Te presentamos a Sharkey, un cazarrecompensas de clase obrera que rastrea criminales a lo largo de toda la galaxia a bordo de un camión... Sharkey, Cazarrecompensas

Te presentamos a Sharkey, un cazarrecompensas de clase obrera que rastrea criminales a lo largo de toda la galaxia a bordo de un camión de helados propulsado por cohetes. Ayudado e impulsado por su ayudante de diez años, ahora busca la mayor recompensa de su carrera.

Hay artistas que gozan de gran prestigio entre crítica y público que, en alguna ocasión, dan con la tecla del éxito comercial inmediato y el dinero empieza a entrar a espuertas. Le pasó a Aerosmith con las baladas, a Paul WS Anderson con las películas basadas en videojuegos… y a Mark Millar con las adaptaciones al cine de sus cómics. Oye, que está muy bien que compren los derechos de una de tus obras, te acrediten como productor ejecutivo y te suelten una morterada de papelitos con caras de presidentes muertos. El propio Greg Rucka nos lo reconoció en una entrevista hace unos años, y si es bueno para Rucka, es bueno para mí. Y desde que Millar vendió a Netflix los derechos de su Millarworld (el universo donde se desarrollan sus historias), ha estado produciendo comics en masa con la intención de que sean convertidos en películas o series de televisión. Oye, sin ningún viso de vergüenza ni falta que hace. Si eso es corromper el medio, venderse o sencillamente saber ganarse honradamente su pan con mantequilla, es debate para otro día. Hoy hablaremos de lo último que ha publicado en nuestro país, este Sharkey, Cazarrecompensas.

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Lo de Mark Millar (recientemente dedicado a escribir obras de su Millarworld para Netflix como Prodigy y The Magic Order) no es crear conceptos, desde luego, sino adaptarlos a su estilo y darles una vuelta de tuerca. Superior es Superman; Némesis es un Batman pasado al lado oscuro; Kick-Ass es un Spiderman Año Uno; y el Duke McQueen de Starlight es auténticamente Flash Gordon. De manera que si alguien no ve al Lobo de DC Comics en este cazarrecompensas espacial de piel azul y con chaqueta de cuero y bigotazo, debería ir pidiendo ya cita con el oculista. Es como si Millar hubiera querido contar una historia de Lobo y, al no dejarle DC, crear su propio cazarrecompensas del espacio. Con casinos, y furcias. Literalmente. Nuestro Sharkey, a diferencia del más famoso último czarniano™, tiene ramalazos de humanidad y decencia, de manera que sus aventuras no son tan macarras ni descabelladas, pero permite que avance la trama en la dirección que quiere Millar.

Puede que el guionista escocés sea un salvaje capaz de las escenas más violentas y descarnadas en sus cómics, pero no se le puede negar que tiene su corazoncito. Lo de Sharkey permitiendo que un niño de 10 años le acompañe por el espacio para reunirse con su familia lejana después de quedarse huérfano es un ohhhh de manual, pero no contaré más para no espoilear más de lo necesario. Baste decir que Sharkey, en su periplo espacial, se las habrá de ver con una transexual que se siente una máquina en el cuerpo de una humana, con una ex-mujer dispuesta a despojarle de su presa-botín, con otro cazarrecompensas sin escrúpulos que se tiró a dicha ex-mujer, y con una asesina sanguinaria por cuya cabeza ofrecen la friolera de mil millones de kodonas. Eso, al tipo de cambio espacial, es un montón de pasta.

Al dibujo está el siempre interesante Simone Bianchi (Los Vengadores de Jonathan Hickman, Thanos de Jason Aaron), que ayudado por los colores de sus compatriotas Matteo Vattani y Simone Peruzzi consigue transmitirnos esa imagen de ex-militar de vuelta de todo, en un ambiente espacial sórdido y cruel. El humor no está exento de aparecer en esta historia, sin embargo, y Bianchi dota de gran expresividad a sus personajes, especialmente al pequeño Extra-Billy, compañero involuntario del cazarrecompensas Sharkey. En este tomo se incluyen las versiones a lápiz de las portadas, portadas alternativas de Frank Quitely, Skottie Young y Steve McNiven, entre otros, además de las biografías resumidas de los autores, la rotulista Melina Mikulic y la editora del Millarworld Rachael Fulton.

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Sharkey, Cazarrecompensas no es un tebeo trascendental, ni de lejos. Es entretenimiento palomitero puro y duro, pero con suficiente enjundia como para valer cada céntimo que cuesta. El guion de Mark Millar es divertido e inteligente, y cada página dibujada por Simone Bianchi es una verdadera preciosidad. Si os apetece surcar la galaxia en una camioneta de helados acompañando a un cazarrecompensas sacado de un videoclip de los Village People y de un niño con más tablas en el mundo criminal que un partido político, éste es vuestro tebeo.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

  • XAVI

    30 junio 2020 #1 Author

    «Es como si Millar hubiera querido contar una historia de Lobo y, al no dejarle DC, crear su propio cazarrecompensas del espacio» por no olvidar al Bloodwulf de IMAGE.

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