Si lo piensas seriamente resulta curioso el tiempo que ha estado con nosotros una obra tan fundamental cómo es Torpedo 1936, alabada fuera de...

Si lo piensas seriamente resulta curioso el tiempo que ha estado con nosotros una obra tan fundamental cómo es Torpedo 1936, alabada fuera de nuestras fronteras, y que casi 35 años después siga siendo una gran desconocida por parte del gran público (en general), a pesar que el recopilatorio que acaba de publicar Panini Comics ha sido un éxito apabullante, con dos ediciones agotadas y a un precio poco amigo de excentricidades para nuestros maltrechos bolsillos.

Pero cualquiera que haya leído al menos una historia de Luca Torelli, más conocido por Torpedo, entenderá el por qué de tal fascinación y del éxito tan repentino de ventas.

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Torpedo 1936 fue una propuesta para el desaparecido Josep Toutain que realizó el guionista Enrique Sánchez Abulí a petición de Marcelo Miralles (mano derecha de Toutain, que pidió una historia en la que hubiera una mujer fatal rubia y un gángster de protagonistas) en el año 1980, que tras su visto bueno tuvo la suerte de contar con los dibujos de una de las leyendas del cómic americano, Alex Toth. Abulí ideó a un personaje amoral, un asesino a sueldo en la Nueva York de la Gran Depresión americana, dentro de un entorno de género negro idóneo para las historias que tenía en mente.

Tras dos historietas dibujadas (año 1981), Alex Toth decide dejar la serie, debido a que no se sienta cómodo dibujando las andanzas de un sujeto amoral, misógino y violento, que además destila un humor negro y escenas de alto contenido sexual. La serie termina en manos de Jordi Bernet que continua las pautas marcadas por Toth pero alejado del estilo más depurado y lineal de las primeras historias. Bernet encrudece la serie, hace más detallista todas y cada una de las viñetas, pero sobre todo juega con la línea gruesa y las sombras negras, marcando la imagen que conocemos todos.

Con el título “De perro a perro” se inicia la asociación entre Abulí y Bernet (que duró desde 1982 hasta el año 2000) para narrar las desventuras de este sicario de origen siciliano, que tuvo que emigran a los Estados Unidos a su más tierna infancia e ir progresando en el crimen organizado para sobrevivir en la tierra de las oportunidades.

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Acompañado de su inseparable Rascal, Torpedo trabajará para mafiosos, hombres acaudalados, tratará con policías corruptos y otras bandas rivales de inmigrantes locales, atenderá vendettas o chanchullos típicos para salir del paso serán los temas más recurrentes en las historias autoconclusivas (de ocho a diez páginas), sin ningún relación argumental entre ellas más allá de los retazos del pasado de Torpedo.

Esta sensación de historias cerradas, daba oportunidad a cualquier lector ocasional adentrarse en el sucio mundo de Torpedo sin la necesidad de conocer su bagaje anterior, una cualidad que ayudaba a Abulí a escribir la mejor historia posible, directa y sin tapujos, libre de la necesidad de continuar las historias anteriores. De esta manera, los mordaces diálogos de Abulí, ácidos y directos (sublimes los juegos de palabras que salen de la boca de Torpedo al confundir su lengua de adopción), conseguían transmitir mucho más que con un puñado de páginas sin sentido, por no hablar de excelente construcción de las personalidades de los dos únicos protagonistas, un estudio de individuos realizado a la perfección, cuya peculiar relación entonaba aún más la sensación de cercanía con el lector, algo que se encumbraba con la magistral “Dos hombres y un desatino”.

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Jordi Bernet, maestro del claro oscuro, detallista como pocos (seguro que más de uno ha pensado en Clint Eastwood cómo inspiración de los férreos rasgos de Luca), logra transmitir una sensación de movimiento y de caracterización de personajes, todos ellos muy expresivos, únicos, capaces de desenvolverse con soltura en un entorno poco amigable; el equilibrio de detalles físicos en la ropa, la  voluptuosidad siempre en ellas las bellas mujeres fatales con las que termina Torpedo chocando (para bien o para mal), en ese entorno tan volátil que fue la Nueva York de la década de los treinta, son la marca que hace insustituible el trazo de Bernet.

Si algo ha terminado acercando el éxito a esta serie es lo crudo que resulta Torpedo en todo sus facetas, lo difícil de carácter, a pesar que cae bien al lector, resulta despreciable en todos sus actos, muchos de ellos justificados por su trabajo o por un código de honor propio, difícil de entender por lo voluble que es según qué caso. El egoísmo con el cual Abulí dota a su personaje traspasa las primeras reticencias del lector hasta acercar posiciones.

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La recopilación realizada por Panini Comics de todas y cada una de las historias publicadas en distintas publicaciones a lo largo de los años en un lujoso tomo, es un homenaje a una dupla de genios del Noveno Arte que alcanzaron cotas de genialidad en todas y cada una de sus historietas, sin importar el rechazo o la admiración de editores, críticos o público, ya que contaron aquello que querían contar.

A nivel personal, la primera vez que tuve contacto con Torpedo y su inseparable Rascal fue en las páginas de El País Semanal y posteriormente en la revista de corta vida Co&Co de Ediciones B. Las bellas mujeres y ese humor tan negro fueron lo que más me llamaron la atención de unas cortas historias de corte adulto, que un adolescente como yo no acaba de valorar en su justa medida, máxime en pleno apogeo de hormonas e intereses propios de la edad.

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Si queréis conocer la trayectoria editorial de Torpedo a lo largo de los años, disfrutar de planchas originales, detalles curiosos sobre los autores o los orígenes de los protagonistas y todo aquello que se os ocurra, pasaros por el interesante blog Toccata y Fuga dedicado en su totalidad a la obra de Abulí y Bernet, con actualizaciones todas las semanas. Y que dure.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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