Las grandes obras de la historia del cómic tienen una presencia estable en las estanterías de las librerías especializadas. Independientemente de la editorial española... Y, el último hombre: Libro uno

Las grandes obras de la historia del cómic tienen una presencia estable en las estanterías de las librerías especializadas. Independientemente de la editorial española que tenga los derechos de la obra original, hay determinados títulos que siempre van a estar ahí. Sería extraño que no esté disponible en un formato u otro (o en varios simultáneamente) el Watchmen de Alan Moore, el Sandman de Neil Gaiman o tantas otras. Y parece que por fin está teniendo el reconocimiento que merecía Y, el último hombre de Brian K. Vaughan y Pia Guerra, que estrena una muy merecida edición en cartoné en la tercera editorial por la que pasa.

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Y, el último hombre

A estas alturas, prácticamente todo el mundo conoce la premisa argumental de Y, el último hombre. En un determinado momento, todo animal de sexo masculino del planeta fallece a la vez. Todo animal salvo Yorick Brown y su mono Ampersand. Así arranca una historia cuyo título tiene un triple significado. Por un lado, la Y es la inicial de Yorick, nuestro último hombre. Por otro, la Y es el cromosoma que diferencia a Yorick del resto de la población del planeta. Y la tercera, en inglés, “Y the last man” se pronuncia exactamente igual que “Why the last man“. Y la pregunta “¿por qué el último hombre?” es precisamente el macguffin, el misterio de fondo que tendremos a lo largo de la serie. ¿Qué es lo que ha hecho que todos los hombres mueran? ¿Y por qué ha sobrevivido Yorick? Bueno, Yorick y su mono.

En este primer volumen de la edición integral de ECC se incluyen los dos primeros arcos argumentales de la serie, Sin hombres y Ciclos.

Sin hombres

Y, el último hombre es una serie planteada a largo plazo desde el primer momento. No arranca sin un final en mente, con la idea de seguir adelante mientras aguanten las ventas (como ocurre, por ejemplo con Los muertos vivientes de Robert Kirkman), sino que tiene claro desde su inicio desde dónde viene y hasta dónde quiere llegar. Eso hace que se pueda permitir el lujo, con una apuesta a ciegas por el éxito de la serie, de hacer una larga presentación de situaciones y personajes que nos ocupa la práctica totalidad del primer arco argumental, siendo la primera mitad de este volumen una espléndida presentación de la distopía en la que se desarrolla la serie.

Así, conoceremos a Yorick Brown, un escapista inmaduro, inseguro y un tanto egocéntrico que no tiene claro qué quiere hacer con su vida más allá de comprometerse con Beth, su novia que está en Australia, a más de 10000 kilómetros. A una agente secreto que responde al nombre de 355. A la doctora Alison Mann, que confía en poder darle una oportunidad a la humanidad mediante la clonación. A una soldado israelí llamada Alter. Y a las Amazonas, un grupo de mujeres supremacistas trastonrnadas que practican la automutilación mitológica de las guerreras de las que toman su nombre. Qué sentido tiene un grupo misándrico en un mundo en el que -supuestamente- se han extinguido los hombres es algo que se me escapa un poco, eso sí.y el ultimo hombre pagina

De este volumen, quiero destacar la primera escena. La media hora previa a la extinción tiene una tensión agónica, más en las relecturas que en la primera toma de contacto. El saber que la catástrofe está llegando y ver cómo la gente vive los últimos minutos del mundo tal y como lo conocemos tiene un potencia impresionante. Ya tengo ganas de que llegue el piloto de la serie de televisión para ver cómo representan esta escena.

Ciclos

Con la trama de fondo planteada y los personajes protagonistas presentados, toca empezar el viaje de esta road movie postapocalíptica. Aunque Yorick empiece la serie siendo un capullo (no pun intended), poco a poco empiezas a cogerle cariño. En este tomo empieza el viaje del grupo hacia California, en busca de las investigaciones de la Doctora Mann. Y por el camino,  encontramos una de las primeras muestras de cómo se está montando la nueva sociedad post-emasculación. En un pueblo en mitad de la nada de Ohio, encontramos una pequeña comuna formada por mujeres que no son los extremos presentados en el primer tomo, sectarias asesinas o delicadas y débiles criaturas que no saben qué hacer en un mundo sin hombres.

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En este segundo arco argumental, la caracterización de rostros de Pia Guerra mejora notablemente. En una serie en la que no hay coloridos trajes de licra para distinguir unos personajes de otros, es un punto especialmente importante.

Ediciones previas

Hasta la llegada de ECC, ninguna editorial había lanzado una edición completa y en un único formato de esta serie. Norma empezó su edición en octubre de 2003, y llegó hasta el número 17 americano. Con el cambio de derechos, Planeta continuó en el punto en el que Norma lo había dejado en diciembre de 2005, llegando al final de la serie en febrero de 2009. Paralelamente, en octubre de 2006 relanza la serie desde el principio en el formato prestigio de 48 páginas mensual, cancelada en el nº 15, en diciembre de 2007. La primera edición en un formato estable es la de ECC en diez volúmenes en rústica, que ve la luz entre abril de 2013 y octubre de 2014. Así, ésta es la primera edición en cartoné en castellano, una edición de lujo que ya iba haciendo falta.

El último hombre y el machismo

Se ha acusado en alguna ocasión a la serie de Brian K. Vaughan de ser machista. Entre los motivos que se han expuesto están que varias de las mujeres actúan de una forma desquiciada, que el mundo se viene abajo en el momento en el que faltan los hombres y que hay una clara falta de liderazgo en la sociedad resultante.

Precisamente, esos mismos argumentos se pueden ver como una crítica al machismo que, todavía hoy y más aún en la época en la que esta serie arrancó hace más de quince años, existe en el mundo real.

La falta de liderazgo se percibe en el hecho de que, fallecido el Presidente de Estados Unidos, el cargo más alto en la línea sucesoria era la Secretaria de Agricultura. Vicepresidencia, Estado, Defensa, Tesoro… todos esos cargos, los importantes, estaban ocupados por hombres. Hoy en día, en España, estamos acostumbrados a ver mujeres en cargos importantes del Gobierno (salvo la asignatura pendiente de la Presidencia), pero a principios de 2002, las únicas mujeres que había en el gobierno eran Anna María Birulés, en Ciencia y Tecnología, Pilar del Castillo, en Educación, y Celia Villalobos, en Sanidad, estas dos últimas, competencias transferidas a las Comunidades Autónomas. En cambio, en el actual gobierno de Donald Trump, el cargo más importante ocupado por una mujer es Elaine Chao, la Secretaría de Transportes. Ni siquiera la de Agricultura.

Que la sociedad colapse tiene que ver también con el hecho de que hay una buena cantidad de profesiones que están prácticamente vetadas a las mujeres, no solo la política profesional. En Estados Unidos, las mujeres suponen tan sólo un 6% de los pilotos de avión. Un 7% de los investigadores científicos. Un 14% de los militares en activo. Un 2% de los bomberos. Un 20% de los programadores informáticos.

El hecho de que haya mujeres totalmente desquiciadas no quiere decir nada más que, con la mitad de la población muerta, han muerto tan sólo la mitad de los trastornados. También puede ayudar a perder los papeles el hecho de que mueran de golpe la mitad de las personas que conocía cualquiera de los personajes que viven en este mundo, la mitad de sus amigos, la mitad de sus seres queridos. Y, desde luego, la idea de que la vida animal en la Tierra acaba de ponerse en la recta final hacia la extinción tampoco ayuda.

(A ver, que sí, que tiene toques difícilmente defendibles, como el hecho de que las mujeres hayan sido incapaces de quitar de las autopistas los coches que conducían los hombres… pero en general gran parte de las reflexiones que plantea son perfectamente válidas)

El fin de una era

Y, el último hombre empieza su publicación en septiembre de 2002. Por aquella época, el sello Vertigo aún gozaba de una envidiable salud. Aún estaban en el mercado series como La cosa del pantano, Lucifer, Hellblazer o Fábulas, varios de los grandes iconos del sello. Pero tras el estreno de esta serie, los bombazos del sello creado por Karen Berger empezaron a ser cada vez menores. Sólo tres series aparecidas posteriormente llegaron a superar los sesenta números de Y el último hombre: DMZ, The Unwritten y American Vampire, sumando todos los volúmenes y miniseries, y una igualó esa marca, Scalped. No es que el sello adulto de DC acabara con esta serie, pero sí que su estrella empezó a declinar a partir de aquí.

En resumen…

A estas alturas, pocos lectores habrá que no tengan en su biblioteca personal clásicos del sello Vertigo como Sandman, La cosa del pantano o Predicador, por poner sólo algún ejemplo. Pero Y, el último hombre es una serie que no ha alcanzado las cotas de popularidad de las tres mencionadas, quizás porque han pasado tan sólo diez años desde su conclusión y aún no ha tenido tiempo de convertirse en un mito. Para hacernos una idea de la importancia del paso del tiempo, La cosa del pantano de Moore terminó su primera edición en castellano en febrero de 1992. No fue reeditada hasta octubre del 2000. Y no tuvo una edición en cartoné hasta 2011, casi veinte años después. Es el paso del tiempo lo que determina si una obra se convierte en un clásico imprescindible o no, y desde luego que Y, el último hombre tiene la calidad suficiente para conseguirlo.

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Y, el último hombre: Libro uno
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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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