El siglo XX está a punto de concluir. Alan Moore propone a Jim Lee la creación de una línea de cómics que ha de... Tom Strong, Volumen 2

El siglo XX está a punto de concluir. Alan Moore propone a Jim Lee la creación de una línea de cómics que ha de hundir sus raíces, fundamentalmente, en la literatura pulp y en los tebeos de la golden age. Un mundo de héroes mitológicos modernos, de los que pisan asfalto y deambulan entre rascacielos, que se habría desplegado en ausencia del arquetipo de Superman. Al quitar de la ecuación las superdestrezas adquiridas por accidente, o por nacimiento, los héroes de ABC Comics son ingenieros (como Tom Strong), aventureros científicos, o directamente mitos literarios; con superpoderes que proceden de extraños experimentos de laboratorio o de la fuerza misma de las leyendas. Como se ha dicho una y mil veces, la idea se desarrolló para el sello Wildstorm ―cuando todavía era Image―, y la esencia bebía de la cabecera de título homónimo, America’s Best Comics, publicada en los años cuarenta por la Standard Comics, subsello comiquero de la editorial pulp Ned Pines.

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Sin duda Tom Strong es el máximo exponente de esa intencionalidad global más pulpera, de protohéroes pijameros que no van disfrazados, con la que Moore creó el sello. Aventuras sencillas, desarrolladas en historias cortas o en arcos argumentales autoconclusivos de máximo tres números; explotando los lugares comunes de los tebeos de la golden age, pero con una buena capa de barniz pulp. De hecho, en Tom Strong tienen más peso el tono y las tramas surrealistas de la golden, incluso el delirio en papel grueso de los años 40 o 50 ―más propio de publicaciones como las de la propia Ned Pines, por ejemplo― que el de los inicios del fenómeno pulp, marcados por autores inmortales como H. P. Lovecraft o Robert E. Howard.

El segundo tomo publicado por ECC Ediciones recoge los números centrales de la colección. Metidos en harina, y presentados los personajes principales en el volumen anterior, la familia Strong continúa viviendo una y mil aventuras al mismo nivel de imaginación desbordada. El tour de force comienza con un viaje al centro de la tierra (#15), y continúa con una invasión extraterrestre de hormigas gigantes (#16-18). Los insectos siderales nos han visitado en el pasado, sembrando humanos como si de una suerte de pulgones nos tratáramos; y ahora que vienen a recoger la cosecha, la única esperanza de la Tierra es un cowboy errante que cabalga una moto espacial y utiliza revólveres de antimateria. Gran influencia también, que no se olvide, de las propuestas de las películas y los seriales de ciencia ficción de los años 50. Todo muy amazing y muy astonishing; mucho más que weird en este caso, a pesar del Jinete Raro.

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Tras un número de transición que contiene tres historias cortas ―una de ellas dibujada por Howard Chaykin y otra, sensacional, escrita por Leah Moore―, llega el plato fuerte del recopilatorio. Un arco argumental (#20-22) que funciona a modo de What if?, con una enrevesada trama de viajes en el tiempo de fondo y multitud de referencias a Crisis en tierras infinitas; donde se introducen hipótesis científicas de vanguardia que desembocan en las conclusiones más delirantes, como ya ocurría en el tomo anterior con los pares cuánticos y la Tierra Calcada, por poner un ejemplo. Una delicia en la que únicamente se echa de menos al pulcro y preciso Chris Sprouse, sustituido en este caso por Jerry Ordway.

Los tres últimos números contienen sendas historias autoconclusivas sin mayor trascendencia para el personaje y de interés irregular. El primero de ellos (#23) transcurre en la Luna y otorga una importante cuota de protagonismo a Svetlana, la poderosa mujer equivalente a Tom Strong pero en la antigua Unión Soviética. Svetlana es el contrapunto cómico, cínico e insolente, que pone de manifiesto la candidez y lo empalagoso de ese mundo de blancos y negros que rodea a la familia Strong (y sobre todo a los Strongmen de América) y que tiene su capital en Millennium City. Sobriedad rusa frente a la inocencia políticamente incorrecta de los tebeos de la edad de oro. Un personaje simpático y muy necesario.

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Los números #24 y #25 USA con los que se cierra el tomo están escritos por autores invitados. Del primer relato se encarga Peter Hogan, y en él se trae de vuelta al primer amor de Tom Strong. No obstante, la mención especial es para el segundo y último, guionizado por Geoff Johns y dibujado por John Paul Leon. El broche final presenta una historia en la que el resobado concepto del karma es enfocado de forma sorprendente. La clase de relato por el que leer Tom Strong resulta casi siempre una auténtica gozada, aunque en este caso el responsable no sea el genio de Northampton.

Y por ir terminando: el que haya accedido a la primera entrega de esta colección ya sabe lo que va a encontrar en la segunda. Más de lo mismo. Más acción, más aventura, más mundos extraños, más personajes extravagantes, más ideas locas y, en definitiva, más diversión. Pero además, todo ello escrito con el oficio del genial Alan Moore. Muy recomendable.

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Mario

He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves Skrull más allá de Apokolips. He visto al Doctor Manhattan brillar en la oscuridad cerca de la Zona Azul de la Luna. Todos esos momentos, guerra química y podcast.

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