Haciendo bueno el dicho popular que proclama que “La Historia la escriben los ganadores”, pero que yo continuaría con la siguiente frase cuando nos...

Haciendo bueno el dicho popular que proclama que “La Historia la escriben los ganadores”, pero que yo continuaría con la siguiente frase cuando nos refiramos a nuestra Guerra Civil con “Y la Verdad la escriben los perdedores”, ya que de “perdedores” trata la novela gráfica Las Damas de la Peste, premio Ciutat de Palma de Cómic 2012.

La obra de Javier Cosnava (Diario de una adolescente del futuro) y Rubén del Rincón (Entretelas, Nassao Views, Los Tres Mosqueteros), narra los infortunios de tres mujeres supervivientes, tres guerrilleras ávidas de ideales en la España de la década de los años treinta, durante las revueltas republicanas socialistas en Oviedo (llevada a cabo por mineros y revolucionarios de izquierdas), lugar donde se conocen en medio de una escaramuza contra el ejercito fascista del gobierno ilegítimo de Gil robles, para unir sus vidas desde entonces, sobreviviendo a la Guerra Civil, a la huida hacía una Francia ocupada, pero sobre todo, a la vida.

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Fe, Esperanza y Caridad son tres mujeres muy diferentes entre si, que en otras circunstancias serían ajenas entre ellas, pero que un impulso de rebeldía, de esos primeros movimientos de conciencia de lucha social, de las primeras reuniones para cambiar la situación, de los encuentros casuales para dialogar, conllevan al final en una amistad que va más allá de una mera afiliación política.

Javier Cosnava hilvana mediante un sencillo diario escrito a hurtadillas por Caridad durante sus años detrás de las trincheras, lejos de la comodidad de su vida pudiente, más un nexo común entre las tres protagonistas, el escritor argelino Albert Camus, la recreación de la historia bélica de una España y por extensión Europa muy convulsionada por los cambios que acarrearon las primeras décadas del Siglo XX, donde los “perdedores” serán los narradores de esos profundos cambios, de los eventos históricos de esa lucha contra un frente fascista o un enemigo en común contra la libertad. Por que Cosnava no intenta engañar a nadie, tanto Fe cómo Caridad o Esperanza además de nombre de mujer, eran los deseos de todos aquellos que luchaban y morían por sus ideales, los mismos deseos que nuestras protagonistas muestran a lo largo de las páginas del tomo.

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Al final del día, todas ellas dan gracias por haber sobrevivido otro día, por haber amado, por llorar a ese compañero caído, ya que de eso trata ser un “perdedor” dentro de un conflicto. El catalizador que regirá los designios de las protagonistas, será su carácter, que las llevará a tomar decisiones, correctas o no, para hacer frente a situaciones, muchas veces ajenas a sus deseos, que las lleven a su meta soñada. Y por que no decirlo, a los brazos de su ser amado.

Los designios del azar traerán a lo largo de los diferentes capítulos que componen la trama del tomo, un profundo conocimiento de las distintas personalidades de las protagonistas, muchas veces floreciendo en los momentos más inoportunos o simplemente encontrando un aliado imposible dentro de una situación incómoda. Cosnava no engaña a nadie, su historia está dirigida hacia un final muy marcado, Mayo del 68, punto de salida de una nueva revolución, esta vez de la mujer, frente a una sociedad que la ignoraba en demasía, o lo que es lo mismo, un nuevo enemigo al que enfrentarse para conseguir la libertad.

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El gran interés de Las Damas de la Peste recae en su autor gráfico, el siempre interesante Rubén del Rincón. El dibujante catalán se desenvuelve con una soltura sorprendente en cualquier género (cómo podemos ver en sus diversos trabajos), pero con esta obra consigue un dinamismo y una narrativa fluida intuitiva que ayuda a entender la historia con un simple vistazo, con viñetas grandes que no entorpecen entre ellas, detalladas cuando la ocasión lo requiere, más aún cuando sitúas la acción en lugares reales. La sencillez de las líneas, del trazo suelto, con un coloreado único de color ocre apoyado con el blanco y el negro del lápiz, nos envuelve y transporta a esa época bélica y triste de nuestra historia.

Aunque las tres protagonistas del tomo nunca existieron, ni Albert Camus escribió en primera persona las revueltas mineras, licencias del autor para contar su historia, está claro que realmente existieron unas Damas de la Peste, y este tomo es un homenaje a estas bravas heroínas anónimas, mujeres valientes que defendieron sus hogares frente a cualquiera que tratara de amenazarlos, cuyo coraje no aparece en los libros de historia, pero son las piedras que cimientan al final una sociedad. Cómo dije al principio, son unas “perdedoras“.

A modo de curiosidad, os dejo el enlace de la entrevista que realicé hace cinco años a Rubén del Rincón para disfrutar y conocer un poco más el arte y motivaciones de este artista del lápiz.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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