Hola niños y niñas. Damos la bienvenida a nuestra nueva compañera, La Pequeña Delirio, cuya primera colaboración fue su interesante El Tebeo favorito...

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Hola niños y niñas. Damos la bienvenida a nuestra nueva compañera, La Pequeña Delirio, cuya primera colaboración fue su interesante El Tebeo favorito de.. dedicado a Muerte de Neil Gaiman. Sin más dilación, Un día de cómic en la Complutense.

 

Volver a la facultad años después de licenciarse una y con la tesis a medio cocer es un buen síntoma solo si el revival se sostiene sobre una filia, en este caso, los cómics. Eso fue lo que ocurrió el pasado miércoles. Armada con papel y bolígrafo, acudí a las Jornadas de Cómic de la Complutense. Si me preguntan qué fue lo que más llamó mi atención -además del elocuente cartel de Lucas Varela– sin duda, diré que la cantidad de mujeres entre el público. Una, que es cotilla por naturaleza, se asomó de refilón a algunos cuadernos y pudo ver que, además de futuras comunicólogas o periodistas, también se podían contar algunas dibujantes entre el público. Pero, más allá de este, por otra parte, subjetivo apunte de género, quisiera subrayar la calidad e interés de las conferencias. Compromiso y «actitud» -como diría Santiago García– de organizadores, asistentes y conferenciantes. Todo un placer en una facultad necesitada de estos “milagros”.

 

“Viñetas contra burócratas. La censura en el cómic” fue la conferencia que el enciclopédico Absence impartió a una audiencia legañosa, pero entregada a la causa. Imposible resistirse a los monstruos, el sexo y la sangre previos a La seducción del inocente de Fredric Wertham y al Comics Code. Vampiros, zombies y hombres lobo que fueron invitados a abandonar los cómics para después habitar el cine y la televisión. Un discurso narrativo apasionante el de este coleccionista incansable, nutrido de las anécdotas de The Ten Cent Plague de David Hajdu y sostenido por viñetas hiperbólicas, repletas de situaciones extremas que buscaron funcionar, tal y como apunta Absence, como divertimento, pero también como crítica. Para muestra, una viñeta, la del Breakdowns de Art Spiegelman, la misma cuya misión fue la de resumir el espíritu de esta conferencia y la sensación de muchos de los allí presentes: “¡Nunca habíais visto unos cómics así!”

 

La mesa redonda “Vivir del cómic en España hoy” caldeó los ánimos y dejó perlas impagables sobre la profesión de guionista y dibujante. Y es que, para vivir del cómic en este país, según Miguel Ángel Martín, o se diversifica la producción o el autor se dedica a otra cosa. Manel Fontdevila habló de «vivir dibujando» como meta; «mejor aún, vivir dibujando lo que quiero», matizó. Borja Crespo dijo «vivir de la imagen»; no solo del cómic, también del cine y de la ilustración. Así, y tal como precisó Hernán Migoya, «seamos dibujantes o guionistas, en el currículum está la respuesta». ¿Y esto, a qué se debe? Falta de industria. El cómic español como mercado menor, en comparación con el francés, el estadounidense o el japonés. Migoya clamó por más industria, porque sin ella «seguiremos haciendo mil cosas». Borja Crespo, por su parte, afirmó que «el que se lo curra y se lo busca, tendrá trabajo» asegurado; esto derivó al apasionante tema de los autores que tienen que trabajar fuera (Francia, Estados Unidos) porque en España no consiguen hacer lo que quieren. El difícil equilibrio entre autonomía artística y remuneración entró en escena para saltar al tema del colonialismo cultural y la crisis de identidad nacional («aceptamos lo de fuera y no queremos lo de dentro», comentó Migoya). Cerrando la sesión salió a relucir el término “novela gráfica”. Si es una excusa para legitimar regalos o una etiqueta que busca sacar al cómic de la llamada “baja cultura” no termina de quedar claro. Fontdevila dijo que era una etiqueta «que ahí está». Usarla o no queda en manos de los autores y las editoriales. Migoya al respecto dijo tener más en cuenta los fenómenos espontáneos, como la eclosión del manga entre el público femenino, que los dirigidos por las instituciones -sean estas prensa o editoriales-. Desde el público se plantearon cuestiones interesantes que se podrían resumir en si el mercado editorial sufre algún tipo de desorientación en relación al público que consume, sobre todo ahora, con la cacareada crisis a cuestas. ¿Nuevas fórmulas? Ahí puede estar la solución, solo que ahora toca encontrarlas.

 

La tercera sesión corrió a cargo de Noel Ceballos, conocido en la red como El Emperador de los Helados. Con su conferencia, titulada “Una gran responsabilidad: Poderes e inercias de las adaptaciones al cine del cómic superheroico” se metió al público en el bolsillo, en parte, debido a una evidencia que suele irritar a los fanáticos de los cómics: el cine y la televisión son los verdaderos medios de masas; el cómic es algo así como el nutriente -algo que comparte con la literatura-. Noel planteó un paseo histórico/crítico por el lado más colorido, primero, y más grave, después, del diálogo mantenido entre cine, televisión y cómic. Desde las primeras representaciones en cine y animación de Batman y Superman, pasando por el camp y el pop de las series de los setenta (se dejó en el tintero a la Wonder Woman protagonizada por Lynda Carter) hasta llegar a la seriedad de los noventa y el nuevo siglo -cuyo germen no fue otro que el Superman de Richard Donner-. Ya en el cambio de década, Marvel y DC parecen haber encontrado otro escenario donde poner a sus héroes en pie de guerra. Pero, entre la gravedad del Batman de los Nolan, la extrema literalidad del Watchmen de Zack Snyder y la diversión dosificada del Iron Man de Jon Favreau, la era Youtube clama por otra forma de representación del superhéroe, nos dice Noel. Experimentos fallidos como Spirit de Frank Miller o afortunadas adaptaciones, a sus ojos, –V de Vendetta, Ghost World-, junto el último intento de traslación perfecta –Watchmen-, nos llevan al que parece ser el siguiente paso en la evolución del superhéroe en el cine, o su destrucción: Kick-Ass. Tiempo al tiempo.

 

La última conferencia vino de la mano de Francesc CapdevilaMax– y sus “Cómics en la encrucijada”. El padre de Peter Punk habló de la copia, «que no plagio», como cadena de aprendizaje; de su ligera obsesión por matar a sus personajes antes de que se conviertan en iconos; de la ilusión que le hizo la primera vez que una de sus ilustraciones fue portada del New Yorker y de las motivaciones que impulsaron el nacimiento de “Nosotros somos los muertos”. Me pareció bastante significativo que la equis marque los puntos de inflexión de este autor que ve en el cómic el medio donde hacer lo que le apetece y en la ilustración el medio donde hacer lo que se debe, «como un profesional». Curiosa también su colaboración con la filósofa Maite Larrauri ilustrando libros juveniles sobre filosofía. Pero, si algo llamó mi atención, además de la anécdota tipográfica sobre Chris Ware, fue la certera declaración de principios de Max a favor del minimalismo: «Lo máximo a lo que puedo aspirar como dibujante es a conseguir expresar el máximo de emoción con el mínimo de líneas».

 

 

[El Tío Berni, que el pasado viernes formó parte de la mesa redonda sobre divulgación de estas jornadas, también acudió a la conferencia de Max. En Entrecómics podréis leer algunos extractos de la charla -magníficamente complementados con imágenes- incluyendo la, ya famosa, anécdota sobre Chris Ware.

 

También acudieron, en calidad de conferenciantes, Santiago García y Pepo Pérez, entre otros muchos profesionales del cómic en todas sus facetas (Antoni Guiral, Juanjo Sáez, Miguel Noguera, Marc Bernabé, Pepe Gálvez, Nacho Vigalondo, Óscar Palmer). En los blogs de ambos –Es muy de cómic y Mandorla-, y en el de la periodista Ana Boyero, podréis ver/leer otras crónicas, a la espera de que la organización -aplauso sonoro para la titánica labor liderada por Andrés Oliva y Daniel de Partearroyo– publique los videos de las jornadas en la red.]

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elisa.g

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