Hablar de la Marvel Cósmica en los años 90 hace que inevitablemente te venga a la cabeza el nombre de Jim Starlin. Aunque bastantes... Thanos: Poderes Cósmicos

Hablar de la Marvel Cósmica en los años 90 hace que inevitablemente te venga a la cabeza el nombre de Jim Starlin. Aunque bastantes de los conceptos y personajes que manejó en su larga relación con este entorno no fueran creaciones suyas, el tratamiento que les dio sigue aún hoy en día siendo recordado. Pero tras el final de La Cruzada del Infinito, Starlin se fue desvinculando poco a poco de la primera línea de estas historias de la editorial, en la que aún haría unos cuantos números más de Warlock y la Guardia del Infinito y haría participar a este grupo en un no especialmente afortunado crossover con Thor y Estela Plateada, Sangre y Truenos. Poco después abandonaría la editorial para fundar el sello Bravura, junto con Howard Chaykin y Walter Simonson entre otros autores, y no volvería a Marvel salvo para trabajos puntuales hasta 2002, con El Abismo del Infinito.

Pero el espectáculo debe continuar, y aunque su creador y autor que mejor ha tratado al personaje ya no estuviera en la editorial, Thanos sigue siendo uno de los mejores villanos que ha tenido la editorial en su dilatada historia. Así que la elección lógica para tomar el testigo era Ron Marz, autor que había sido el protegido de Starlin y su sucesor en la serie mensual de Estela Plateada, y aquí tenemos su debut como autor principal de las historias de Marvel ambientadas en el espacio profundo.

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Arranca el tomo con tres números de la serie Defensores Secretos. Originalmente, esta serie, creada por Roy Thomas, fue concebida como un equipo de miembros rotativos para misiones puntuales seleccionados por el Doctor Extraño, y por ella pasaron personajes tan variopintos como Lobezno, Darkhawk, Nómada, Spiderwoman, El Castigador, Namorita o Sonámbulo. La entrada de Ron Marz en la serie, según relata el propio autor, fue… extraña. En una comida en la que supuestamente se iba a decidir que Tom Grindberg iba a ser el nuevo artista regular de Thor, Ralph Macchio (el editor, no el Karate Kid) les dijo «Me alegro mucho de que hayáis aceptado encargaros de Defensores Secretos. Necesitamos encarrilar esa serie. Cuéntame qué tienes pensado». Ron Marz no tenía ni idea de qué le estaban hablando. El editor que tenía que haberle comentado esta propuesta no había hecho su trabajo y se encontró con este trabajo ante un jefazo sin tener ni idea de ello. Así que, sobre la marcha, improvisó la idea de, en lugar de el Doctor Extraño reclutando un grupo de héroes, se podía hacer algo con Thanos reclutando un grupo de villanos. Y éste es el origen de la miniserie que da título al tomo.

Uno de los temas recurrentes en la historia de Thanos es la búsqueda de poder. También sabemos que es un manipulador que no ha tenido problemas en usar peones en sus juegos, y que tiene claro que el conocimiento es poder. Pues esa es la idea detrás de su historia en Defensores Secretos: Thanos contrata los servicios del Rino, el Hombre de Titanio, Nitro y el Super Skrull, dirigidos por Geatar, el lugarteniente de Nebula, para que vayan a un planeta a robar para él una fuente de conocimiento protegida por una orden de monjes.

Por qué en una serie de un grupo llamado Defensores tenemos a una de las mayores amenazas del Universo Marvel reclutando a supervillanos para robar a unos monjes… bueno, digamos que terminado este arco argumental la serie pasó a otro guionista y el Doctor Extraño volvió a ser el protagonista. Ah, y el propio Marz dice que no es precisamente uno de los trabajos de los que más orgulloso está.

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Y este es precisamente el punto de partida de la miniserie Poderes Cósmicos, ya publicada en grapa por Fórum en 1994-1995. Entre el conocimiento obtenido, Thanos encuentra que un ser del pasado remoto del Universo Marvel llamado Tirano ha vuelto. Y otra de las características de Thanos, el hastío por una dilatada existencia combinada con saber que pocos seres están a su altura, hace que el Titán Loco decida enfrentarse a esta entidad. Por supuesto, y en la línea de lo visto en el prólogo de Defensores Secretos, manipulando a otros para que cumplan sus objetivos. La miniserie se estructura en seis números, cada uno de los cuales está protagonizado por un personaje distinto. En el primer número, centrado en Thanos, se plantea esta historia. En los cuatro siguientes pasaremos por los peones, voluntarios o involuntarios, que son Terrax, heraldo de Galactus a principios de los 80, La Sota de Corazones, posiblemente el personaje con un diseño espantoso más apreciado por el público, y su pareja, la Vestal Ganímedes, Genis Vell, conocido por entonces como Legado y Morg, otro heraldo de Galactus creado por Ron Marz un par de años antes, para concluir con un número final contando el efrentamiento con Tirano.

La historia es una sucesión de tópicos de la época. Personajes duros y molones, una trama orientada a la acción sin demasiado espacio para la caracterización de personajes más allá de dejar claro cuánto molan, y un dibujo más preocupado de molar que de narrar o de presentar proporciones mínimamente creíbles en los personajes. El caso más destacado en este aspecto es el de Tom Grindberg, que además de los números de Defensores Secretos dibuja el especial de Morg y, aunque en los principios de su carrera podía hacer pensar que tenía entre sus influencias a Neal Adams o a Mike Mignola, aquí es de esos característicos autores noventeros que ponen músculos donde no los hay en anatomías imposibles. En el lado positivo, tendríamos que destacar la labor de Ron Lim, que aunque sea un autor que nunca ha pasado de correcto aquí se toma su trabajo con un poco más de esmero que en La Cruzada del Infinito y es posiblemente lo mejor del tomo.

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¿Y después de esta miniserie? La popularidad de la parcela cósmica se fue diluyendo poco a poco. Warlock y la Guardia del Infinito cerró, ya sin Starlin al frente. Se intentó lanzar una nueva serie genérica llamada Cosmic Powers Unlimited, sin periodicidad definida, pero aunque tuvo en sus primeros números a autores como Joan Buscema, Pasqual Ferry o Ron Lim, acabaría en manos de autores de la parte baja del montón como Scott Eaton o Dave Hoover y desconocidos como Barry Outer, Eric Fein o Neil Errar, y acabaría cerrando en el quinto número. Incluso la propia serie regular de Estela Plateada acabaría cerrando unos años después, en 1998, quedando el cosmos marvelita en barbecho hasta principios del S.XXI, en el que volvería Starlin para hacernos mirar de nuevo hacia las estrellas, pero esa es otra historia de la que hablaremos no tardando demasiado.

Tras la lectura de este volumen hay que dejar claras dos cosas. La primera, que el retrato que Ron Marz hace de Thanos no tiene ni la profundidad ni el carisma de la versión del personaje que unos meses atrás escribía Jim Starlin. Cierto es que eran unas botas difíciles de llenar, pero la versión de Marz queda plana y superficial comparada con la de su creador. Pero lo segundo que hay que señalar es que, aún con un Thanos a medio gas, Poderes Cósmicos es una historia entretenida, disfrutable para los seguidores de la Marvel cósmica de los años 90 (especial énfasis en lo de los 90, por cierto), pero está lejos de ser un hito del género como la Trilogía del Infinito.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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