Por soltar sólo algunos títulos a vuelapluma, ¿qué tienen que ver Asesinos natos, Giro al infierno, Hellboy, Brubaker o The Raid? Aparentemente nada e... Sicarios 1 al 4

Por soltar sólo algunos títulos a vuelapluma, ¿qué tienen que ver Asesinos natos, Giro al infierno, Hellboy, Brubaker o The Raid? Aparentemente nada e intentar hacer un cómic que los incluya todos con una cierta coherencia sería una pequeña locura. Esta locura se llama Sicarios y es la propuesta que han lanzado Roberto Corroto y Ertito Montana desde Zona 00 Comics.

Sicarios 1 al 4 constituye el primer volumen de esta serie que, aunque comenzó a publicarse en 2014, lleva gestándose bastante más tiempo en la cabeza de sus autores. Hablamos incluso de ello hace algún tiempo, pero ha ido dando vueltas hasta convertirse en lo que se puede leer en estas cuatro grapas. Sicarios nos cuenta las andanzas de Riot Girl y Phil Anselmo, dos asesinos a sueldo bastante especiales (ya descubriréis por qué) a los que iremos conociendo poco a poco, a la vez que en cada número cambiamos completamente de género.

Quien conozca a Roberto Corroto y Ertito Montana por Tigre callejero, ya conocerá su gusto por el homenaje al grindhouse, pero en Sicarios el tributo extiende su rango hasta abarcar un poco de todo. Ya desde el primer número con todos lo ingredientes de una road movie de manual intuimos que estamos ante algún tipo de juego con los tópicos y no será hasta el final cuando descubramos el giro que va a definir la serie. A partir de ahí y con este ingrediente particular (que no desvelaré por aquello de los spoilers), con cada número recorrerán un género distinto y de la road movie saltaremos al terror con tintes lovecraftianos y el guiño a Mike Mignola. De ahí aterrizaremos en el thriller carcelario y en el último número nos despedimos con una de acción al estilo de las pelis de Hong Kong y los videojuegos ochenteros.

A medida que los autores avanzan con la serie vamos averiguando más sobre los dos protagonistas y, al parecer, acomodándose a la serie del mismo modo que sus autores. Y es que una característica de Sicarios es que cada número se nota más suelto que el anterior. En cada entrega demuestran que han aprendido algo de la precedente y la serie crece con cada una. No sólo vamos poniendo ladrillos en las paredes de cada personaje, sino que cada propuesta es cada vez más arriesgada y nos demuestra que absolutamente todo vale.

Del mismo modo, los dibujos de Ertito Montana (alias bajo el que se oculta Victor Villayandre) van pasando de la narración prácticamente cinematográfica y las páginas divididas en tres tiras de los primeros números a experimentos mucho más arriesgados e impactantes en el último. Estamos ante un dibujante que podría encajar en eso tan impreciso que llamamos indie, un estilo sintético y cercano a autores como Álvaro Ortiz o Manu Larcenet, pero en el que de repente se puede adivinar un Mignola o incluso algunos retazos de narrativa japonesa.

El plazo en el que ha sido realizada Sicarios, sumado a la experimentación que suscita el cambio de género, resulta en que esta serie sea una serie de experimentación y progreso.

Un caso un tanto raro es el del color. Los cuatro números que podemos conseguir ahora mismo en la web de Zona 00 Comics son en color, pero la serie fue concebida en blanco y negro. Fueron coloreados por petición de David Lloyd, que dirige la revista Aces Weekly donde también se publica Sicarios. De ese modo, el color ha sido también una suerte de prueba y error. Comenzaría coloreando Koh (Juan Albarrán) con una propuesta de colores muy acorde con el estilo esquemático del dibujo y una paleta en sintonía con el tono de road movie que termina de redondear el resultado tanto a nivel visual como narrativo. Sin embargo, pese a conservar el tratamiento plano del color, es el propio Ertito Montana el que se hace cargo de la labor cromática y la paleta se resiente (tal vez más en el tercer número que en el segundo). No hay relación entre los colores de los distintos elementos y eso le resta ambiente a la historia (salvo quizá en las escenas nocturnas).  Para la última entrega vuelve Koh y la paleta vuelve a ganar en coherencia, pero aplica una textura al color que no encaja tan bien con el dibujo. Tenemos pues un resultado desigual en este apartado, pero supongo que al fin y al cabo es parte del espíritu experimentador de Sicarios.

En definitiva, lo que podemos ver en este primer volumen de Sicarios es un desarrollo número a número que para cuando llega el cuarto (que cuenta con la colaboración de Markitos) ya parece estar dando lo mejor de sí, pero sólo para terminar y dejarnos con ganas. Sicarios parte de una idea sin duda prometedora, que puede dar de sí tanto como su autores quieran y sin duda aguanta un segundo volumen, que esperamos venga pronto.

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Sicarios 1 al 4
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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