Ya en 2015, en la reseña de 17, vivir, revivir, sobrevivir de Álex Santaló hablaba de Ian Williams y del movimiento Graphic Medicine, movimiento... Un mal médico

Ya en 2015, en la reseña de 17, vivir, revivir, sobrevivir de Álex Santaló hablaba de Ian Williams y del movimiento Graphic Medicine, movimiento que sirvió de inspiración para crear su contrapartida hispana Medicina gráfica, de la que tengo el orgullo de formar parte y de la que ya he hablado en anteriores ocasiones. Pues cinco años después de aquello ve la luz en España la primera obra publicada de Williams, Un mal médico. Y no es algo arbitrario, puesto que es la obra elegida por la recién nacida editorial SaludArte Ediciones para comenzar su, esperamos larga, carrera editorial. Y es que SaludArte es una rara avis, la primera editorial del mundo especializada en Medicina gráfica, y con un catálogo de títulos por venir que resultan más que interesantes. Está creada, además, por José Luis de la Fuente, otro miembro del grupo y que ha sido el impulsor del que será el I Máster Universitario en Medicina gráfica de todo el mundo. Si además tenemos en cuenta que la traducción de esta Un mal médico corre a cargo de Mónica Lalanda, la coordinadora del movimiento en nuestro país… todo queda en familia.

Pero centrándonos en la obra propiamente dicha estamos ante una historia muy interesante. Un mal médico cuenta el día a día de Iwan James, personaje con el que su autor nos cuenta fragmentos de su propia biografía y en la que a través de una serie de consultas aparentemente arbitrarias vamos a ir conociendo cómo es el trabajo de este médico y el tipo de consultas de las que se tiene que encargar a diario.


La elección de la fórmula narrativa es muy acertada, pues a través de pequeñas consultas vamos a ir descubriendo a Iwan, un tipo empático, que se esfuerza por sus pacientes y a los que intenta ayudar incluso si eso conlleva saltarse alguna norma ocasionalmente. La mayoría de las dolencias que ve James en su consulta son problemas psiquiátricos. Tal vez convenga hacer una aclaración de cómo es el sistema de salud británico en este punto. Es parecido, pero no igual. Allí son frecuentes los consultorios o sociedades de médicos, generalmente médicos de familia, que tienen una serie de citas y ven todo tipo de pacientes. Si hay que consultar algún especialista se hace de manera personalizada. Lo explico porque a tenor de los casos que aparecen en la obra, podría pensarse que el médico protagonista es psiquiatra, ya que la mayoría de los casos son de esa rama.

Y es que Williams usa con acierto las patologías «que le tocan ver» al médico protagonista para hablar de su propio mundo. Entre consulta y consulta, la obra inserta una serie de secuencias, correctamente diferenciadas estilísticamente, a modo de flahsback, y nos va contando los inicios del TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) del médico. No es un caso especialmente florido, pero sigue activo, y la manera en que está contada toda la obra dosifica la información de una manera brillante.

Otro acierto me ha parecido la elección de los personajes secundarios. Son muchos, pero cada uno de ellos cumple una función específica en la obra, y sirven para contar más del protagonista, el cual queda absolutamente retratado al llegar al final del cómic: conocemos su infancia, su evolución, sus dificultades, sus inicios laborales y sentimentales, la evolución de su propio matrimonio y la verdadera dimensión de sus sentimientos, sus inseguridades laborales, el miedo a verse reflejado en otros pacientes, e incluso el darse cuenta de que puede llegar a dar consejos que él no lleva a la práctica.


En cuanto al dibujo, Williams tiene un estilo sencillo, con una narrativa muy pausada, cierta predilección por una rejilla de 3×3 viñetas que va sufriendo alguna variación intencionada. Está planteada en blanco y negro, con sombreados y texturas en gris. Para las escenas de flashback se aprecia un estilo distinto, con texturas y sombras hechas con acuarelas, manteniendo la ausencia de color. Los impulsos de su enfermedad son mostrados a través de un efecto gráfico de lazos sobre ciertas imágenes e insertos de pensamientos entre viñetas.

La traducción corre a cargo de Mónica Lalanda, que ha sabido adaptar con mucho acierto algunos términos médicos, especialmente en lo que respecta a las diferencias del sistema de salud entre ambos países. Reconozco que algunas decisiones me sorprendieron inicialmente, pero al final de la obra se incluyen algunas aclaraciones sobre determinadas opciones en la traducción y no me ha quedado ninguna objeción que ponerle, incluso apoyo todas las que se han tomado, puesto que ayudan a comprender mejor la obra, sin faltar el respeto al sentido original que tenía. Lalanda ha ejercido gran parte de su carrera en el Reino Unido, por lo que sabe muy bien lo que se hacía con dichas decisiones.


En definitiva, Un mal médico es un análisis del Trastorno obsesivo compulsivo muy bien pensado. No se excede en la jerga médica, se hace una lectura tremendamente agradable y adictiva y plantea algunos recursos efectivos, sin caer en lo pretencioso. Obra altamente recomendable, y que cuenta con una secuela, La doctora, centrada esta vez en Lois, la compañera de Iwan, y que veremos próximamente publicada también por SaludArte Ediciones.

Lo mejor: La sutileza con la que está planteada la obra. Los pequeños guiños que revelan el friki que esconde Williams. Que sirva para presentarnos una editorial con la pasión y valor de SaludArte.

Lo peor: Lo que ha tardado en llegar a nuestro país.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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