Las históricas raíces en comic-book de los TRANSFORMERS vuelven a presentarse aquí para el máximo disfrute cybertroniano. Recopilando los números 39 a 50, reúnete... Transformers Marvel USA 4

Las históricas raíces en comic-book de los TRANSFORMERS vuelven a presentarse aquí para el máximo disfrute cybertroniano. Recopilando los números 39 a 50, reúnete de nuevo con los AUTOBOTS y los DECEPTICONS, mientras su guerra se extiende por todo el cosmos. Recién remasterizadas y recoloreadas, estas historias vienen acompañadas por una introducción y anotaciones de los números recopilados, a cargo de Mark W. Bellomo.

Un año ha pasado desde la publicación del último volumen de esta colección, ya reseñado aquí, y en ese tiempo casi se nos ha olvidado de qué iba la historia hasta ahora. Recapitulemos: Optimus Prime y Megatron, líderes de los bandos autobot y decepticon, respectivamente, han fallecido. Sus lugares han sido ocupados por el dinobot Grimlock y el burócrata decepticon Ratbat, con personalidades diametralmente opuestas. Mientras que Grimlock es violento y autoritario, Ratbat es un chupatintas más preocupado por no salirse del presupuesto de combustible que de dirigir a su bando. Tanto autobots como decepticons iban a la deriva, con continuas escaramuzas que eran más una guerra de guerrillas, y constantes luchas de poder intestinas. En este volumen se enderezan un poco las cosas, puesto que la memoria de Optimus Prime ha sido conservada por un joven humano diseñador de videojuegos en un soporte físico: un disquete. El dibujo no es muy detallado, así que a juzgar por la época debía tratarse de un disco rígido de 3,5 pulgadas, que tenía una capacidad de almacenamiento de… ¡1,44 Mb! Los más jóvenes alucinarán con esto, pero en aquella época un disco de esta capacidad podía albergar varios juegos de ordenador. Es decir, que la memoria de Optimus Prime, el mejor guerrero y líder que han tenido los Autobots, cabía en un disco de poco más de 1Mb de capacidad. A eso se le llama… [voz de Matías Prats] optimizar el espacio. Gran parte de la historia de este volumen está dedicada a la reconstrucción del cuerpo de Optimus para que vuelva a ocupar su puesto como líder de los autobots.

Si los anteriores volúmenes contenían cómics que eran auténticos catálogos de juguetes Transformers, los 12 números contenidos en este cuarto tomo no son menos. Aquí tenemos, además de los ya conocidos Dinobots, Constructicons y compañía, los Headmasters (sus cabezas son pequeños Transformers independientes), los Targetmasters (sus armas son a su vez pequeños Transformers), los Powermasters (humanos que se han sometido a un proceso de automatización para convertirse en baterías andantes para robots), los Sharkticons (tiburones), Firecons (lanzallamas), Seacons (animales marinos), Predacons (depredadores), Terrorcons (no tengo palabras, a esas alturas ya me daba todo igual), Aerialbots (la gallina), TechnobotsThrottlebots… Y lo mejor de todo, los Pretenders: robots disfrazados de monstruos gigantes y que se abrían en longitudinal como un huevo Kinder (en la película La venganza de los caídos tienen un aspecto… más atractivo). Cada cómic era una pasarela para presentar a los personajes que iban a ir directos a las estanterías de las jugueterías. Era el ¡Hazte con todos! de los 80. Pokémon no ha inventado nada nuevo. Y como todos eran tan parecidos en su forma antropomorfa y el colorista tampoco se mató con los detalles, en las páginas de este cómic hay tal batiburrillo de personajes que hay que ser un verdadero experto en Transformers para diferenciarlos sin necesidad de que se les nombre.

Las historias contenidas en este volumen, pese a servir casi únicamente al propósito de vender muñequitos, son un verdadero despliegue de imaginación ochentera. Desde convertir la memoria digitalizada de Optimus Prime en un personaje de videojuego a crear un resort paradisíaco dirigido por Decepticons (y al que la gente va como quien va a Marina d’Or), pasando por un raza alienígena con mentes dirigidas por emisiones de series de televisión de los años 50 y un circo galáctico de varias pistas con payasos, trapecistas y atracciones de feria alienígenas. Todo esto que a nosotros nos suena tan kitsch era el pan nuestro de cada día para los jóvenes lectores de los 80. Después de todo, ¿qué niño de la época no querría correr aventuras acompañando a Optimus Prime, Goldbug, Blaster y compañía? El tomo se cierra con la saga de la Subbase, la legendaria base de datos que alberga la mayor cantidad de conocimiento y poder de la galaxia, y en la que tanto Autobots como Decepticons lucharán por conseguirla.

Los guiones corrieron a cargo, en su mayoría, del imaginativo Bob Budiansky (Ghost Rider, Sleepwalker), con ocasionales incursiones de otra leyenda de Marvel, Ralph Macchio. Don Daley y Tom DeFalco, los editores, hicieron lo que pudieron para conservar la coherencia y la consistencia con la película de animación de 1986, además de tratar de asegurarse de que cada robot tenía las medidas adecuadas, aunque a veces se les escapaba: no pocas veces hemos podido ver que la unión de varios Transformers en uno solo daba como resultado uno sólo ligeramente mayor que cada uno de ellos individualmente. Y la ciencia aún no ha podido explicar cómo Blaster, un robot de varios metros de altura y no pocas arrobas de peso podía transformarse en un radiocassette de tamaño estándar y que podía ser fácilmente transportado por una persona. Entre otras incongruencias. Pero hey, es un tebeo para niños, todo está permitido. El dibujo no destaca ni por lo bueno ni por lo malo. El dibujante argentino José Delbo (Detective Comics, Wonder Woman) se limita a hacer lo que le mandan, copiando los diseños de los robots a partir de las especificaciones de la compañía juguetera, y tratando de que los personajes sean lo más reconocibles posible. El horrible coloreado de Nel Yomtov no ayudaba en absoluto, utilizando colores planos y únicos para muchos de los personajes, con lo que distinguirlos en una página era toda una proeza. Para la batalla del número 41, Delbo dibujó a más de 120 Transformers diferentes. Se publicó en junio de 1988, con lo que las comparaciones con las escenas dibujadas por George Pérez para sus Crisis en Tierras Infinitas fueron inevitables. Y, evidentemente, Delbo llevaba las de perder.

Transformers es una de las franquicias jugueteras más longevas y exitosas. Creo que de aquella época, la única otra que ha seguido manteniendo cierta constancia y éxito ha sido la de las Tortugas Ninja. Numerosos filmes de imagen real, innumerables series de animación, cómics con crossovers con personajes de Marvel Comics, G. I. Joe o Star Trek y, sobre todo, incontables juguetes de todos los tamaños y combinaciones posibles han hecho de Transformers algo más de lo que tus ojos ven. La recopilación que hace Planeta Comic de estos tebeos ochenteros de la editorial Marvel se corresponde fielmente con la que hace IDW en EEUU, e incluye anotaciones en cada capítulo para poder a los lectores en antecedentes y añadir curiosas anécdotas que enriquecen la experiencia lectora. Si creciste en los 80 y no concibes tu infancia sin muñequitos, este cómic es para ti.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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