Recuerda: un paranoico sólo es alguien que posee todos los datos. -Spider Jerusalem Durante los dos primeros años de Transmetropolitan, Warren Ellis había construído... Transmetropolitan, libro tres

Recuerda: un paranoico sólo es alguien que posee todos los datos.
-Spider Jerusalem

Durante los dos primeros años de Transmetropolitan, Warren Ellis había construído una distopía futurista tremendamente fascinante, y, como buen escritor de ciencia ficción, había usado ese entorno para repartir cera a diestro y siniestro en el mundo en el que vivimos. Había lanzado su abundante bilis sobre la clase política, le había caído algún que otro palo a las religiones organizadas, a la gente normal de a pie de calle… uno diría que, antes o después, Warren Ellis se iba a quedar sin blancos a los que apuntar. Pues oye, quizás si la serie hubiera seguido en el mercado desde hace veintitantos años podría haber sido el caso, pero teniendo en cuenta que terminó en cuanto el autor contó todo lo que quería contar, en ningún momento los objetivos de la pluma de Ellis dan la sensación de relleno. En particular, en este tercer volumen de la recopilación en formato de lujo que está haciendo ECC, los colectivos que reciben las iras de Jerusalem/Ellis son principalmente dos: policía y prensa. Vamos a por ellos.

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Cuand0 leí Transmet por primera vez, en la edición en prestigios de 48-72 páginas de Norma, tuve la sensación de que en esta parte central la serie levantaba el pie del acelerador después de haber estado yendo a tope desde el primer momento. Pero leyendo este tercer año de una sentada -insisto, es IMPOSIBLE dosificarse la lectura de esta serie- te das cuenta de un detalle: no nos abruma con la tremenda densidad de ideas nuevas que tuvo durante sus dos primeros años porque ya tiene suficiente material encima de la mesa y necesita desarrollar en profundidad las ideas planteadas. Tras la campaña y el proceso electoral vivido en El año del cabrón, Spider se ha ganado un enemigo. El nuevo presidente está decidido a hacerle la vida imposible al tipo que tanto le tocó las narices en el pasado, y ahora tiene acceso a todos los recursos que la presidencia pone a su alcance.

¿Y las críticas de turno? Oh, sí, están presentes, por supuesto. La brutalidad policial de ese mundo futuro es un claro reflejo de lo que ocurre en el mundo real, no perdamos de vista que el histórico caso de Rodney King había tenido lugar tan sólo seis años antes del comienzo de Transmet. Pero no sólo eso. El corporativismo de las fuerzas del orden hace que el proteccionismo entre los policías que retrata Ellis sea más importante que el Servir y Proteger al que supuestamente se dedican. El «que soy compañero», como dicen en ciertas partes del mundo.

Y, por supuesto, también hay leña para la prensa. Aunque el héroe -o quizás más bien antihéroe- de la historia sea un periodista, alguien que ha convertido la búsqueda de la verdad y su comunicación en su misión personal, nos deja bastante claro que el Cuarto Poder se ha convertido en lacayos del poder económico y político. En altavoces para las notas de prensa de los que mandan. En transmisores de ideas prefabricadas. En bustos parlantes que hacen preguntas pactadas en ruedas de prensa. Y no vamos a insinuar que eso ocurra en el mundo real, ¿no?

Espera, que me da la risa.

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De nuevo, toca ración de alabanzas al otro autor sin el cual Transmetropolitan no habría sido la joya que es: Darick Robertson. Tenemos en este tomo portadas de varios de los números americanos firmadas por otros autores de mayor fama que el dibujante titular de la serie, así como varios dibujantes invitados, y ninguna de las versiones alternativas que podemos ver aquí tienen ni la mitad de fuerza que la de Robertson.

La sección de extras de este tomo tiene especial interés para los que tenían la primera edición de Norma Editorial. Se incluye aquí I hate it here, uno de los dos especiales dedicados a recopilar las columnas que Spider Jerusalem publica periódicamente en La Palabra, cada una ilustrada  por autores de la talla de Glenn Fabry, Tim Bradstreet o Amanda Conner y que no vieron la luz en la primera edición.

transmetropolitan libro tres odio

Insistir una vez más en que Transmetropolitan es una de las grandes obras maestras del medio puede resultar repetitivo a estas alturas. Pero hay que ser conscientes de un dato: es una serie escrita por un guionista inglés para el mercado norteamericano en los años 90 con la que un lector español en 2020 se puede sentir absolutamente identificado. Es una serie que señala todo lo que está mal en la sociedad occidental, de forma universal y atemporal. Si en los transitorios pudimos ver a los inmigrantes, en la Orden D de este tercer tomo tenemos un claro ejemplo de Ley Mordaza, de las que hay unos cuantos ejemplos en el mundo civilizado. Y sí, nuestra Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana de 2015 es un ejemplo más. Con Transmetropolitan, Warren Ellis nos hace pensar que quizás el bello mundo en el que vivimos no sea tan bonito como nos gustaría pensar a veces. Y que igual apesta un poco más de la cuenta.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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