusta a mí , como es el señor Maruo , kago , Ito y mi referente español de esta temática y que prácticamente tengo todo de el , el señor Miguel Ángel Martín , que en breves sacará una antología con los trabajos q hizo para el diario de León .
    Bueno , pues nada ,ya me apunto a Umezawa para futuras compras ,menos mal q solo tiene 3 cómics editados aquí ….

  • Jaime G. Rueda

    11 noviembre 2017 #2 Author

    Gracias Magosto! Te entiendo, yo también tengo que cerrar frentes porque se me va de las manos.
    Si te gustan esos autores que nombras, creo que deberías echar un vistazo a Umezawa.
    No me impactó tanto como Kago, por motivos evidentes, pero creo que me gusta un poco más.
    Por cierto, me apunto lo de la antología de Miguel Ángel Martín.

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