El cómic nació para ser un medio (o arte) de expresión impreso. A lo largo de estos últimos años, se ha borrado esa línea...

El cómic nació para ser un medio (o arte) de expresión impreso. A lo largo de estos últimos años, se ha borrado esa línea con la irrupción de Internet, creándose una serie de títulos realizados expresamente para ser leídos en la pantalla de un ordenador o tableta. Éxitos tan conocidos cómo The Private Eye o Rocketo realizados por autores consagrados del medio han ayudado a salvar ese miedo a la hora de encarar una obra que a priori no tiene cabida en un medio físico.

Pero no solo este empujón de calidad demuestra que un Webcómic es tan válido como uno impreso en papel. La libertad que profiere Internet en contenidos, en censura o falta de ella, pero sobre todo, en esa facilidad de llegar al mayor público posible, ha animado a muchos autores jóvenes (profesionales o amateurs) sin sitio en una editorial o simplemente por divertimento personal, ha poder publicar sus obras con un coste mínimo a través de la Red. Ahí tenemos obras patrias como El Vosque, Magia&Acero o Un día de Luna.

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Un Día de Luna como otro cualquiera habla de un mundo que podría no ser tan diferente del nuestro y donde la magia es digamos, explicita, cotidiana. Un acontecimiento inesperado llevará a Lunes, Lucas, Spartacus, Mario y todos los demás a una búsqueda que nos servirá para conocer mejor este mundillo. Si quieres saber más, acompaña a Lunes desde la primera página y si te comportas, tal vez le caigas bien.

Con estas mismas palabras presentan sus autores el Webcomic Un día de Luna, obra realizada a seis manos por Alain “Laintxo” Villacorta, Iván González y Alex Montaña, los dos primeros antiguos compañeros de Es la hora de las Tortas!!, siendo su primera obra completa hasta la fecha. Con una publicación de una página cada diez días y con la intención de publicar seis capítulos completos, previamente recogidos luego,  Un día de Luna todavía no ha llegado a su final (el quinto capítulo está finalizando en el momento de escribir estas líneas) y quedan muchas incógnitas por desvelar.

Un día de Luna nos presenta una Sociedad dominada por la Magia, que ha conseguido desplazar todo tipo de ciencia y religión previa, basando toda su tecnología, cultura, folklore y tradiciones en conjuros y elementos sobrenaturales, conllevando además que los humanos convivan con todo tipo de criaturas fantásticas derivadas de esta magia que envuelve el ambiente.

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Cada siete años se festeja el nacimiento de la nueva Era de la Humanidad tras la llega de la Magia, llamada la fiesta del Día de Luna. En vísperas de esta señala festividad, Medianoche el bar regentado por Luna y Gustave, un díscolo demonio (al menos en apariencia), recibe la visita de una amnesica adolescente llamada Lily que iniciará una serie de eventos que nos ayudaran a conocer esta peculiar sociedad basada en la Magia y a sus fascinantes habitantes, con sus secretos y miserias a partes iguales, para al término de nuestro viaje conocer el sentido que se esconde detrás del Día de Luna y el interés que despierta entre los altos poderes esa joven llamada Lily.

Con estas características, por otro lado muy deudoras de la literatura de fantasía o los cómics realizados por autores ingleses en décadas cercanas, Un día de Luna se acerca más a una obra personal que a un cómic popular al uso. Con esto no quiero decir que su valor comercial sea nulo, todo lo contrario, sino que la intencionalidad de sus tres autores peca de ambiciosa, lastrando al final algunos puntos importantes en el desarrollo de la historia, un “error” muy común en autores primerizos.

Entre esos “errores“ (que no lo son en absoluto, solo hay que ver la segunda temporada de True Detective, que al sumar un protagonista más con respecto a la primera temporada, la trama se hace demasiada lenta y resta interés a los dos protagonistas con mayor peso) es la gran cantidad de personajes principales que se pasean por las páginas dibujadas por Alain, dificultando el inicio de la historia y que esta se ponga en movimiento con fluidez. Por que al crear tantos personajes, no solo hay que presentarlos, sino que además hay que darles una utilidad y sus minutos de gloria. Esta situación se come los dos primeros capítulos de Un día de Luna, que comienza a ganar en intensidad y desarrollo en el instante que la historia se centra en el trío formado por una amnésica Lily y la extraña pareja formada por Mario y Spartacus, apoyados argumentalmente en tramas paralelas por los gemelos Lunes y Lucas, los verdaderos catalizadores de la historia.

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Otro punto a tener en cuenta es su ambicioso entramado de jugadores, que imagino que en el sexto y último capítulo, todos convergerán en un único lugar para dar sentido a la historia. Por que entre nuestros protagonistas, el culto dedicado a la Ciencia, la religión/Imperio Empresarial cristiano de Cielo S.A., el Cónclave de Dragones, ese Maestro que aparece en las sombras de un Chat de Internet (hilarante y original a partes iguales), o ese divertido Reality Show televisivo llamado Gran Mazmorra hay demasiadas bocas para tan poca merienda.

Pero a pesar de estos leves inconvenientes, la lectura de Un día de Luna se hace fluida y muy entretenida, nada torpe, fácil de seguir y de entender, por que todas las piezas del puzzle que conforman este complejo puzzle son presentados con una sencillez pasmosa, y eso que hablamos de una historia que oscila entre el género negro y el terror gótico más punk posible, que en ningún momento esconde su intención de parecerse a una historia típica de la línea adulta de DC, Vertigo. Las múltiples referencias (ese simio diabólico llamado Cesar igual que el protagonista de El Planeta de los Simios) y juegos de palabras (mágicas) que vamos encontrando en cada página consiguen hacer más completo este peculiar mundo mágico, que no ha conseguido solucionar la miseria humana ni acabar con los males típicos de una sociedad corrupta, sino que en algunos estratos han acrecentado su maldad. Qué podemos esperar si todo está regido por demonios e intereses corporativos.

Aunque he reconocer que mi curiosidad para leer este Webcomic recaía en un solo nombre, Alain Villacorta, el culpable único que esta historia tenga voz propia plasmada en el papel, metafóricamente hablando. Con un estilo muy detallista que me recuerda en ocasiones a los primeros trabajos de  Juan Ramón Cano Santacruz (Black Hacker, Zeta) para la extinta Línea Laberinto de Planeta, el esfuerzo realizado por Alain bien merece un aplauso por su dedicación y su más que loable trabajo, que sin ser un profesional, consigue trasmitir esa sensación de lugar mágico y a la vez maldito donde se mueven sus protagonistas, escapando del conocido blanco y negro, para envolvernos con toda clase de grises.

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Con algunas carencias en la composición de algunas páginas (algo comprensible para un autor amateur) equilibradas por otras páginas con una (fantástica) composición nada convencional, la narrativa no se hace confusa, y eso que cada viñeta está bañada por infinidad de detalles, que podrían dificultar su lectura o los toques de humor que salpican de vez en cuando, pero que en mi caso son un regalo por descubrir qué esconden esas recónditas esquinas de cada viñeta. Otro de los hallazgos del dibujo ha sido el diseño de criaturas y del entorno mágico, con esos coches movidos por patas de araña por poner un ejemplo, que consiguen compensar que al final algunos personajes se parezcan estéticamente entre ellos.

Si tienes curiosidad por descubrir qué esconde Un día de Luna, dirigidos hacia la televisión más próxima y sintonizar Gran Mazmorra. O leer directamente desde su página web.

Web de Un Día de Luna como otro cualquiera

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Marcos Miguel González "Markitos"

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