Hola niños y niñas. Esta mañana me he levantado con la necesidad de escribir uno de esos panfletos revolucionarios que eran tan populares hace...

Hola niños y niñas. Esta mañana me he levantado con la necesidad de escribir uno de esos panfletos revolucionarios que eran tan populares hace cincuenta-cuarenta años, y que a día de hoy son uno de los contenidos más seguidos en Internet, más por su poder con convocatoria, que por su vacío de contenido. Evidentemente, aunque diga muchas verdades no deja de ser un divertimento más de los que podéis leer cada semana en esta sección.

Carta abierta a cualquiera que quiera escucharme:

Uno siempre se pregunta para qué sirven los premios otorgados por una Academia o por el vecino más próximo a tus padres con ínsulas de grandeza.

Repasando el listado de premiados de la Gala de los Goyas (conducido por un horroroso Manel Fuentes), me di cuenta que las dos ganadoras (la divertida película de Álex de la Iglesia aunque ganó más Goyas que nadie no cuenta, eran casi todos premios técnicos, y además obtuvo una buena recaudación en taquilla), han pasado muy desapercibidas por nuestras carteleras, por no hablar de los problemas de distribución que tuvo la obra de David Trueba.

Si cotejas cualquier lista de premiados por parte de los salones del cómic o Premios sin ningún sentido del ridículo, las obras ganadoras tienen el mismo bagaje: casi nadie ha leído o comprado la obra ganadora. Un éxito por parte de todos los implicados. Enhorabuena a los premiados.

Este nuestro país, más preocupado por realizar el mayor número de Tweets para comentar cualquier cosa acuciante suministrada por esa fuente de la sabiduría que es la Televisión o la prensa rosa amarillenta (véase cualquier telerrealidad simplona o concurso de talentos latentes o de cocina o los programas culturales de Telecinco o la penúltima hazaña de la famosa de rulos del momento), para de esta manera alzarse con el codiciado triunfo de obtener el mayor número de datos inútiles para regodearse junto con sus amistades, siendo la tonta en un mundo de estúpidos.

No quiero parecer excesivamente gruñón, pero me asombra la falta de interés por los elementos más importantes y culturales que surgen cada día por parte de cualquiera nuestros artistas (muchos fuera de nuestras fronteras), por no hablar del nulo interés de las cadenas comerciales que viven de esos “productos” que prefieren dar más publicidad a las falsas memorias de un ex-presidente que se cree el Capitán Trueno de la virtud y la verdad  o alabar a cualquier “artista” sin cualidades, surgido de un experimento de marketing que por lo visto es lo que demanda y necesita el pueblo. Ver para creer.

Para aquel que se molesta en descubrir nuevas metas, termina siendo crucificado con el apelativo de Friki, un desviado social dentro de este mundo de estúpidos. Es la carga que hay que llevar para no ser un paria intelectual en una sociedad consumista de tonterías e ideas vacias.

Aunque muchas veces, conseguir esos ejemplares de sabiduría es una tarea imposible e incluso ilegal, que conllevaran a ser uno más del rebaño, haciéndonos creer que la fuerza del grupo sí que es la verdad más absoluta.

¿Quién ha visto u hojeado La Chica Salvaje de Mireia Pérez en algún establecimiento? ¿Sabe alguien quién ganó los premios Max o Planeta? ¿Quién conoce la obra de Almudena Grandes? Pues eso mismo.

Estamos condenados.

Firmado por un Individuo Anónimo preocupado.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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