Hola niños y niñas. Coincidiendo con la salida del nuevo volumen de las aventuras del surfista más famoso del mundo del cómic, Silver Surfer...

Hola niños y niñas. Coincidiendo con la salida del nuevo volumen de las aventuras del surfista más famoso del mundo del cómic, Silver Surfer o Estela Plateada, de mano de Dan Slott y Mike Allred (no os perdáis la infinidad de homenajes gráficos a Kirby), he vuelto a leer de nuevo la primera serie regular del personaje, llevada a cabo por Stan Lee y John Buscema. Hace ya más de cuatro años, realicé un artículo coincidiendo con la publicación por parte de Panini de un volumen de Marvel Gold que recogía la serie entera, que he recuperado y corregido para la ocasión.

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Es conocido el papel que Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko tuvieron en la creación del Universo Marvel, dando pie a la Edad de Plata del Cómic durante la década de los Sesenta. También es bien conocido el sistema por el cual Stan Lee creaba (y controlaba las escasas, por entonces, colecciones que confeccionaban el floreciente mundo superheroico marvelita) sus guiones, contando a grandes y escasos rasgos la historia que quería, o a veces ni eso, dejando todo el trabajo sucio de introducción, creación y diseño de personajes al dibujante de turno, para finalmente colocar sus famosos y grandilocuentes diálogos, marca de la casa todo sea dicho.

De este manera, tanto Kirby como Ditko, crearon (grandes) personajes de la nada, muchos de los cuales Stan Lee ni hubiera imaginado, pero por motivos en los que no vamos a entrar aquí, terminaban siendo méritos del propio Stan Lee, cuyo resultado final fue la espantada primero de Dikto de Amazing Spiderman y de Kirby (con Los Cuatro Fantásticos y Thor como series importantes de las muchas que dibujaba por entonces mensualmente) después de la editorial, hastiados por el poco reconocimiento por su esfuerzo y trabajo en el diseño y creación, y de las inmerecidas alabanzas a Stan Lee, cabeza visible de la editorial todo sea dicho.

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Una de esas creaciones ajenas fue Estela Plateada, heraldo de Galactus Destructor de Mundos, presentados ambos en The Fantastic Four 48 USA, en la denominada trilogía La Llegada de Galactus (48, 49 y 50 USA). El impacto que obtuvo el extraño alienígena metalizado creado por Kirby en el público y en el propio Lee, fue tal que no tardó en erigirse como protagonista absoluto en el desarrollo de la historia y de las siguientes aventuras del cuarteto fantástico.

Stan Lee consciente de su popularidad (en parte gracias por el revolucionario diseño de Kirby), decidió dar la oportunidad al extraño surfista plateado con una colección propia, donde dar rienda suelta a todas esas ideas que tenía para él, tras definir su compleja personalidad en las páginas de Los Cuatro Fantásticos.

En el verano del año 1968, con un universo superheroico ya maduro y consolidado, aparece el primer número de The Silver Surfer, obra de Stan Lee y, sorpresa, John Buscema, abanderado de la nueva generación de artistas que elevaron definitivamente a Marvel a cotas insospechadas en ese momento, junto con los ya veteranos John Romita Sr y Gene Colan.

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La incorporación del mayor de los hermanos Buscema (Sal acompañaría a su hermano a las tintas en los primeros números, para luego dejar paso a Dan Adkins), no solo supuso una sorpresa, ya que todo el mundo daba por supuesto que el artista indicado sería su creador Jack Kirby, sino que desde el primer momento era la elección más idónea y acertada, a pesar que los malpensados (y con razón) decían que Lee quería llevarse toda la gloria de nuevo con el personaje, dejando en la sombra a Kirby.

El arte de John Buscema, deudor de la energía y estilo de Kirby, estilizó los angulosos rasgos del personaje, dotándolo de una apariencia más elegante y ágil, como una estatua tallada en mármol, en contraste al rudo y frío personaje presentado en las páginas del cuarteto fantástico. La nobleza que desprendía Estela Plateada se beneficia de los lápices y poses de Buscema, cuyo dominio anatómico y expresivo engrandecían más sí cabe las grandes historias que planteó Lee, en uno de sus mejores trabajos al frente de Marvel.

Esta serie regular inició su andadura editorial con una cadencia bimestral hasta su número séptimo, con la peculiaridad de tener unas inauditas hasta entonces cuarenta páginas, rebosantes de aventuras y acción, que servía a Buscema para desplegar todos sus trucos y experimentos narrativos, además de la comodidad de Lee para explayarse a gusto con el nuevo tipo de historias que quería contar.

Cómo si de un ángel caído se tratara, Lee amoldándose a la personalidad científica y curiosa de Estela Plateada, embarca a nuestro protagonista en conocer, y a su vez estudiar todo el planeta, en un movimiento de denuncia de todo aquello que iba mal dentro del mundo real (característica imprescindible dentro del Universo Marvel), mostrando la miseria humana en situaciones (más o menos) reales, como las revueltas antirracistas o ese país imaginario latinoamericano regido por un dictador (que bien podría ser Cuba), y situaciones ficticias representadas en los más grotescos villanos inimaginables, ejemplos abstractos de la Caja de Pandora en que resulta a veces la sociedad.

Era el primer grano de arena hacía un cómic más maduro, pero que no perdiera por el camino su faceta de entretenimiento, de ahí las visitas a la mítica Asgard o al patio de recreo de nuestro amistoso vecino arácnido, entre otros.

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Dentro del esquema de un tebeo de superhéroes al uso, donde la acción es necesaria, Lee consiguió escribir su particular denuncia social a través de Estela Plateada, que a lo largo de los dieciocho números, solamente encontraba motivos de desilusión por haber salvado de las fauces de Galactus este horrible planeta, que además resultaba ser su celda de castigo por mano de su antaño maestro, aunque al final siempre encontraba/había atisbos de luz en el género humano para poder salvarlo de su propia miseria.

Lee se encontraba a sus anchas con este título. Daba cabida a su peculiar verborrea grandilocuente y exagerada en boca de Estela Plateada, que en ocasiones se confundía con un personaje surgido de cualquier obra de Shakespeare, como si de un moderno Hamlet se tratara, a causa de unos extensos diálogos interiores, siempre dolorosos y autocomplacientes típicos de los héroes Marvel. Si de un ángel caído hablamos, en su búsqueda de redención, no puede faltar el fantasma que lo atormente, o en este caso, su propio demonio, Mefisto, que hacía su primera aparición.

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El denominado diablo Marvel, Mefisto resulta ser el complemento perfecto para la serie. En momentos, el coprotagonista de la serie, siguiendo los pasos de la serpiente del paraíso, trata a Estela Plateada como su particular Fausto, prometiendo, manipulando para lograr la caída definitiva del ser más puro que habita el planeta, con una manzana prohibida muy especial, la prometida de su planeta natal Zenn-La, Shalla, el deseo más íntimo de Norrin Radd (su verdadero nombre).

El tandem Lee-Buscema ha pasado a la historia del Noveno Arte gracias a este grandilocuente trabajo, obra clave de Marvel de la década de finales los sesenta y principios de los setenta, terminada como no podía ser de otra manera por Jack Kirby con otra de sus maravillosas creaciones, Los Inhumanos, en lo que sería uno de los finales más interesantes y olvidados de la historia Marvel.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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