Era una realidad diferente aquella que vio nacer los cuentos que alegremente denominamos hoy de hadas mientras en mente fijamos la imagen de alguna... Sortilegios y malas artes

Era una realidad diferente aquella que vio nacer los cuentos que alegremente denominamos hoy de hadas mientras en mente fijamos la imagen de alguna princesa Disney, un gnomo veterinario o unos fuegos fatuos saltarines. Unos cuentos cuyo destinatario principal no queda claro que fuese el adulto a prueba de terrores, o el niño, con un entorno que de aquellas exigía mensajes más duros en paquetitos grotescos. La efectividad del miedo que ya no es aplicable a relatos cada vez más edulcorados, aunque como en todo, siempre haya excepciones.

El tebeo que traigo hoy lo firman el francés Yannick Le Pennetier, más conocido como Yann, y René Hausman, dibujante belga que nos dejó hace un par de añitos. Dos grandes autores del tebeo francobelga con una amplísima trayectoria, que nos regalaron dos cuentos de hadas oscuros. Dos cuentos con amor, paisajes nevados, animalillos y magia, pero también con partos y espadas, odio y sangre, sexo y mordiscos. Dos cuentos de hadas de los que no abundan.

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Los tres cabellos blancos y El príncipe de las ardillas, de 1993 y 1998 respectivamente, son los dos relatos que en febrero de este año Norma Editorial recogía en un único volumen bajo el título: Sortilegios y malas artes. Cartoné con las dos historias de unas 50 páginas de extensión y con contenido extra al final relativo a El príncipe de las ardillas; 8 páginas con textos de ambos autores adornados con ilustraciones de Hausman. No son extensos pero están bien, siendo especialmente interesante la opinión de Yann sobre el cuento oscuro como forma de expresión, y el párrafo en el que comienza diciendo: «Yo nunca tengo el guion en la cabeza antes de elegir al dibujante. Siempre hago las cosas a medida». Bien es cierto que René Hausman dedicó gran parte de su carrera a ilustrar animales y todo tipo de folclore y mitología, y tuvo que influir.

Ambos cuentos comparten una ambientación muy cercana a la fantasía medieval, aunque con esa falta de concreción temporal propia de las fábulas y los relatos cortos.

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Sortilegios y malas artes abre con Los tres cabellos blancos, historia con planteamiento y desenlace en presente, y con un extenso nudo que tiene dos bloques diferenciados, el primero de ellos ubicado en el pasado de la historia (una decena de páginas que se sienten como bastantes más por lo comprimido que está todo lo que se cuenta en ellas) y el segundo de nuevo en el presente. Evidentemente, ambos planos temporales tienen conexiones con datos relevantes y necesarios para poder trazar la línea temporal de los hechos, pero además Yann va un pasito más allá haciendo múltiples paralelismos entre las dos épocas. Con el añadido de los detalles que conectan lo que sucede a los animales con lo que ocurre con los humanos, así como el hecho de darle un cierre que entronca con el principio a modo de círculo, hace que Los tres cabellos blancos tenga una estructura bastante compleja y muy bien medida. No es sencillo encajarlo todo en medio centenar de páginas sin que parezca forzado, lo que denota una planificación minuciosa antes de empezar a escribir.

Más allá de estructuras, el peso de la historia recae sobre Vaïva, una muchacha que vive apartada del poblado en una cabaña en mitad del bosque junto a una bruja que le ha enseñado truquitos mágicos —muy livianos— y que parece hacer las veces de madre o tutora. Vaïva destaca por su carácter salvaje e intrépido, y por su melena del mismo color que el pelaje del pequeño zorro que le acompaña. Lo más singular del entorno de Vaïva es que los adultos del poblado tienen todos ellos la lengua cercenada por orden del rey; detalle que se entiende gracias a los hechos narrados en pasado y que afectarán directamente a Vaïva en el presente. También el título del cuento cobra sentido cuando se lee ese bloque del pasado, donde tenemos a una hermosa princesa que recurre a criaturillas y bestias para poder conservar su belleza sin importar el coste. Y «sin importar el coste» es siempre origen de males en toda buena historia que se precie.

Sortilegios y malas artes Roufol

Por otro lado, El príncipe de las ardillas es un cuento oscuro cortado por un patrón diferente. Es una historia lineal que está narrada en cuadros de texto prácticamente en su totalidad (algún bocadillo hay, pero pocos), por lo que si no fuese por su división en viñetas, bien podría entrar dentro de la categoría de relato ilustrado. Además, vuelve a jugar con animales, pero esta vez no son un atrezzo o recurso para hacer bonito y dar algo de encanto a la historia, sino que el protagonista es una ardilla; una ardilla llamada Roufol, algo cobardica, enclenque, y con sus necesidades básicas mal cubiertas y grandes sueños de aventuras que tiene la ocasión de cumplir cuando la magia le torna humano. Claro que, una vez se ve con poder, su lado «ardillil» cada vez queda más al margen para dar paso a las bajezas humanas más oscuras.

Yann hace buena labor en ambos cuentos, pero pese a que Los tres cabellos blancos es más complejo e intrincado, me quedo con el segundo. Creo que parte de una idea muy buena, y su sencillez le hace más divertido y consigue algo importante en una historia corta: que perdure en tu cabeza durante más tiempo. El hecho de que Los tres cabellos blancos necesite dos narradores diferentes no es algo que me haga gracia, porque rápidamente le resta peso al primero de ellos, del que no vuelves a acordarte hasta el final. Además, al tener un protagonista como la ardilla Roufol, tierno y amigable al estilo de Wall.E (tiene narices que me recuerde a un robot), los elementos crudos del cuento contrastan y resuenan con más intensidad. Supongo que, pasados cinco años de su primera colaboración, Yann y Hausman ya se conocían mejor y estarían en mayor sintonía.

Es curioso cómo René Hausman busca el detalle en los animales de manera muy realista, pero luego les da una mirada tremendamente humana. Tanto animales como niños son muy expresivos y encantadores, mientras que los adultos pecan de mayor estatismo en sus rostros, con gestos que rara vez se tuercen. La paleta de acuarelas es bastante apagada, y con ella crea escenarios fantásticos con un punto onírico que, en mi opinión, son de lo más remarcable del tebeo. Igual, lo único que habría cambiado es que le habría dado un mayor contraste a las partes de Los tres cabellos blancos que suceden en el pasado; puede ser confuso.

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Izda a dcha: Vaïva, Herminie y Laïyna

Se ve claramente reflejado su modelo de chica, con naricilla redonda y respingona y unos labios gruesos. De hecho, Vaïva y Herminie, las referencias femeninas de ambas historias, son muy parecidas a Laïyna, la muchacha que da nombre a la obra más famosa de Hausman (por cierto, título incluido en las novedades de Norma Editorial para octubre). Sus personajes me recuerdan bastante a las marionetas clásicas, como las que usaban en Los aurones, la serie de televisión, y eso me gusta. Su arte le va muy bien a este tipo de fábulas.

Personalmente, me encanta encontrarme con cuentos de hadas oscuros como los de Sortilegios y malas artes, que tienen la esencia del relato de infancia pero con un tono que les hace muy entretenidos para el lector experimentado. Para aquellos que les guste la fábula y las pequeñas píldoras fantásticas, es una buena lectura.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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